Capítulo 4: "Dejando atrás"
Aunque duela, hay veces que debemos aprender que tenemos que decirle adiós a algunas cosas.
Bella’s POV
Pasé todo lo que restaba
del día llorando en los brazos de Jake hasta dormirme. Apenas había podido
contarle lo ocurrido entre sollozos y él como el buen amigo que era, se dedicó
a escucharme sin interrumpirme. Seguramente no logró comprender en su totalidad
lo ocurrido, puedo asegurar que no dije más que incoherencias. Tendría que
volver a relatarle nuevamente los hechos con más calma, por más que me costara
y posiblemente volviera a llorar.
Estaba sufriendo un dolor
de cabeza insoportable. Mis músculos se encontraban agarrotados por estar tantas
horas durmiendo en la misma posición. Estiré mis extremidades y abrí lentamente
los ojos, cuando mi vista logró enfocarse pude observar que me encontraba en la
habitación que Jake compartía con su pareja. Las paredes estaban pintadas de un
hermoso azul marino adornadas con varios cuadros estilo vintage ubicados en los
lugares exactos. La cama era bastante grande, revestida de blanco lo que hacía
que contrastara perfectamente. Por supuesto, decorado por la fantástica Esme.
Recordaba vagamente que
Paul se había ido ayer por la noche para que mi amigo y yo pudiéramos hablar
tranquilamente. Cosa que fue imposible de hacer.
Sentía mis
ojos hinchados, la garganta seca y mis sienes punzar.
Me senté en
la cama y permanecí varios minutos con la mirada perdida, pensando en nada. Me levanté
con la intención de ir al baño pero en cuanto lo hice, demasiado rápido, tuve
que volver a sentarme cerrando fuertemente mis ojos debido a un gran mareo…
sabía lo que seguía ahora. Me vi obligada a dirigirme rápidamente al baño tapándome la boca con
ambas manos y devolví lo poco que tenía en el estómago en el retrete. Cuando ya
nada quedaba permanecí unos minutos sentada en el suelo, con los brazos
envolviendo mis rodillas y mi cabeza entre ellas. Unos golpes en la puerta
llamaron mi atención.
Click en más información...
—Pequeña…
¿Te encuentras bien? ¿Puedo pasar?
Aclaré mi
garganta antes de responderle. Pero aún así mi voz sonó algo ronca.
—Estoy bien
Jake… dame un minuto. —Con cuidado fui capaz de levantarme del piso. Abrí la
canilla del lavamanos y mojé mi cara. Iba
a lavarme los dientes pero recordé que no había traído conmigo mis
artículos personales—. ¿Jake, estás ahí? —elevé un poco mis voz.
—Aquí estoy.
¿Qué es lo que necesitas?
—¿Podrías
pasarme mi neceser, por favor?
—Por
supuesto… —Entre abrí la puerta para que pudiera pasármelo—. Aquí tienes…
¿Segura que estás bien? Te ves…. terrible.
—Gracias por
el cumplido —respondí sarcásticamente.
—Swan
—advirtió.
—Me
encuentro bien, Black. No te preocupes, de verdad.
—Como digas.
Voy a estar en la cocina haciendo el desayuno. Y no me importa lo que digas,
tienes que ingerir algo, estás sin comer desde ayer… ¿Quieres un café?
—No, café no…
solo té. —Sabía en qué situación me encontraba, si el día de ayer tenía dudas,
esta mañana se habían disipado. Tenía un test en mi bolso y aunque estaba
segura de cuál sería el resultado, me daba miedo verlo… Esta vez no habría
prado para dar la gran noticia.
Me dirigí
hacia el lavamanos, enjuagué mi cara y me lavé los dientes. Observé mi reflejo
en el espejo, me veía totalmente demacrada y enferma. Tenía unas enormes ojeras
y me encontraba más pálida de lo que ya era. Intenté desenredar mi cabello pero
parecía no querer ceder, así que me vi obligada a tomar una ducha. Dejé que
varias lágrimas se mezclaran con el agua pensando una y otra vez lo que había
pasado. Repitiéndome lo estúpida que había sido al no darme cuenta y permitirle
que me mintiera de esa forma. Cuando la auto tortura fue demasiada, corté el
agua, me envolví en una mullida toalla y salí de la ducha.
Fui a encontrarme con Jacob, ya limpia y más o menos decente,
vestida con un jean desgastado y una simple sudadera suelta de color blanco
esto acompañado, por supuesto, con mis amadas Converse. Él se encontraba
cocinando y había hecho bastante lío solo por algunos waffles… podía apostar
que el que se encargaba de esas tareas era Paul. El arte culinario nunca fue
uno de sus dotes.
