sábado, 6 de julio de 2013

Capítulo 4: "Dejando atrás" ~Returning to Trust.

Capítulo 4: "Dejando atrás"
Aunque duela, hay veces que debemos aprender que tenemos que decirle adiós a algunas cosas.
Bella’s POV 



Pasé todo lo que restaba del día llorando en los brazos de Jake hasta dormirme. Apenas había podido contarle lo ocurrido entre sollozos y él como el buen amigo que era, se dedicó a escucharme sin interrumpirme. Seguramente no logró comprender en su totalidad lo ocurrido, puedo asegurar que no dije más que incoherencias. Tendría que volver a relatarle nuevamente los hechos con más calma, por más que me costara y posiblemente volviera a llorar.
Estaba sufriendo un dolor de cabeza insoportable. Mis músculos se encontraban agarrotados por estar tantas horas durmiendo en la misma posición. Estiré mis extremidades y abrí lentamente los ojos, cuando mi vista logró enfocarse pude observar que me encontraba en la habitación que Jake compartía con su pareja. Las paredes estaban pintadas de un hermoso azul marino adornadas con varios cuadros estilo vintage ubicados en los lugares exactos. La cama era bastante grande, revestida de blanco lo que hacía que contrastara perfectamente. Por supuesto, decorado por la fantástica Esme.
Recordaba vagamente que Paul se había ido ayer por la noche para que mi amigo y yo pudiéramos hablar tranquilamente. Cosa que fue imposible de hacer.
Sentía mis ojos hinchados, la garganta seca y mis sienes punzar.
Me senté en la cama y permanecí varios minutos con la mirada perdida, pensando en nada. Me levanté con la intención de ir al baño pero en cuanto lo hice, demasiado rápido, tuve que volver a sentarme cerrando fuertemente mis ojos debido a un gran mareo… sabía lo que seguía ahora. Me vi obligada a dirigirme  rápidamente al baño tapándome la boca con ambas manos y devolví lo poco que tenía en el estómago en el retrete. Cuando ya nada quedaba permanecí unos minutos sentada en el suelo, con los brazos envolviendo mis rodillas y mi cabeza entre ellas. Unos golpes en la puerta llamaron mi atención.

Click en más información...