—Vaya
desastre…
—¡Hey! Hago lo que puedo. No suelo ser el
encargado de esto… así que si fuera tú, comería con cuidado.
—Me lo
imaginé. —Una pequeña sonrisa se dibujó en mí. Una de las tantas cosas que
adoraba de Jake era que podía hacerte
sonreír hasta en el peor de los momentos.
—Oh, logré
sacarte una sonrisa. ¿Cómo te encuentras?
—¿Cuántas
veces piensas preguntármelo? —Y aquí vamos con los cambios de humor.
—Tal vez
hasta que me digas más que “Estoy bien,
Jake”. —Hizo una imitación bastante mala de mí, pero no logró hacerme reír.
Mi cara decayó. Dirigí mi mirada hacia el piso ocultándome con mi cabello—.
Vamos Bells, sácalo todo de adentro. Abordemos el tema para que puedas dejarlo
detrás de ti y seguir con tu vida. No creerás que me conformo con un “lo dejé”,
tuvo que haber un motivo y lo sé. Intentaste comentármelo ayer pero para ser
sincero… no te entendí casi nada… no insistí porque realmente estabas mal, no
quería presionarte. —Al ver que no continuaba, decidió seguir él. No estaba
segura de poder hablar.
—¿Qué fue lo
que paso entre ustedes? Estaban tan bien Bells, estabas planeando quedar
embarazada, me dijiste que había vuelto a ser él…
—Me fue
infiel. —Esa oración quemó mi lengua y le clavó otra espina a mi corazón ya
destrozado.
—¡¿QUÉ?!
—Lo que
oíste. Me engañó con otra…y no me enteré por boca de él, lo hice por unas
malditas fotos… las cuáles tuve en mi poder por más de dos malditos meses dentro
de un sobre dirigido a mi nombre y que nunca había visto porque me había
olvidado de ellas completamente. —Al carajo la Bella fuerte. No estaba
llorando, aún, pero estaba bastante histérica jadeando en busca de aire. Mi voz
era bastante chillona—. Esas semanas sin hablarme tenían su motivo, “sus
salidas con amigos”, no eran más que mentiras y excusas para verse con ella. Y
yo le creía, le creía porque confiaba en él ciegamente. Fui estúpida… —No
escuché reacción alguna y cuando levanté la vista, ya no estaba frente a mí. Se
hallaba cerca de la salida, colocándose una campera negra de cuero y tomando
las llaves de su moto.
—Jacob, ¿qué
vas a hacer? ¿Dónde vas?... ¡Jacob! —No me oía y me vi obligada a ir tras de
él—. Jake, para… —Le impedí el paso colocándome entre la puerta y él.
—Voy a
matarlo, Bella. Se lo advertí, te lastimó y yo lo voy a lastimar a él. —Me movió de su camino con
facilidad y salió. Genial, tendría que correrlo. Caminaba a pasos agigantados
por el pasillo del edificio hacia el ascensor.
—No, por
favor, no. Jacob, para. Escúchame. —Logré agarrarlo del brazo, pero tensó sus
músculos haciéndome imposible moverlo—. Hazlo por mí, déjalo. No lo vale… —La
voz se me quebró y algunas lágrimas salieron de mis ojos sin permiso.
—Bella… —Al ver mi estado, aflojó un poco su tensión.
—No, Jacob.
Vamos, regresemos. Por favor, es el padre de mi hija y no quiero que crezca sin
uno a pesar de lo idiota que sea, hazlo
por Nessie. —Eso debió funcionar, resopló frustrado y me abrazó. Me permití
llorar como el día anterior.
—Ven
pequeña, volvamos a entrar… —Me tomó en brazos y regresamos dentro. Dudaba
poder caminar, mis piernas temblaban.
Me sentó en
el sillón de la sala, se arrodilló frente a mí y tomó mis manos.
—Escúchame
Bells…
—Creo que
estoy embarazada. —Le tiré la bomba sin prepararlo, apenas mi llanto cesó un
poco. Si no lo decía ahora dudaba poder encontrar otro momento.
—La primera, es que debes… un momento ¿Qué?
—Bueno, no
creo… Podría afirmártelo…
—Estás
segura, ¿te hiciste un test o algo?
—No tuve la
oportunidad el día de ayer ni el valor hace algunos minutos pero conozco mi
cuerpo, ya pasé por esto.
—Okay, esto
no me lo esperaba… bueno sí, pero no en esta situación.
—¡Demonios!
Iba a saberlo ayer, pero luego… —Tomé una profunda respiración, puse mi cara
sobre mis manos—. ¿Qué voy a hacer?
—¿Cómo qué
vas a hacer Isabella? Tenerlo si es así… —Lo miré incrédula.
—¡Sí, por
supuesto que sí! No me refería a eso…
Jacob. ¿Qué voy hacer con Edward?
—¿Mandarlo a
la mierda? —Lo miré con mala cara—. Okay, okay solo bromeaba Bells. —Continuó
levantando los brazos, defendiéndose. —Está bien, escucha, sabes que no soy
nada bueno en estas cosas de los sentimientos y dar consejos, pero te voy a
decir algunas cosas. La primera, déjate ya de lágrimas. Entiendo que duela, lo
amas porque si de algo estoy seguro es que ese sentimiento no cambió, ni va a
cambiar pero tienes que ser fuerte, por la pequeña monstruito y ahora —apoyó su
palma en mi plano vientre—, por alguien más. Tienes que seguir con tu vida
pequeña, va a costar pero no es imposible. Y escucha con atención, Edward podrá
ser el idiota más grande por lo que hizo pero sabes mejor que yo cómo es y te
debes hacer la idea de que va a formar parte de tu vida y de tus hijos. No te
digo que lo perdones, pero no le saques a sus hijos. Tú no eres de la clase de
persona “vengativa” y mucho menos de las que pondría en juego a sus hijos por
algo así.
—No planeaba
hacerlo. No solo por él, por Nessie, ella se merece crecer con un padre y él es
excelente con ella. No debo mezclar las cosas y estoy totalmente consciente de
eso… Debo ir por Vanessa a casa de Carlisle y Esme.
—Okay, pero
por favor, come algo antes. —Acarició mi mejilla suavemente haciéndome sonreír
nuevamente—. Así me gusta, sonriente, algo es algo.
—Gracias,
Jake. Te quiero.
—También te
quiero, sabes que puedes contar conmigo siempre.
.
.
.
A pesar de
que Jake insistió en traerme, después de una mini disputa logré que me dejara
venir sola.
Estacioné
frente a la elegante casa y luego de tratar aparentar ser “normal” y no como
una persona que se pasó toda la tarde y noche anterior llorando; me bajé del
auto, dirigiéndome a la puerta.
Inhalé
profundamente antes de tocar el timbre, observando la fachada frente a mí. La
casa era hermosa y elegante al estilo inglés, constituida por dos pisos, el
frente pintado de color blanco, una pequeña escalera para llegar a la doble
puerta principal y la misma escoltada por dos grandes ventanas de madera
antigua.
Carlisle fue
quien respondió a mi llamada. Se estaba yendo a su caminata diaria e iba
vestido con un conjunto de deporte conformado por unos pantalones cortos
azules, zapatillas y una sudadera suelta color blanco.
—¡Bella! ¡Qué
sorpresa, tan temprano! ¿Dónde está Edward? —Indagó mientras me abrazaba
torpemente.
—Hola,
Carlisle. Edward… él tenía algo que resolver en el hospital. Vengo por Nessie…
—Oh sí, que
soez*. Adelante niña. —Se apartó a un lado permitiéndome pasar. Estaba
ingresando cuando me volvió a llamar—. ¿Bella?
—¿Sí?
—¿Te
encuentras bien? Te ves… algo pálida, no lo sé,
algo enferma…
—Estoy bien —me
miró con desconfianza y me vi obligada a agregar—, en verdad… me siento bien.
—Okay, nos
vemos luego.
Cerró la
puerta y yo caminé por el vestíbulo
hasta la sala. No había nadie así que
llamé elevando la voz.
—¿Esme?
—¿Bella?
Aquí, en la cocina querida…
Fui a
buscarla y en el camino me encontré a mi dulce hija que me recibió
efusivamente.
—¡Mami!
—Hola
cariño. ¿Cómo estás? —Le devolví el abrazo y besé el tope de su cabeza.
—¡Bien!
—respondió con una enorme sonrisa que logró sacarme una a mí—. ¿Dónde está
papá? —Su gesto feliz desapareció.
—Eh…
—Sí, ¿dónde
está mi hijo? Buenos días, Bella. —Esme salió de la cocina, vestida con un elegante
vestido, un delantal y su cabello color caramelo en una alta cola. Ella me
envolvió en un maternal abrazo y le correspondí. Me confortó, realmente lo
necesitaba. Deseaba poder hablar con ella, pero no iba a involucrarla en esto.