—Pequeña… ¿Te encuentras bien? ¿Puedo pasar?
Aclaré mi garganta antes de responderle. Pero aún así mi voz sonó algo ronca.
—Estoy bien Jake… dame un minuto. —Con cuidado fui capaz de levantarme del piso. Abrí la canilla del lavamanos y mojé mi cara. Iba  a lavarme los dientes pero recordé que no había traído conmigo mis artículos personales—. ¿Jake, estás ahí? —elevé un poco mis voz.
—Aquí estoy. ¿Qué es lo que necesitas?
—¿Podrías pasarme mi neceser, por favor?
—Por supuesto… —Entre abrí la puerta para que pudiera pasármelo—. Aquí tienes… ¿Segura que estás bien? Te ves…. terrible.
—Gracias por el cumplido —respondí sarcásticamente.
—Swan —advirtió.
—Me encuentro bien, Black. No te preocupes, de verdad.
—Como digas. Voy a estar en la cocina haciendo el desayuno. Y no me importa lo que digas, tienes que ingerir algo, estás sin comer desde ayer… ¿Quieres un café?
—No, café no… solo té. —Sabía en qué situación me encontraba, si el día de ayer tenía dudas, esta mañana se habían disipado. Tenía un test en mi bolso y aunque estaba segura de cuál sería el resultado, me daba miedo verlo… Esta vez no habría prado para dar la gran noticia.
Me dirigí hacia el lavamanos, enjuagué mi cara y me lavé los dientes. Observé mi reflejo en el espejo, me veía totalmente demacrada y enferma. Tenía unas enormes ojeras y me encontraba más pálida de lo que ya era. Intenté desenredar mi cabello pero parecía no querer ceder, así que me vi obligada a tomar una ducha. Dejé que varias lágrimas se mezclaran con el agua pensando una y otra vez lo que había pasado. Repitiéndome lo estúpida que había sido al no darme cuenta y permitirle que me mintiera de esa forma. Cuando la auto tortura fue demasiada, corté el agua, me envolví en una mullida toalla y salí de la ducha.
Fui a encontrarme con Jacob, ya limpia y más o menos decente, vestida con un jean desgastado y una simple sudadera suelta de color blanco esto acompañado, por supuesto, con mis amadas Converse. Él se encontraba cocinando y había hecho bastante lío solo por algunos waffles… podía apostar que el que se encargaba de esas tareas era Paul. El arte culinario nunca fue uno de sus dotes.
—Vaya desastre…
 —¡Hey! Hago lo que puedo. No suelo ser el encargado de esto… así que si fuera tú, comería con cuidado.
—Me lo imaginé. —Una pequeña sonrisa se dibujó en mí. Una de las tantas cosas que adoraba de  Jake era que podía hacerte sonreír hasta en el peor de los momentos.
—Oh, logré sacarte una sonrisa. ¿Cómo te encuentras?
—¿Cuántas veces piensas preguntármelo? —Y aquí vamos con los cambios de humor.
—Tal vez hasta que me digas más que “Estoy bien, Jake”. —Hizo una imitación bastante mala de mí, pero no logró hacerme reír. Mi cara decayó. Dirigí mi mirada hacia el piso ocultándome con mi cabello—. Vamos Bells, sácalo todo de adentro. Abordemos el tema para que puedas dejarlo detrás de ti y seguir con tu vida. No creerás que me conformo con un “lo dejé”, tuvo que haber un motivo y lo sé. Intentaste comentármelo ayer pero para ser sincero… no te entendí casi nada… no insistí porque realmente estabas mal, no quería presionarte. —Al ver que no continuaba, decidió seguir él. No estaba segura de poder hablar.
—¿Qué fue lo que paso entre ustedes? Estaban tan bien Bells, estabas planeando quedar embarazada, me dijiste que había vuelto a ser él…
—Me fue infiel. —Esa oración quemó mi lengua y le clavó otra espina a mi corazón ya destrozado.
—¡¿QUÉ?!
—Lo que oíste. Me engañó con otra…y no me enteré por boca de él, lo hice por unas malditas fotos… las cuáles tuve en mi poder por más de dos malditos meses dentro de un sobre dirigido a mi nombre y que nunca había visto porque me había olvidado de ellas completamente. —Al carajo la Bella fuerte. No estaba llorando, aún, pero estaba bastante histérica jadeando en busca de aire. Mi voz era bastante chillona—. Esas semanas sin hablarme tenían su motivo, “sus salidas con amigos”, no eran más que mentiras y excusas para verse con ella. Y yo le creía, le creía porque confiaba en él ciegamente. Fui estúpida… —No escuché reacción alguna y cuando levanté la vista, ya no estaba frente a mí. Se hallaba cerca de la salida, colocándose una campera negra de cuero y tomando las llaves de su moto.
—Jacob, ¿qué vas a hacer? ¿Dónde vas?... ¡Jacob! —No me oía y me vi obligada a ir tras de él—. Jake, para… —Le impedí el paso colocándome entre la puerta y él.
—Voy a matarlo, Bella. Se lo advertí, te lastimó y yo lo voy  a lastimar a él. —Me movió de su camino con facilidad y salió. Genial, tendría que correrlo. Caminaba a pasos agigantados por el pasillo del edificio hacia el ascensor.
—No, por favor, no. Jacob, para. Escúchame. —Logré agarrarlo del brazo, pero tensó sus músculos haciéndome imposible moverlo—. Hazlo por mí, déjalo. No lo vale… —La voz se me quebró y algunas lágrimas salieron de mis ojos sin permiso.
—Bella…  —Al ver mi estado, aflojó un poco su tensión.
—No, Jacob. Vamos, regresemos. Por favor, es el padre de mi hija y no quiero que crezca sin uno  a pesar de lo idiota que sea, hazlo por Nessie. —Eso debió funcionar, resopló frustrado y me abrazó. Me permití llorar como el día anterior.
—Ven pequeña, volvamos a entrar… —Me tomó en brazos y regresamos dentro. Dudaba poder caminar, mis piernas temblaban.
Me sentó en el sillón de la sala, se arrodilló frente a mí y tomó mis manos.
—Escúchame Bells…
—Creo que estoy embarazada. —Le tiré la bomba sin prepararlo, apenas mi llanto cesó un poco. Si no lo decía ahora dudaba poder encontrar otro momento.
 —La primera, es que debes… un momento ¿Qué?
—Bueno, no creo… Podría afirmártelo…
—Estás segura, ¿te hiciste un test o algo?
—No tuve la oportunidad el día de ayer ni el valor hace algunos minutos pero conozco mi cuerpo, ya pasé por esto.
—Okay, esto no me lo esperaba… bueno sí, pero no en esta situación.
—¡Demonios! Iba a saberlo ayer, pero luego… —Tomé una profunda respiración, puse mi cara sobre mis manos—. ¿Qué voy a hacer?