—Buenos
días. Edward no pudo venir… tenía una reunión importante, tiene para rato. —
Estaba mejorando en lo que a mentir se refería. Miré a mi hija—. Hoy solo
seremos tú, yo y el tío Jake.
—¡Sí! Voy a
preparar mis cosas.
—Ven
querida, sentémonos en el living. ¿Quieres algo de tomar o comer?
—No, te lo
agradezco.
—¿Segura? No
te ves bien, pareces enferma.
—Me
encuentro bien, solo que no pasé una buena noche.
Tomé asiento
en el sillón doble mientras ella lo hizo en uno de los simples frente a mí.
—¿Todo está
bien con Edward?
En el
momento que iba a responderle, una muy sonriente y efusiva Vanessa entró
sentándose a mi lado.
—Mira mami,
hice esto para ti. —Me dijo tendiéndome un pedazo de papel.
Mi
autocontrol estuvo a punto de irse por el caño. En esa hoja había un dibujo, un
hermoso dibujo. En el mismo se podía ver a Edward, ella, yo y alguien más,
mucho más pequeño.
—Papá, tú,
yo y mi hermanito.
—Es… —Respiración
profunda. Vamos Bella, puedes hacerlo.
Por ella. No vayas a llorar. —Es muy
hermoso, me encanta. Gracias mi vida.
—Voy a hacer
uno igual para papá.
—Genial. —Se
sentó sobre un almohadón en el piso y se puso a dibujar sobre la mesa de café.
Esme tomó
una de mis manos entre las suyas.
—Cariño,
sabes que puedes confiar en mí. Que estoy aquí para lo que necesites. —Asentí
imperceptiblemente.
—Mami, ¿está
quedándome bien?
—Sí amor,
está quedando muy bien…
—No tienes
un buen aspecto, ¿realmente no quieres nada?
—Gracias,
pero no… Sé que puedo confiar y contar contigo. Te agradezco eso también. Pero
el tema es delicado y…
Oímos unos
pasos acercándose y nos giramos para ver al autor de estos, encontrándonos a
Edward parado mirándonos petrificado en el marco de la puerta. Se veía…
demacrado. Ojeras adornaban sus ojos que estaban de un verde apagado y ya no
brillaban. ¿Era posible que en un día una persona envejezca unos años? Porque
eso parecía. A pesar de que debería estar odiándolo, sentí lástima por él. Lo
amaba y odiaba verlo sufrir. Pero claro, él no se lo merecía, no había pensado
en mí cuando estuvo con la zorra.
—¡Papi! —Vanessa corrió hacia
él y lo abrazó fuertemente, Edward sonrío. Pero aquella sonrisa no llegó a sus
ojos. Bajé mi cabeza ignorándolo y con lágrimas a punto de salir. Esme lo notó.
—Hola pequeña… ¿Cómo has
estado?
—¡Bien! Mamá dijo que no
podías venir porque tenías que trabajar y que pasaríamos el día con el tío
Jake. —¡Mierda! No había contado con que fuera tan descarado de venir estando
yo presente. ¿Qué le diríamos ahora? Me atreví a mirarlo, suplicándole
silenciosamente con mis ojos. Él debería mentirle, no creía que le costara
mucho. Era un experto en esa tarea. Esme se dedicó a ser una observadora,
calculando nuestra silenciosa comunicación. Era una de las personas más
intuitivas que había conocido alguna vez. Sabía que algo andaba mal, muy mal y
no tardaría en adivinarlo. Si de algo estaba segura era de que no sería yo
quien se lo comunicaría. Sería el idiota
parado en frente mío. Y, hola nuevamente a mis cambios de ánimos.
—Yo… Sí, tengo una reunión
importante. Lo siento, bebé. —Pude ver la cara de decepción de mi hija y me
sentí culpable, si tan solo no hubiese sido tan estúpida, él no habría tenido
que buscar algo que le negaba en otra… volví a bajar mi cabeza, sentí una
lágrima rodar por mi mejilla pero que de rápida y disimulada forma borré—. También quería pasar mi día contigo… en verdad, lo lamento. —Nessie
se había enfadado, tenía mi carácter, eso sin dudas. Tomando su pequeña
mochila, llamó mi atención.
—¿Mamá?
—¿Sí? —Mi voz se oyó
temblorosa, estaba a punto de romper a llorar. Una vez más, mis hormonas no
ayudaban a la situación.
—¿Nos vamos? —inquirió
molesta.
—Claro, despídete de tu
abuela y de tu padre… ¿Podrías esperarme en el vestíbulo unos segundos?
—Sip, adiós abuela.
—Abrazó a Esme y luego de dudar unos segundos saludó a su padre. Por más que
intentara estar enojada con él, sabía que no duraba mucho. Ella lo adoraba, era
todo para ella—. Adiós papi. —Edward se agachó para que ella pudiera besar su
mejilla.
—Adiós, te amo…
Se dirigió a esperarme en
el vestíbulo obedientemente, dejándonos a los tres a solas. Unos segundos de
incómodo silencio se instaló en la habitación. Aclaré mi garganta, no muy
segura de como saldría mi voz y fui quien lo rompió.
—Creo que es hora de que
me vaya. Gracias por cuidarla, Esme.
—No tienes nada que
agradecer. Sabes que puedes contar conmigo, ¿sí? —Solo fui capaz de asentir.
—Te acompaño a la puerta,
querida. —Pasé a su lado, sin mirarlo, haciendo de cuenta de que allí no había
nadie. Dolía y mucho, debo admitir que a pesar de todo, moría de ganas de
besarlo, abrazarlo y hacer de cuenta que nada había pasado. Darle la noticia de
mi embarazo y que volvamos a ser la familia que éramos hace apenas unos pocos
días… es realmente de no creer como cambian las cosas de un momento a otro. Si algo
había aprendido de esta situación era a apreciar más cada momento. Uno nunca
sabe lo que va a pasar.
Mi adorable sueg… Esme me
acompañó hasta la salida. Se despidió una vez más de la pequeña y luego de mí.
—Cariño, para lo que sea,
¿sí?
—Lo sé. Siempre serás como
mi madre. —La angustia en mi voz hizo parecer aquella frase como si fuera un
lloriqueo.
—Mi pequeña, sabes que
eres como una hija para mí. —Oh ¡Diablos! Esme no estaba en mejores
condiciones, notaba la tristeza en sus azules ojos.
Luego de
prometerle que le diría si necesitaba algo, me encaminé junto con mi hija
nuevamente al departamento de mi amigo. Todo el camino fui pensando la forma de
explicarle a la niña el porqué viviríamos un tiempo con su abuelo, sin su
padre. Y después solo nosotras dos, en un nuevo lugar. No quería que ella
sufriera. Una de las decisiones que tomé en el trayecto fue que no impondría
días de visitas. Edward podría verla cuando quisiera, era su hija.
Otras de las
dudas que rondaba mi cabeza era el “cómo” abordaríamos el embarazo. Lo quería a
él presente. Aunque dificultara las cosas, lo necesitaba conmigo. Lo que
pasaría cuando él o ella naciera más adelante lo veríamos.
Detuve el
auto en la acera y por el espejo retrovisor pude distinguir a Alice y Jasper
bajándose del Porsche. Nessie y yo hicimos lo mismo.
La duende
pareció sorprendida de verme aquí. Mi hija corrió hacia ellos con los brazos
abiertos.
—¡Mi
monstruo del lago Ness! —Le había advertido a Jacob de no decirle así, si la
enana estaba presente, ahora todo el mundo conocería el horrible apodo.
—Tía Alli.
—Mi primogénita parecía feliz con ser llamada así.
— Tío Jazz.
—Hola
monstruito. —Genial, uno más.
—Hey Bells.
¿Por qué no contestan el teléfono? ¿Dónde está mi hermano? Fuimos hasta su casa
y no había nadie… decidimos preguntar al perro. ¿Qué? No me mires así, sabes
que es cariñosamente. En fin, él tampoco se dignó a atender entonces vinimos a
ver si sabía algo…
—¿Podríamos
subir y hablar arriba? Es… complicado.
—¿Estás…—corté
su pregunta, no quería volver a escucharla. En lo poco que iba del día la había
escuchado más veces de las que desearía.
—Estoy bien.
Subamos por favor…
Entré al
edificio con mi llave extra, haciéndolos pasar. El trayecto en ascensor fue
silencioso entre nosotras, salvo por el incesante y feliz parloteo de Nessie.
Alice tenía su ceño fruncido. Odiaba no estar al tanto de lo que pasaba y
Jasper se mantuvo en segundo plano, observando.
Ingresamos
al departamento de Jake. Paul ya había regresado y en cuanto me vio traspasar
la puerta me dio uno de sus famosos abrazos asfixiantes el cual agradecía. Me
hacía sentir realmente querida y lo necesitaba.