—¿Cómo qué vas a hacer Isabella? Tenerlo si es así… —Lo miré incrédula.
—¡Sí, por supuesto que sí! No  me refería a eso… Jacob. ¿Qué voy hacer con Edward?
—¿Mandarlo a la mierda? —Lo miré con mala cara—. Okay, okay solo bromeaba Bells. —Continuó levantando los brazos, defendiéndose. —Está bien, escucha, sabes que no soy nada bueno en estas cosas de los sentimientos y dar consejos, pero te voy a decir algunas cosas. La primera, déjate ya de lágrimas. Entiendo que duela, lo amas porque si de algo estoy seguro es que ese sentimiento no cambió, ni va a cambiar pero tienes que ser fuerte, por la pequeña monstruito y ahora —apoyó su palma en mi plano vientre—, por alguien más. Tienes que seguir con tu vida pequeña, va a costar pero no es imposible. Y escucha con atención, Edward podrá ser el idiota más grande por lo que hizo pero sabes mejor que yo cómo es y te debes hacer la idea de que va a formar parte de tu vida y de tus hijos. No te digo que lo perdones, pero no le saques a sus hijos. Tú no eres de la clase de persona “vengativa” y mucho menos de las que pondría en juego a sus hijos por algo así.
—No planeaba hacerlo. No solo por él, por Nessie, ella se merece crecer con un padre y él es excelente con ella. No debo mezclar las cosas y estoy totalmente consciente de eso… Debo ir por Vanessa a casa de Carlisle y Esme.
—Okay, pero por favor, come algo antes. —Acarició mi mejilla suavemente haciéndome sonreír nuevamente—. Así me gusta, sonriente, algo es algo.
—Gracias, Jake. Te quiero.
—También te quiero, sabes que puedes contar conmigo siempre.
.
.
.
A pesar de que Jake insistió en traerme, después de una mini disputa logré que me dejara venir sola.
Estacioné frente a la elegante casa y luego de tratar aparentar ser “normal” y no como una persona que se pasó toda la tarde y noche anterior llorando; me bajé del auto, dirigiéndome a la puerta.
Inhalé profundamente antes de tocar el timbre, observando la fachada frente a mí. La casa era hermosa y elegante al estilo inglés, constituida por dos pisos, el frente pintado de color blanco, una pequeña escalera para llegar a la doble puerta principal y la misma escoltada por dos grandes ventanas de madera antigua.
Carlisle fue quien respondió a mi llamada. Se estaba yendo a su caminata diaria e iba vestido con un conjunto de deporte conformado por unos pantalones cortos azules, zapatillas y una sudadera suelta color blanco.
—¡Bella! ¡Qué sorpresa, tan temprano! ¿Dónde está Edward? —Indagó mientras me abrazaba torpemente.
—Hola, Carlisle. Edward… él tenía algo que resolver en el hospital. Vengo por Nessie…
—Oh sí, que soez*. Adelante niña. —Se apartó a un lado permitiéndome pasar. Estaba ingresando cuando me volvió a llamar—. ¿Bella?
—¿Sí?
—¿Te encuentras bien? Te ves… algo pálida, no lo sé,  algo enferma…
—Estoy bien —me miró con desconfianza y me vi obligada a agregar—, en verdad… me siento bien. 
—Okay, nos vemos luego.
Cerró la puerta y yo  caminé por el vestíbulo hasta la sala.  No había nadie así que llamé elevando la voz.
—¿Esme?
—¿Bella? Aquí, en la cocina querida…
Fui a buscarla y en el camino me encontré a mi dulce hija que me recibió efusivamente.
—¡Mami!
—Hola cariño. ¿Cómo estás? —Le devolví el abrazo y besé el tope de su cabeza.
—¡Bien! —respondió con una enorme sonrisa que logró sacarme una a mí—. ¿Dónde está papá? —Su gesto feliz desapareció.
—Eh…
—Sí, ¿dónde está mi hijo? Buenos días, Bella. —Esme salió de la cocina, vestida con un elegante vestido, un delantal y su cabello color caramelo en una alta cola. Ella me envolvió en un maternal abrazo y le correspondí. Me confortó, realmente lo necesitaba. Deseaba poder hablar con ella, pero no iba a involucrarla en esto.
—Buenos días. Edward no pudo venir… tenía una reunión importante, tiene para rato. — Estaba mejorando en lo que a mentir se refería. Miré a mi hija—. Hoy solo seremos tú, yo y el tío Jake.
—¡Sí! Voy a preparar mis cosas.
—Ven querida, sentémonos en el living. ¿Quieres algo de tomar o comer?
—No, te lo agradezco.
—¿Segura? No te ves bien, pareces enferma.
—Me encuentro bien, solo que no pasé una buena noche.
Tomé asiento en el sillón doble mientras ella lo hizo en uno de los simples frente a mí.
—¿Todo está bien con Edward?
En el momento que iba a responderle, una muy sonriente y efusiva Vanessa entró sentándose a mi lado.
—Mira mami, hice esto para ti. —Me dijo tendiéndome un pedazo de papel.
Mi autocontrol estuvo a punto de irse por el caño. En esa hoja había un dibujo, un hermoso dibujo. En el mismo se podía ver a Edward, ella, yo y alguien más, mucho más pequeño.
—Papá, tú, yo y mi hermanito.
—Es… —Respiración profunda. Vamos Bella, puedes hacerlo. Por ella.  No vayas a llorar. —Es muy hermoso, me encanta. Gracias mi vida.
—Voy a hacer uno igual para papá.
—Genial. —Se sentó sobre un almohadón en el piso y se puso a dibujar sobre la mesa de café.
Esme tomó una de mis manos entre las suyas.
—Cariño, sabes que puedes confiar en mí. Que estoy aquí para lo que necesites. —Asentí imperceptiblemente.
—Mami, ¿está quedándome bien?
—Sí amor, está quedando muy bien…
—No tienes un buen aspecto, ¿realmente no quieres nada?
—Gracias, pero no… Sé que puedo confiar y contar contigo. Te agradezco eso también. Pero el tema es delicado y…
Oímos unos pasos acercándose y nos giramos para ver al autor de estos, encontrándonos a Edward parado mirándonos petrificado en el marco de la puerta. Se veía… demacrado. Ojeras adornaban sus ojos que estaban de un verde apagado y ya no brillaban. ¿Era posible que en un día una persona envejezca unos años? Porque eso parecía. A pesar de que debería estar odiándolo, sentí lástima por él. Lo amaba y odiaba verlo sufrir. Pero claro, él no se lo merecía, no había pensado en mí cuando estuvo con la zorra.
—¡Papi! —Vanessa corrió hacia él y lo abrazó fuertemente, Edward sonrío. Pero aquella sonrisa no llegó a sus ojos. Bajé mi cabeza ignorándolo y con lágrimas a punto de salir. Esme lo notó.