—¡Pequeña
monstruo! —Me giré para ver a mi niña precipitarse hacia mi amigo gritando.
Hace tiempo que no lo veía.
—¡Tío Jake!
—Permanecí embobada mirando la escena, hasta que el duende hizo acto de
presencia.
—Bells… creo
que me debes una explicación.
—¿Podríamos
sentarnos?
Proseguimos
a ubicarnos en la sala, pero había un pequeño detalle. No pensaba hablar
delante de Vanessa.
—Nessie,
ven, dejemos tus cosas en mi cuarto. —Agradecí silenciosamente a Paul.
—Realmente
me estás asustando, Isabella.
—Escucha
Alice, esto no es fácil para mí. Te voy
a pedir que me dejes terminar mi relato antes de hacer o decir algo… —Esperaba
poder hacerlo sin llorar. Jacob se sentó a mí lado y tomó mi mano, haciendo círculos con su pulgar en un
intento de calmarme—. Está bien, aquí vamos…
Comencé a
relatar la historia desde el principio. La cara de Allie pasó de desaprobación
cuando empecé desde la parte que ella era ajena debido a que nunca le había
contado los problemas que tuvimos con Edward. Ese reproche se convirtió en
decepción, dándole paso luego a la furia e indignación. Por supuesto Jazz
permaneció aparentemente sereno. Pero por lo que lo conocía se estaba
conteniendo. Las manos de Paul, que se nos había unido minutos después de dejar
a mi hija dibujando en la habitación principal, se crisparon en puños y su
mandíbula estaba tensa.
Yo, como era
de esperar, terminé llorando en el hombro de mi compañero al recordar la
fotografía.
—Alice,
¿dónde vas? —Cuestioné hipando.
—A matar al
imbécil de mí hermano.
—Apoyo la
moción* —contestó levantándose y dirigiéndose a la salida.
—¡Paul!
—gritamos con mi amigo a la vez.
—¿Qué? ¿No
piensas hacer nada, Jacob? El muy estúpido la engañó con una zorra. Voy a
partirle el cuello. —Jake se paró y lo detuvo del brazo.
—Lo intenté
y Bella lo impidió. Es su decisión, no podemos hacer nada. Piensa en la niña…—Agradecí
que no mencionara el embarazo.
—A la mierda
con lo que diga Bella, él merece que le den una lección y estoy dispuesta a hacerlo.
—Alice, por
favor, es tu hermano —insistí. Pero de nada sirvió, ella ya había salido fuera
de control del departamento de mi amigo con su esposo atrás tratando de detenerla.
Esperaba que Jazz pudiera controlarla, lo más seguro era que se le prendiera
del cuello a su hermano, como hacía habitualmente, pero esta vez no para
abrazarlo cariñosamente.
—¿Mami? —¡Cielos!
Esperaba que no hubiese oído nada—. ¿Dónde están los tíos? ¿Por qué estás
llorando?
—No pasa
nada, cielo. Los tíos tenían algo que hacer —murmuré agachándome para así
quedar a su altura y la abracé—. Todo va
a estar bien… —Y sentí más lágrimas caer ¡Gracias hormonas! Nótese el sarcasmo.
—No llores
mami, yo te amo. —Secó con sus pequeñas manitas las gotas de agua salada y besó
mi mejilla. Ella estaba sufriendo y no quería eso.
—Lo sé,
cariño. También te amo. —La atraje hacia mí y besé el tope de su cabeza.
.
.
Luego de
almorzar, decidí que era hora de ir a ver a Charlie. Pareció sorprendido con la
visita de solo nosotras dos y más aún cuando le mencioné el hecho de ir a vivir
con él una temporada.
No hizo preguntas, sabía que tendría que
contárselo y lo haría cuando estuviéramos a solas. Pasamos una excelente tarde.
Mientras él disfrutaba de su nieta, yo buscaba departamentos en el periódico,
con un resultado no muy satisfactorio. La mayoría o quedaban muy lejos, en
zonas no muy buenas o simplemente el departamento no cumplía con mis
requisitos. Anoté alguna que otra dirección y en unos días comenzaría con la
búsqueda exhaustiva.
Nos
despedimos cuando el cielo comenzó a oscurecerse, acordando que mañana temprano
iría a mi antigua casa por algunas cosas y luego me instalaría allí…
Por suerte
la noche pasó sin inconvenientes, conseguí calmarme y controlar mis cambios de
ánimos. Logré comer, bastante. Y ella no mencionó el hecho de que no íbamos a
dormir en casa con su padre…
Paul esta
vez se quedó y nosotras dormimos en la habitación de huéspedes.
Estábamos en
medio de un “alegre”, o al menos yo disimulaba, desayuno especial para mi hija
cuando alguien llamó a la puerta.
Era Alice
junto con Rose que venían a buscar a su sobrina para pasar un “día de chicas en
el shopping”.
Miré a la
enana, interrogándola con la mirada y cuando me abrazó, respondió a mis dudas.
—Aún no lo
sabe… no creo que deba ser yo la que se lo diga. Cierto idiota debe hacerlo.
Luego te cuanto que sucedió ayer.
—Alice… dime
que no hiciste nada estúpido. ¿Qué es lo que piensa Rose de por qué estamos
aquí?
—Luego,
Bella… además, ¿qué iba a hacer? ¿Quedarme de brazos cruzados?
—Es tu
hermano.
—Puff, tu
eres mi hermana también.
—¿Qué es lo
que cuchichean ustedes dos ahí?
—Nada Rose,
vamos, se nos hace tarde. —Tomó a Nessie
de la mano y arrastró a una confundida Rosalie por la puerta.
.
.
.
Y aquí me
encontraba, empacando en bolsos y cajas mis objetos personales y algunos de
Nessie. Tuve la suerte de que Edward
estuviese trabajando. No quería cruzarlo. Aunque si luego de aquí iba al
hospital, las posibilidades de hacerlo eran altas. Sí, había decidido no
hacerme el test de embarazo sino un análisis de sangre que era más efectivo.
Además no podía ni quería ir a otra institución, mi ginecóloga de confianza,
Ángela Weber, solo atendía allí. No pensaba cambiarla.
Una vez tomadas la mayoría
de mis cosas, (lamentablemente en la camioneta que Paul nos había prestado no
cabía todo, tendría que regresar por el resto, obviamente, cuando él tampoco
estuviera en casa) le pedí a Jake que me concediera unos momentos a solas y que
me esperara en el asiento de la misma.
Necesitaba despedirme del que un día fue mi
hogar, aquel donde vi a mi hija crecer, en el que un día fui más que feliz
junto a Edward, en el cual planeaba
seguir viviendo, viendo a mi nuevo hijo o hija también dar sus primeros pasos.
Ahora esos deseos eran alejados de mi mente, los había desechado en algún lugar
de mi subconsciente.
Comencé a caminar por ella
comenzando por las habitaciones en el piso de arriba, mientras pasaba por los
lugares, fui teniendo pequeños “flash backs” de los momentos allí vividos.
Nuestro cuarto,
con las paredes color ambarino, contrastando con el piso color azul marino
oscuro (que era casi negro), una alfombra color hueso en el medio y la colosal
cama de cubierta blanca y almohadones del mismo color que el piso… aquel cuarto
que fue un observador silencioso de una pareja de amantes que había sido
destruida. Pero no podía negar que había pasado muchos de mis mejores momentos
en este cuarto, uno de ellos la concepción de nuestra hija. Pasé mis manos
suavemente por el edredón y salí, apagando la luz, permitiendo a un par de lágrimas dejarlas caer por mis mejillas y cerré
la puerta tras de mí.
La habitación
de Vanessa, bueno, ella no tenía
que despedirse de su amada recámara, cuando visitara a Edward sería su lugar.
Pero yo, era un caso totalmente distinto. No entré. Me quedé mirando todo con
detalle desde el marco, volviendo en el tiempo, cinco años atrás. Yo me
encontraba parada junto a la ventana con cortinas amarillas y encaje, meciendo
a Nessie con Edward detrás de mí rodeándome con sus brazos, besando mi hombro y
mirando embobado a la pequeña que dormía plácidamente en mis brazos envuelta en
una manta de lana púrpura hecha por su abuela, mi madre. Permitiendo a un par de lágrimas dejarlas caer por mis mejillas y cerré
la puerta tras de mí.
Continué mi camino por la
planta superior, hacia ese lugar que me dio refugio varias veces en algunas
noches en vela, aquel lugar tan mío donde me podía sentar a leer por horas y
adelantar algo de trabajo.
Mi pequeño
despacho/biblioteca, los estantes
se encontraban vacíos y mis preciados libros no se irían conmigo hoy.