—Hola pequeña… ¿Cómo has estado?

—¡Bien! Mamá dijo que no podías venir porque tenías que trabajar y que pasaríamos el día con el tío Jake. —¡Mierda! No había contado con que fuera tan descarado de venir estando yo presente. ¿Qué le diríamos ahora? Me atreví a mirarlo, suplicándole silenciosamente con mis ojos. Él debería mentirle, no creía que le costara mucho. Era un experto en esa tarea. Esme se dedicó a ser una observadora, calculando nuestra silenciosa comunicación. Era una de las personas más intuitivas que había conocido alguna vez. Sabía que algo andaba mal, muy mal y no tardaría en adivinarlo. Si de algo estaba segura era de que no sería yo quien se lo comunicaría. Sería el idiota parado en frente mío. Y, hola nuevamente a mis cambios de ánimos.

—Yo… Sí, tengo una reunión importante. Lo siento, bebé. —Pude ver la cara de decepción de mi hija y me sentí culpable, si tan solo no hubiese sido tan estúpida, él no habría tenido que buscar algo que le negaba en otra… volví a bajar mi cabeza, sentí una lágrima rodar por mi mejilla pero que de rápida y disimulada forma borré—.  También quería pasar mi  día contigo… en verdad, lo lamento. —Nessie se había enfadado, tenía mi carácter, eso sin dudas. Tomando su pequeña mochila, llamó mi atención.

—¿Mamá?

—¿Sí? —Mi voz se oyó temblorosa, estaba a punto de romper a llorar. Una vez más, mis hormonas no ayudaban a la situación.

—¿Nos vamos? —inquirió molesta.

—Claro, despídete de tu abuela y de tu padre… ¿Podrías esperarme en el vestíbulo unos segundos?

—Sip, adiós abuela. —Abrazó a Esme y luego de dudar unos segundos saludó a su padre. Por más que intentara estar enojada con él, sabía que no duraba mucho. Ella lo adoraba, era todo para ella—. Adiós papi. —Edward se agachó para que ella pudiera besar su mejilla.

—Adiós, te amo…

Se dirigió a esperarme en el vestíbulo obedientemente, dejándonos a los tres a solas. Unos segundos de incómodo silencio se instaló en la habitación. Aclaré mi garganta, no muy segura de como saldría mi voz y fui quien lo rompió.

—Creo que es hora de que me vaya. Gracias por cuidarla, Esme.

—No tienes nada que agradecer. Sabes que puedes contar conmigo, ¿sí? —Solo fui capaz de asentir.

—Te acompaño a la puerta, querida. —Pasé a su lado, sin mirarlo, haciendo de cuenta de que allí no había nadie. Dolía y mucho, debo admitir que a pesar de todo, moría de ganas de besarlo, abrazarlo y hacer de cuenta que nada había pasado. Darle la noticia de mi embarazo y que volvamos a ser la familia que éramos hace apenas unos pocos días… es realmente de no creer como cambian las cosas de un momento a otro. Si algo había aprendido de esta situación era a apreciar más cada momento. Uno nunca sabe lo que va  a pasar.

Mi adorable sueg… Esme me acompañó hasta la salida. Se despidió una vez más de la pequeña y luego de mí.

—Cariño, para lo que sea, ¿sí?

—Lo sé. Siempre serás como mi madre. —La angustia en mi voz hizo parecer aquella frase como si fuera un lloriqueo.

—Mi pequeña, sabes que eres como una hija para mí. —Oh ¡Diablos! Esme no estaba en mejores condiciones, notaba la tristeza en sus azules ojos.

Luego de prometerle que le diría si necesitaba algo, me encaminé junto con mi hija nuevamente al departamento de mi amigo. Todo el camino fui pensando la forma de explicarle a la niña el porqué viviríamos un tiempo con su abuelo, sin su padre. Y después solo nosotras dos, en un nuevo lugar. No quería que ella sufriera. Una de las decisiones que tomé en el trayecto fue que no impondría días de visitas. Edward podría verla cuando quisiera, era su hija.
Otras de las dudas que rondaba mi cabeza era el “cómo” abordaríamos el embarazo. Lo quería a él presente. Aunque dificultara las cosas, lo necesitaba conmigo. Lo que pasaría cuando él o ella naciera más adelante lo veríamos.
Detuve el auto en la acera y por el espejo retrovisor pude distinguir a Alice y Jasper bajándose del Porsche. Nessie y yo hicimos lo mismo.
La duende pareció sorprendida de verme aquí. Mi hija corrió hacia ellos con los brazos abiertos.
—¡Mi monstruo del lago Ness! —Le había advertido a Jacob de no decirle así, si la enana estaba presente, ahora todo el mundo conocería el horrible apodo.
—Tía Alli. —Mi primogénita parecía feliz con ser llamada así.
— Tío Jazz.
—Hola monstruito. —Genial, uno más.
—Hey Bells. ¿Por qué no contestan el teléfono? ¿Dónde está mi hermano? Fuimos hasta su casa y no había nadie… decidimos preguntar al perro. ¿Qué? No me mires así, sabes que es cariñosamente. En fin, él tampoco se dignó a atender entonces vinimos a ver si sabía algo…
—¿Podríamos subir y hablar arriba? Es… complicado.
—¿Estás…—corté su pregunta, no quería volver a escucharla. En lo poco que iba del día la había escuchado más veces de las que desearía.
—Estoy bien. Subamos por favor…
Entré al edificio con mi llave extra, haciéndolos pasar. El trayecto en ascensor fue silencioso entre nosotras, salvo por el incesante y feliz parloteo de Nessie. Alice tenía su ceño fruncido. Odiaba no estar al tanto de lo que pasaba y Jasper se mantuvo en segundo plano, observando.
Ingresamos al departamento de Jake. Paul ya había regresado y en cuanto me vio traspasar la puerta me dio uno de sus famosos abrazos asfixiantes el cual agradecía. Me hacía sentir realmente querida y lo necesitaba.
—¡Pequeña monstruo! —Me giré para ver a mi niña precipitarse hacia mi amigo gritando. Hace tiempo que no lo veía.
—¡Tío Jake! —Permanecí embobada mirando la escena, hasta que el duende hizo acto de presencia.
—Bells… creo que me debes una explicación.
—¿Podríamos sentarnos?
Proseguimos a ubicarnos en la sala, pero había un pequeño detalle. No pensaba hablar delante de Vanessa.
—Nessie, ven, dejemos tus cosas en mi cuarto. —Agradecí silenciosamente a Paul.
—Realmente me estás asustando, Isabella.
—Escucha Alice, esto no es fácil para mí. Te voy  a pedir que me dejes terminar mi relato antes de hacer o decir algo… —Esperaba poder hacerlo sin llorar. Jacob se sentó a mí lado y tomó mi  mano, haciendo círculos con su pulgar en un intento de calmarme—. Está bien, aquí vamos…
Comencé a relatar la historia desde el principio. La cara de Allie pasó de desaprobación cuando empecé desde la parte que ella era ajena debido a que nunca le había contado los problemas que tuvimos con Edward. Ese reproche se convirtió en decepción, dándole paso luego a la furia e indignación. Por supuesto Jazz permaneció aparentemente sereno. Pero por lo que lo conocía se estaba conteniendo. Las manos de Paul, que se nos había unido minutos después de dejar a mi hija dibujando en la habitación principal, se crisparon en puños y su mandíbula estaba tensa.
Yo, como era de esperar, terminé llorando en el hombro de mi compañero al recordar la fotografía.
—Alice, ¿dónde vas? —Cuestioné hipando.
—A matar al imbécil de mí hermano.
—Apoyo la moción* —contestó levantándose y dirigiéndose a la salida.
—¡Paul! —gritamos con mi amigo a la vez.
—¿Qué? ¿No piensas hacer nada, Jacob? El muy estúpido la engañó con una zorra. Voy a partirle el cuello. —Jake se paró y lo detuvo del brazo.
—Lo intenté y Bella lo impidió. Es su decisión, no podemos hacer nada. Piensa en la niña…—Agradecí que no mencionara el embarazo.
—A la mierda con lo que diga Bella, él merece que le den una lección y estoy dispuesta  a hacerlo.
—Alice, por favor, es tu hermano —insistí. Pero de nada sirvió, ella ya había salido fuera de control del departamento de mi amigo con su esposo atrás tratando de detenerla. Esperaba que Jazz pudiera controlarla, lo más seguro era que se le prendiera del cuello a su hermano, como hacía habitualmente, pero esta vez no para abrazarlo cariñosamente.
—¿Mami? —¡Cielos! Esperaba que no hubiese oído nada—. ¿Dónde están los tíos? ¿Por qué estás llorando?
—No pasa nada, cielo. Los tíos tenían algo que hacer —murmuré agachándome para así quedar a su altura y la  abracé—. Todo va a estar bien… —Y sentí más lágrimas caer ¡Gracias hormonas! Nótese el sarcasmo.
—No llores mami, yo te amo. —Secó con sus pequeñas manitas las gotas de agua salada y besó mi mejilla. Ella estaba sufriendo y no quería eso.
—Lo sé, cariño. También te amo. —La atraje hacia mí y besé el tope de su cabeza.
.
.
Luego de almorzar, decidí que era hora de ir a ver a Charlie. Pareció sorprendido con la visita de solo nosotras dos y más aún cuando le mencioné el hecho de ir a vivir con él una temporada.
 No hizo preguntas, sabía que tendría que contárselo y lo haría cuando estuviéramos a solas. Pasamos una excelente tarde. Mientras él disfrutaba de su nieta, yo buscaba departamentos en el periódico, con un resultado no muy satisfactorio. La mayoría o quedaban muy lejos, en zonas no muy buenas o simplemente el departamento no cumplía con mis requisitos. Anoté alguna que otra dirección y en unos días comenzaría con la búsqueda exhaustiva.
Nos despedimos cuando el cielo comenzó a oscurecerse, acordando que mañana temprano iría a mi antigua casa por algunas cosas y luego me instalaría allí…
Por suerte la noche pasó sin inconvenientes, conseguí calmarme y controlar mis cambios de ánimos. Logré comer, bastante. Y ella no mencionó el hecho de que no íbamos a dormir en casa con su padre…
Paul esta vez se quedó y nosotras dormimos en la habitación de huéspedes.
Estábamos en medio de un “alegre”, o al menos yo disimulaba, desayuno especial para mi hija cuando alguien llamó a la puerta.
Era Alice junto con Rose que venían a buscar a su sobrina para pasar un “día de chicas en el shopping”.
Miré a la enana, interrogándola con la mirada y cuando me abrazó, respondió a  mis dudas.
—Aún no lo sabe… no creo que deba ser yo la que se lo diga. Cierto idiota debe hacerlo. Luego te cuanto que sucedió ayer.
—Alice… dime que no hiciste nada estúpido. ¿Qué es lo que piensa Rose de por qué estamos aquí?
—Luego, Bella… además, ¿qué iba a hacer? ¿Quedarme de brazos cruzados?
—Es tu hermano.
—Puff, tu eres mi hermana también.
—¿Qué es lo que cuchichean ustedes dos ahí?
—Nada Rose, vamos, se nos hace tarde. —Tomó  a Nessie de la mano y arrastró a una confundida Rosalie por la puerta.
.
.
.
Y aquí me encontraba, empacando en bolsos y cajas mis objetos personales y algunos de Nessie.  Tuve la suerte de que Edward estuviese trabajando. No quería cruzarlo. Aunque si luego de aquí iba al hospital, las posibilidades de hacerlo eran altas. Sí, había decidido no hacerme el test de embarazo sino un análisis de sangre que era más efectivo. Además no podía ni quería ir a otra institución, mi ginecóloga de confianza, Ángela Weber, solo atendía allí. No pensaba cambiarla.
Una vez tomadas la mayoría de mis cosas, (lamentablemente en la camioneta que Paul nos había prestado no cabía todo, tendría que regresar por el resto, obviamente, cuando él tampoco estuviera en casa) le pedí a Jake que me concediera unos momentos a solas y que me  esperara en el asiento de la misma.
 Necesitaba despedirme del que un día fue mi hogar, aquel donde vi a mi hija crecer, en el que un día fui más que feliz junto a  Edward, en el cual planeaba seguir viviendo, viendo a mi nuevo hijo o hija también dar sus primeros pasos. Ahora esos deseos eran alejados de mi mente, los había desechado en algún lugar de mi subconsciente.

Comencé a caminar por ella comenzando por las habitaciones en el piso de arriba, mientras pasaba por los lugares, fui teniendo pequeños “flash backs” de los momentos allí vividos.

Nuestro cuarto, con las paredes color ambarino, contrastando con el piso color azul marino oscuro (que era casi negro), una alfombra color hueso en el medio y la colosal cama de cubierta blanca y almohadones del mismo color que el piso… aquel cuarto que fue un observador silencioso de una pareja de amantes que había sido destruida. Pero no podía negar que había pasado muchos de mis mejores momentos en este cuarto, uno de ellos la concepción de nuestra hija. Pasé mis manos suavemente por el edredón y salí, apagando la luz, permitiendo a un par de lágrimas dejarlas caer por mis mejillas y cerré la puerta tras de mí.

La habitación de Vanessa, bueno, ella no tenía que despedirse de su amada recámara, cuando visitara a Edward sería su lugar. Pero yo, era un caso totalmente distinto. No entré. Me quedé mirando todo con detalle desde el marco, volviendo en el tiempo, cinco años atrás. Yo me encontraba parada junto a la ventana con cortinas amarillas y encaje, meciendo a Nessie con Edward detrás de mí rodeándome con sus brazos, besando mi hombro y mirando embobado a la pequeña que dormía plácidamente en mis brazos envuelta en una manta de lana púrpura hecha por su abuela, mi madre. Permitiendo a un par de lágrimas dejarlas caer por mis mejillas y cerré la puerta tras de mí.

Continué mi camino por la planta superior, hacia ese lugar que me dio refugio varias veces en algunas noches en vela, aquel lugar tan mío donde me podía sentar a leer por horas y adelantar algo de trabajo.

Mi pequeño despacho/biblioteca, los estantes se encontraban vacíos y mis preciados libros no se irían conmigo hoy. Descansaban en cajas apiladas junto con el resto de las cosas del lugar. Entré y me senté en mi escritorio, regalo de graduación de mi padre. En él aún descansaban una foto de mi hija junto a su padre y otra en la que estábamos los tres juntos de vacaciones en Disney, sonriendo como la familia feliz que éramos. Suspiré, me levanté y salí permitiendo a un par de lágrimas dejar caer por mis mejillas, cerré la puerta tras de mí.

No me atreví a ingresar a su despacho, ¿para qué? Quién sabe lo que podría encontrarme allí, sacudí mi cabeza para alejar ciertos pensamientos de mi dolida, desconfiada y demasiado, para mi gusto, imaginativa mente. Tenía buenos recuerdos de ese lugar, pero en fin, continué mi recorrido bajando las escaleras.

Me encaminé hacia la cocina, mi último recuerdo aquí no era el mejor. Podía oír nuestras voces discutiendo, recordaba mi llanto y el dolor que aún siento en mi pecho. Pude ver algo de lo que no me había percatado antes mientras recogía mis cosas, el sobre seguía ahí.
Lo ignoré pasando por al lado y fui hacia el enorme ventanal que llevaba al patio trasero. Hermosos recuerdos de los tres correteando por el césped o simplemente sentados riendo en una manta haciendo un picnic. Iba a echar de menos eso. Ya no quedaban lugares por recorrer, excepto uno. El último.

La sala,  juraba que aun podía oír nuestras risas, compartiendo un hermoso momento en familia, armando un rompecabezas en la alfombra, disfrutando de una película o simplemente Edward y yo acurrucados en el sofá viendo alguna que otra película en el televisor que estaba ubicado sobre una chimenea. Hacer el amor frente a esta… Acaricié con la yema de mis dedos las fotografías puestas sobre la misma. Más lágrimas rodando por mis mejillas.

Con un suspiro resignado, tomé la última maleta que llevaría hoy y fui hacia la puerta principal.
Salí, permitiendo a un par de lágrimas dejar caer por mis mejillas, cerré la puerta tras de mí.

Caminé varios pasos hacia el vehículo y me detuve. Me giré y observé la fachada una vez más.
Conformada por dos pisos, la típica casa americana de ladrillos rojos, tres escalones que llevaban al porche donde te encontrabas con una puerta color blanco, una ventana doble a la derecha de ésta y un garaje a su izquierda. Techo de tejas negras y un pequeño sendero donde se podía ir directamente al patio trasero rodeado por un pequeño bosque.
Iba a extrañarla, mucho. Prometí a  mí misma dejar atrás los malos momentos de lado y llevarme conmigo solo los mejores. Como el día en que pasábamos por la zona, luego de visitar a unos amigos y la vimos en venta. A la semana la casa era nuestra y a los pocos días estábamos dejando nuestro pequeño departamento e instalándonos en ella.
Cerré los ojos y le dije adiós a una parte de mi vida… oficialmente, mientras una se cerraba, otra etapa comenzaba para mí, Isabella Marie Cull… Swan.
.
.
.
Llegamos a la casa de mi padre luego de almorzar en nuestro lugar favorito “Mc. Donald’s”, no importaba la edad que tuviéramos, íbamos allí felices como dos niños todas las veces que podíamos.
Vanessa seguía disfrutando con sus tías, la había llamado en el camino hacia aquí. Estaba más que contenta con ser utilizada como muñeca por las dos desquiciadas de mis amigas.
Luego de trasladar las cosas a la que fue mi habitación, Jacob se despidió dejando a dos personas sentadas en la mesa de la cocina en un silencio totalmente incómodo que mi padre decidió romper.

—¿Vas a decirme de una vez que está pasando?

—Papá, primero que nada, perdón por hacer esto tan repentinamente. No nos quedaremos mucho y… —Me cortó.

—Sabes que no me molesta que estés aquí. Te lo dije una vez y te lo repito Bells, esta siempre será tu casa. Solo quiero saber a qué se debe este repentino cambio. ¿Dónde está Edward?
—Supongo que trabajando. —Charlie me miró confuso. Tomé una gran bocanada de aire y empecé a contarle con voz temblorosa… —Nos vamos a divorciar. Él, él… él estuvo con otra. Me engañó papá…



*Soez: Grosero, con poca educación.
*Moción: Proposición que es realizada en una reunión. En este caso, Paul está de acuerdo con la “propuesta” de Alice.
*Color ambarino: Foto en mi perfil.


No hay comentarios:

Publicar un comentario