Descansaban en cajas apiladas junto con el resto de las cosas del lugar. Entré
y me senté en mi escritorio, regalo de graduación de mi padre. En él aún
descansaban una foto de mi hija junto a su padre y otra en la que estábamos los
tres juntos de vacaciones en Disney, sonriendo como la familia feliz que éramos.
Suspiré, me levanté y salí permitiendo a
un par de lágrimas dejar caer por mis mejillas, cerré la puerta tras de mí.
No me atreví a ingresar a su despacho, ¿para qué? Quién sabe lo
que podría encontrarme allí, sacudí mi cabeza para alejar ciertos pensamientos
de mi dolida, desconfiada y demasiado, para mi gusto, imaginativa mente. Tenía
buenos recuerdos de ese lugar, pero en fin, continué mi recorrido bajando las
escaleras.
Me encaminé hacia la
cocina, mi último recuerdo aquí no era el mejor. Podía oír nuestras voces
discutiendo, recordaba mi llanto y el dolor que aún siento en mi pecho. Pude
ver algo de lo que no me había percatado antes mientras recogía mis cosas, el
sobre seguía ahí.
Lo ignoré pasando por al
lado y fui hacia el enorme ventanal que llevaba al patio trasero. Hermosos
recuerdos de los tres correteando por el césped o simplemente sentados riendo
en una manta haciendo un picnic. Iba a echar de menos eso. Ya no quedaban
lugares por recorrer, excepto uno. El último.
La sala, juraba que aun
podía oír nuestras risas, compartiendo un hermoso momento en familia, armando
un rompecabezas en la alfombra, disfrutando de una película o simplemente
Edward y yo acurrucados en el sofá viendo alguna que otra película en el
televisor que estaba ubicado sobre una chimenea. Hacer el amor frente a esta…
Acaricié con la yema de mis dedos las fotografías puestas sobre la misma. Más
lágrimas rodando por mis mejillas.
Con un suspiro resignado,
tomé la última maleta que llevaría hoy y fui hacia la puerta principal.
Salí, permitiendo a un par de lágrimas dejar caer por mis mejillas, cerré la
puerta tras de mí.
Caminé varios pasos hacia
el vehículo y me detuve. Me giré y observé la fachada una vez más.
Conformada por dos pisos,
la típica casa americana de ladrillos rojos, tres escalones que llevaban al
porche donde te encontrabas con una puerta color blanco, una ventana doble a la
derecha de ésta y un garaje a su izquierda. Techo de tejas negras y un pequeño
sendero donde se podía ir directamente al patio trasero rodeado por un pequeño
bosque.
Iba a extrañarla, mucho.
Prometí a mí misma dejar atrás los malos
momentos de lado y llevarme conmigo solo los mejores. Como el día en que
pasábamos por la zona, luego de visitar a unos amigos y la vimos en venta. A la
semana la casa era nuestra y a los pocos días estábamos dejando nuestro pequeño
departamento e instalándonos en ella.
Cerré los ojos y le dije
adiós a una parte de mi vida… oficialmente, mientras una se cerraba, otra etapa
comenzaba para mí, Isabella Marie Cull… Swan.
.
.
.
Llegamos a la casa de mi
padre luego de almorzar en nuestro lugar favorito “Mc. Donald’s”, no importaba
la edad que tuviéramos, íbamos allí felices como dos niños todas las veces que
podíamos.
Vanessa seguía disfrutando
con sus tías, la había llamado en el camino hacia aquí. Estaba más que contenta
con ser utilizada como muñeca por las dos desquiciadas de mis amigas.
Luego de trasladar las
cosas a la que fue mi habitación, Jacob se despidió dejando a dos personas
sentadas en la mesa de la cocina en un silencio totalmente incómodo que mi
padre decidió romper.
—¿Vas a decirme de una vez
que está pasando?
—Papá, primero que nada,
perdón por hacer esto tan repentinamente. No nos quedaremos mucho y… —Me cortó.
—Sabes que
no me molesta que estés aquí. Te lo dije una vez y te lo repito Bells, esta
siempre será tu casa. Solo quiero saber a qué se debe este repentino cambio.
¿Dónde está Edward?
—Supongo que
trabajando. —Charlie me miró confuso. Tomé una gran bocanada de aire y empecé a
contarle con voz temblorosa… —Nos vamos a divorciar. Él, él… él estuvo con
otra. Me engañó papá…
*Soez: Grosero, con poca
educación.
*Moción: Proposición que
es realizada en una reunión. En este caso, Paul está de acuerdo con la “propuesta”
de Alice.
*Color ambarino: Foto en
mi perfil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario