Cuatro meses atrás…
Otro estúpido día, sentado detrás del escritorio en mi consultorio sin nada que hacer, debido a que llegué una hora
y media antes.
¿El motivo? Escapar de casa y mi, últimamente demasiada exasperante,
esposa.
La amaba, sí, más que a mi propia vida. Pero últimamente
discutíamos por cualquier cosa, todo lo que yo hacía estaba mal, nuestras
conversaciones eran breves y un continuo e incómodo silencio reinaba entre
nosotros. No sabía que ocurría con ella.
Nuestro contacto físico desde hace unas pocas semanas era nulo y si
pasábamos un buen momento era junto a nuestra hermosa hija. Quería solucionar
esto, sabía que íbamos a solucionarlo, la amo y me niego a perderla, así como
también sabía que marcharme antes era estúpido y no ayudaría. Pero, ¿qué más podía hacer? Si me quedaba en
casa, seguramente terminaríamos peleando y el problema empeoraría. Pero si no
lo hablábamos, también. Estoy totalmente jodido.
Llevábamos seis años de matrimonio, casi siete y a pesar de que teníamos
discusiones, nunca habíamos llegado hasta este punto.
La extrañaba demasiado, extrañaba sentir su calor, despertarme abrazado
a ella, sentir sus suaves labios sobre los míos o simplemente pasar tiempo el
uno con el otro sin tener que discutir por cualquier cosa... Aunque debía
admitir que esos no eran los únicos motivos, también estaba nuestra hija, ella
necesitaba una familia unida para poder crecer feliz.
Había pasado una hora pensando en
cómo arreglar todo, cuando unos golpes en la puerta me sacaron de mis
cavilaciones.
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— ¿Si?
—Edward, ¿puedo? —preguntó mi amigo Eleazar, asomando la cabeza por la
puerta.
—Claro, Eleazar. Adelante.
Él, era uno de mis mejores amigos e increíblemente, hermano de mi
antipático decrépito jefe. ¿Por qué increíble? Eleazar era todo lo contrario al
viejo. Ambos compartían la dirección del hospital. Eleazar era el que siempre
socializaba con sus empleados, pasábamos grandes ratos juntos y siempre tuvimos
una buena relación. En cambio, Aro que parecía odiarme, jamás salía de su
oficina y si lo hacía era para fastidiarme. No sé a qué venía ese odio, pero me
daba igual. Aunque algunos afirmaban que era porque él tenía una enemistad con
mi padre. Algo raro, ya que Eleazar y mi padre mantenían una buena relación.
— ¿Todo en orden? —Asentí—. Okay, si tú lo dices… — ¿Tanto se notaba? —En
fin, esto va a sonar raro, pero mi hermano quiere verte en su oficina y no
parece estar enojado.
— ¿Qué? —pregunté con incredulidad.
—Ya te dije, es raro, está de buen humor. O al menos eso parece… Si
fuera tú, no tardaría en ir.
Me levanté de mi asiento, como alma que lleva el diablo y me encaminé
por los pasillos, dirigiéndome al despacho de mi peor pesadilla y oyendo la
risa del que se hacía llamar mi amigo.
Me encontraba parado frente a la impotente y antigua puerta hecha de
madera de roble, como un idiota. Dos pasos me separaban de esta, dos pasos que no me animaba a dar por miedo a
no saber lo que me esperaba ahí dentro.
“Tú puedes Cullen, no seas marica”.
Respiración profunda.
Uno, dos, tres golpes decididos en la vieja madera.
Un “Adelante”.
Una puerta abrirse.
Mis ojos se toparon con una despampanante rubia de ojos dorados y largas
pestañas, que llevaba una pollera tubo hasta la mitad de sus muslos, junto con
una camisa ajustada que resaltaba sus curvas y unos zapatos de muerte que me
robó el aliento… “¿Dónde están yendo tus
pensamientos, Cullen? ¡Estás casado! ¡Amas
a tu esposa!
El carraspeo del viejo sentado tras su escritorio, desvió mi atención de
la vista de las interminables piernas de la
rubia.
—Buenos días, Edward — ¡Woah!, en verdad estaba de buen humor—. Debes
estar preguntándote para qué te he llamado… ¿No es verdad?
—Buenos días. Así es señor Volturi.
—Toma asiento, por favor. Hija, ¿serías tan amable de dejarme unos
minutos a solas con el Sr. Cullen?
—Claro. —La rubia se despidió,
brindándome una sonrisa “¿Seductora?” a la cual me encontré devolviéndole. “¿Qué demonios me pasaba?”
—Ahora, volviendo a lo nuestro… Edward, no eres mi persona favorita en
el mundo, pero mi hermano confía en ti y tengo muy buenas referencias tuyas… — ¿Qué? ¿A dónde quería llegar con esto?—
Voy a ir al grano. Quiero retirarme y mi puesto no puede quedar vacío. Debe ser
ocupado por alguien de confianza, y que sé que no va a fallar. Por eso pensé en
ti. Sé que formarás un gran equipo con mi hermano.
— ¿Usted me está pidiendo que…?
—Sí, Sr. Cullen, quiero que tome mi puesto como director. —No-lo-creo— Así que… ¿Qué dice?
— ¡Sí! —Uh, oh, demasiado entusiasmo Cullen, pareces un niño—. Quiero
decir, sería un honor señor.
—En unos días tendré listos los papeles. Espero que no me falle Sr.
Cullen.
—No lo haré señor.
Estrechamos nuestras manos y salí.
Conociéndome, debía tener una gran y estúpida sonrisa en mi rostro.
Llegar a la dirección del hospital, nunca fue mi sueño, solo quería ayudar a
las personas. No había mejor sensación que la de ayudar a quien lo necesita. Es
tan gratificante, esa fue una de las razones por la cual había elegido esta
profesión.
Regresé a mi oficina. Tenía que llamar a Bella y darle la buena noticia.
Me despatarré en el sofá con mi celular en la mano. Tecleé rápidamente
su número y… nada.
“Hola, soy Bella. En
este momento no puedo atenderte. Te devolveré la llamada en cuanto pueda. Deja
tu mensaje después del tono.”
—Hey Bells, soy Edward. Tengo una gran noticia que contarte. Nos vemos
esta noche en casa. Te amo.
.
Por supuesto que no hablamos.
Ella llegó tarde a casa y se fue directamente a la cama. Algo andaba
mal, lo sabía, y ella no quería decírmelo. Tenía una ligera sospecha de que se
trataba de su empresa. Pero no iba a presionarla. Si quería contármelo, lo
haría.
.
A la mañana siguiente, al fin pudimos tener una conversación normal. No
me escapé como el cobarde que era, me levanté antes que ella e hice el
desayuno. Volvería a empezar este día una y otra vez con tal de volver a ver su
sonrisa al verme esa mañana. Le conté
con alegría mi ascenso durante el desayuno y me respondió con una enorme
sonrisa y un cariñoso y efusivo abrazo. Al parecer, su buen humor estaba de
vuelta.
¡Cuánto había extrañado eso!
No habíamos vuelto a lo de antes, pero estaba seguro de que de a poco
íbamos a lograrlo. Haría lo que fuera necesario.
.
Hoy, dos días después de la gran noticia, me encontraba nuevamente en la
oficina que pronto sería mía.
Aro convocó a todos a una junta, donde fue anunciada mi ascendencia a la
presidencia del hospital.
Este día prometía ser espectacular. Lo supe en el momento en que fui
levantado con un gran desayuno en la cama hecho por las dos mujeres que más
amaba en este mundo y que, sin ellas, mi vida no tenía sentido.
Tenía planeado salir temprano y prepararle una gran sorpresa a Bella, me
parecía la ocasión perfecta para solucionar las cosas del todo. Iba a llamar a
mi madre para que se llevara a Nessie esta noche con ellos…
Pero al parecer, mi amigo no tenía esos planes…
— ¡Vamos, Edward! Tienes que celebrarlo. Solo serán unas copas y luego
vas a casa a ser feliz con tu esposa.
—No sé, Eleazar...
—Solo un trago con tu viejo amigo, lo prometo.
—Pero…
—Solo uno.
—No me gusta salir, hace años que no tomo.
—Cullen —Se estaba enojando. No me iba a quedar otra que acceder.
— ¡Está bien, está bien! —Dije con resignación, levantando las manos en signo
de rendición—. Déjame arreglar unas cosas.
Levantó el puño en signo de victoria, como un estúpido adolescente.
Ganándose una rodada de ojos de mi parte.
Llamé a mi madre, quien inmediatamente accedió a pasar una noche con su
adorada nieta. Tenía todo pensado, iba a tomar solo un trago, volvería a casa e improvisaría algo para Bells. Me había llamado luego de que terminase la
llamada con la primera, avisándome que llegaría un poco más tarde. Perfecto.
.
.
.
.
Ese trago se convirtió en tres más… No estaba ebrio, si veía algo
nubloso, pero seguía en mis sentidos. Al menos, podría conducir a casa. Hacía
siglos que no tomaba, no debí haber accedido. Sabía que no estaba en
condiciones de beber más de uno, pero Eleazar hacía que rellenaran nuestras
copas cada vez que quedaban vacías. No niego que necesitaba esto, un buen rato,
riendo con un amigo sin ningún tipo de preocupación.
El teléfono de él sonando. Una rápida disculpa y él yéndose.
Una rubia que se me hacía
familiar sentándose a mi lado. Un raro movimiento del barman, del que no estaba
seguro si había visto bien.
—Hola —Asentí con la cabeza por cortesía, apenas mirándola— ¿Tu eres
Edward Cullen? —La miré confundido, levantando una ceja en su dirección a modo
de interrogación—. Soy Tanya…—Al ver que yo no parecía reaccionar, añadió
tendiéndome la mano. —Nos vimos en la mañana, en la oficina de mi padre…
— ¡Oh!, sí. Hola. —Estreché su mano. Ahora la recordaba, la rubia de las piernas infernales. Aleja esos malditos pensamientos de tu
cabeza, Cullen.
— ¿Quieres un trago? —inquirió
tendiéndome una copa.
—No, gracias. Ya me iba.
—Vamos Edward. Me tomé el atrevimiento de pedirlo para ti. Compartamos
un trago y conozcámonos un poco.
— ¿Perdón? Lo siento, soy casado.
—Es una lástima. —Parecía ¿decepcionada?— Pero ¡Vamos! Como amigos, ya
que vamos a trabajar por un tiempo juntos.
— ¿Disculpa? — ¿De qué demonios me hablaba? No entendía nada y el exceso
de alcohol en mi sistema, no cooperaba mucho.
— ¿Mi padre no te lo ha dicho? —Negué con la cabeza— Su secretaria,
bueno ahora tu secretaría, Heidi, va a tomarse unos días y voy a reemplazarla.
— ¡Oh!…—Fue la respuesta más inteligente que se escapó de mi boca. El
viejo se había olvidado de informarme sobre ese pequeño detalle.
—Y… ¿Qué dices? ¿Aceptas un trago… como amigos?
Un trago más no va a
matarme… solo este y vuelves a casa.
—Está bien. —Accedí tomando la copa de sus manos…
.
.
.
Me desperté
desorientado. En una cama y un cuarto que no me correspondían. Las paredes
parecían de un rojo intenso y las sábanas eran negras. Supuse que me encontraba
en un cuarto de hotel transitorio. Estaba oscuro y no tenía idea de la hora,
pero sabía que aún era de noche debido a la luz del alumbrado público que se
filtraba por las persianas de una ventana. Sentí algo removerse a mi lado. No
me había percatado de esa presencia antes.
No tenía idea de cómo
Bella y yo, habíamos llegado a este lugar. Seguramente ella había ido por mí al
pub, pero cuando me percaté de que ambos estábamos desnudos, dejó de
importarme. Me incorporé un poco para poder encender el velador que se
encontraba a mi lado y poder observar con claridad a mi amada esposa.
Me giré con esa
intención, pero cuando fijé mis ojos en aquella figura femenina de cabellos
rubios... Un momento...
¡Mierda, mierda, mierda!
No era Bella, la mujer
que dormía a mi lado no era mi esposa. ¿Quién demonios era ella? ¿Qué había hecho
yo?
Tomar alcohol hasta perder la cabeza y engañar
a tu mujer con una zorra. Me
gritó mi subconsciente. No recordaba casi nada de la noche anterior. Solo tenía vagos recuerdos… Mi visión seguía
siendo nublosa.
¿Por qué no lograba recordar nada?, ¿Por qué lo
había hecho? ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Qué hora era?
Según el precario
reloj colocado sobre la mesita de luz, eran las 3:00 AM. Bella debía estar
preocupada, iba a matarme y yo la dejaría. No dejaba de preguntarme por qué
había sido tan idiota.
¿Frustración? No lo
creo, las cosas con Bella estaban mejorando. No le veía sentido a eso. Sabía
que tarde o temprano los problemas serían solucionados. Quería morirme, que un
hoyo se abriera en el medio de la habitación y me tragara. Me odiaba. Me sentía
sucio y decepcionado de mí mismo. Había roto mi promesa de serle fiel. Había
jodido nuestra relación por un maldito revolcón con vaya a saber quién.
La rubia, se dio la vuelta dejándome ver su cara. Empeorando más la situación si
eso era posible.
¡Alguien que me mate,
por favor! Deseaba que alguien me dijera que todo esto fue una pesadilla y que
yo no traicioné a la mujer que más amo, con la hija de mi jefe. ¿Cuál era su
nombre? Ni siquiera lo recordaba… Solo sabía que era un estúpido y que había
jodido nuestra relación.
Aunque Bella no tenía
porque enterarse…
Actualidad
BellaPov.
Mis ojos no daban crédito a lo que veía.
Varias fotografías de “MI esposo”
junto con una maldita perfectamente rubia a su lado, ambos tan desnudos como
Dios los trajo al mundo y besándose, aparentemente, apasionadamente. No tenía
idea de quién era ella y aunque su cara se me hacía conocida, no logré saber de
dónde. Aunque realmente me importaba poco y nada, saber quién diablos era ella.
No quería pensar en ello, no quería
pensar en nada.
Lo único que quería era que todo fuera una pesadilla y despertarme junto
a Edward, abrazándome y diciéndome que solo había sido eso, un espantoso sueño,
que él estaba allí y que me amaba.
Pero obviamente eso no iba a
pasar.
La historia se repetía
para mí, pero esta vez era muy diferente. Esta vez realmente dolía...
Me
desplomé en la mullida alfombra de la sala y lloré como hace años no lloraba
para tratar de aliviar el espantoso dolor en el medio de mi pecho, tratando de
que el nudo que tenía en la garganta y me impedía respirar con normalidad, se
fuera.
Intenté
calmarme tomando bocanadas de aire, pensando en los hermosos momentos vividos
con mi hija para poder distraerme y así tranquilizarme, pero nada servía.
No sé cuánto
tiempo pasó. ¿Segundos? ¿Minutos? ¿Horas? Realmente no lo sé. Mis músculos
estaban abarrotados y mi garganta y mis ojos secos por el llanto.
Con un
suspiro resignado, me levanté.
Tomé nuevamente el dichoso sobre para guardar las malditas fotos, sin
molestarme en ver el resto, una ya decía
y lastimaba lo suficiente.
Las tomé y en cuanto lo hice, un papel meticulosamente doblado se
deslizó de ellas.
Luego de una respiración profunda lo abrí.
.
"¿Qué es lo que se siente cuando la persona a quien más amas te
cambia por otra?
Ojo por ojo, Bello Cisne"
T.
Me desconcertó por completo la última oración, aunque sin dudas podía
responder a su pregunta sin pensarlo siquiera, dolía.
Dolía como la mierda, como si una
parte de ti te fuese arrancada, como si miles de espinas fueran clavadas en tu
corazón.
Me sentía decepcionada y engañada. Es imposible describir con exactitud
la inmensidad de ese dolor, no podía compararlo con algo que hubiese sentido
antes.
Sí, había sido engañada con anterioridad, pero aquella vez fue más rabia
que dolor. El amor que le tenía a Jacob era un amor de hermanos, me había
molestado más que me haya ocultado algo así, que el engaño. Así que después del
incidente, seguimos siendo los mejores amigos como si nada hubiese pasado y
siempre podía contar con él para lo que sea. Nuestra relación nunca había sido
real como la que tenía con Edward.
¿Dónde había quedado el Edward que conocí? ¿El hombre que desde la
primera vez que lo vi me robo el aliento, que luego de dos meses de salir me había
robado el corazón completamente y no mucho después me pedía que pasáramos el
resto de nuestras vidas juntos?
¿Acaso ya no existía? ¿Alguna vez fue real, o solo fue una ilusión,
producto de una mala jugada de mi
enamorado corazón?
Mi cerebro trabajaba a mil por
hora, cuestionándose millones de cosas. Intentando adivinar qué fue lo que pasó
y qué llevo a esto. Una parte de mí tenía una ligera idea y la culpable era yo.
¿Cuántas veces me había jurado amor? Miles, tal vez millones, pero... ¿Cuántas
de esas veces lo sentía en verdad?
Me invadió otro ataque de llanto en el momento en que la pregunta "¿Alguna
vez sintió realmente algo por mí?"
La idea de que yo no era lo suficiente buena para él me había
atormentado desde el mismo momento en que comenzamos a salir, pero había
disminuido con el paso del tiempo. Y ahora amenazaba con volver con más intensidad que antes.
Una parte de mí lo sabía, él era demasiado hombre para estar con alguien
tan simple como yo. Ella sí lo era, tenía que admitirlo, la
señorita 90-60-90 rubia era hermosa al igual que él...
Genial, la Bella insegura después de pasar años de vacaciones estaba de
vuelta, pero debía impedir que se quedara. Debía levantar la cabeza y luchar,
no podía permitir encerrarme en una habitación por meses, llorando por alguien
que no me quería y tal vez nunca me quiso.
Me levanté y fui hacia la cocina llevando el sobre con las asquerosas fotografías
conmigo. Miré el reloj que se encontraba en la pared, él no tardaría en llegar.
No tenía idea de cómo iba a actuar en cuanto llegaba, obviamente iba a
enfrentarlo pero la cuestión era: ¿Cómo?
Tal vez debía dejarlo que creyera que todo estaba bien, ver hasta qué
punto llegaba su cinismo y de repente soltarle la bomba.
O más bien, podría enfrentarlo directamente, tirarle las fotos en la
cara, tomar alguna de mis cosas y de mi hija e irme. Porque si de algo estaba
segura, era que no podía seguir en esta casa, no podía seguir con él, me había
lastimado demasiado y una traición no es algo que perdonaría.
La decisión estaba tomada, iba a optar por la segunda opción. Lo enfrentaría y luego me iría.
Subí a mi habitación y tome un pequeño bolso para poner las cosas
indispensables para pasar la noche y algunas cosas de mi hija.
Observé la preciosa foto de nuestra boda sobre la mesa de noche y sin
siquiera pensarlo, en un acto impulsivo, la tomé y después de derramar unas
lágrimas en ella, la arrojé contra la pared.
Planeaba pasar esta noche en el departamento de Jake, él era el único con el que podría hablar
sin tener que ocultarle información y llorar sin escuchar quejas.
Por la mañana temprano iría por Vanessa a la casa de Carlisle y Esme y
nos marcharíamos con mi padre.
Pensaba quedarme con él hasta que consiguiera un lugar donde pudiera
vivir con Nessie. De ninguna forma iba a quedarme en esta casa, ni siquiera
quiero pensar quien estuvo aquí...
Bajé nuevamente a la cocina, me senté en uno de los bancos y con mi
cabeza entre mis manos me permití volver a llorar y replantearme la situación.
El sonido de un auto aparcando me distrajo de mis cavilaciones.
Unos minutos después oí el sonido de la puerta principal abrirse.
En cuestión de segundos, el cuento de hadas donde creía que vivía se
desplomaba delante mis ojos...
.
.
.
.
Edward aparcó frente a
la gran casa. Apagó el coche y se dirigió con una enorme sonrisa hacia la
puerta. Estaba ansioso por verla y pasar lo que quedaba del día y el siguiente.
La había echado tanto te menos estas últimas horas.
Cuando estaba a punto
de poner la llave en el cerrojo, un auto al que no conocía estaba aparcado al
lado de su casa y un extraño movimiento en los árboles alrededor de esta, lo
distrajeron de su tarea.
Debido a su emoción, le
restó importancia.
En cuanto ingresó a su
amado hogar, le extrañó no oír nada. Fue hasta la cocina y estaba seguro de que
la encontraría allí porque ella amaba cocinar. Pero lo que vio cuando llegó, lo
heló por completo.
Una Isabella mirándolo
con los ojos hinchados de tanto llorar y que transmitían “¿Odio? ¿Rencor?” se
preguntó.
¿Qué es lo que le
había pasado?
Con el corazón en la
boca pensando en qué era lo que la puso así, se acercó con paso decidido a ella para abrazarla y
consolarla pero algo que jamás se hubiese pensado que ocurriría, pasó. Ella lo
detuvo.
—No. No quiero que te
acerques, no quiero que me toques —dijo con una débil y quebrada voz. Tratando de contener las lágrimas que
amenazaban por salir nuevamente sin control.
—Bells, ¿Qué…? ¿Qué es
lo que sucede? —Quería caminar hasta ella y abrazarla, pero su cuerpo no
respondía, el rechazo de ella lo había shockeado.
— ¿Hace cuánto tiempo
me mientes, Edward? —Bella sabía que no estaba siendo coherente, pero poco le
importaba.
—No sé a qué te
refieres… —“Si lo sabes” le decía a gritos su subconsciente. Pero él no quería
creerlo. No era posible de que ella se enterará.
Bella deslizó el sobre
hacia él por encima de la mesada, jamás separando sus ojos llenos de odio de
los de él. La Bella luchadora había ganado la lucha contra la pobre, inocente y
crédula de baja autoestima. Se había prometido a sí misma no dejarse intimidar
ni manipular por el cobrizo. Edward miró dicho objeto confundido.
—Ábrelo.
— ¿Qué…? ¿Qué es lo
que hay aquí?
—Solo mira, Edward. —Estaba
a punto de perder el control y empezar a gritar, pero logró contenerse. Ponerse
a gritar no era lo que quería. Así no llegarían a ningún lado.
Presintiendo lo que se
iba a encontrar dentro, contuvo el
aliento y miró su contenido.
Palideció al instante
en que su cerebro proceso la primera imagen. “¿Cuándo demonios Tanya había
tomado aquellas fotos?” No recordarlo,
no lo sorprendió ya que nunca recordaba con exactitud lo que pasaba en aquellos
encuentros…
—Bella, yo no…—Estaba
totalmente petrificado, su cerebro no respondía a sus órdenes. Una parte de él
sabía que esto pasaría. “Las mentiras tarde
o temprano son descubiertas. Más temprano que tarde.” como siempre le decía
su padre. Ahora estaba corroborando en carne propia eso.
—No trates de negar lo
obvio. ¿Por qué, Edward? ¿Por qué?
—Ni siquiera sé… —Se
pasaba las manos desesperadamente por su ya revuelto cabello—. Tú, estabas tan
distante, te enojabas por todo. No lo sé.
Lo único que sé es que fui un estúpido…
Perdón Bells.
Nuevas lágrimas
amenazaban por abandonar los ojos de Bella sin control alguno. Esta resopló
frustrada. “¿Perdón?, eso no está en mis
planes.”
— ¿Hace cuánto?
Suspiró resignado,
pellizcándose el puente de la nariz con sus dedos. Estaba decidido iba a
contarle todo lo que ella quisiese saber. ¿Qué sentido tenía seguirle ocultando
cosas? Ya todo se había ido por el caño.
—Unos cuatro meses
atrás…—Fue su respuesta con una voz quebrada, el resultado de saber lo que
pasaría. Ella no iba a perdonarlo, se
iría y él no podría hacer nada. Aunque, no pensaba rendirse nunca.
— ¿La sigues viendo?
—No, ya no, hace meses
que no. Fue un error, un gran y estúpido error. Perdón, Bella, perdón.
Bella negó suavemente
con la cabeza. No importaría cuantas veces él le pidiera perdón.
—Ahora lo entiendo… Él
día en el prado, todos esos perdones. ¿Eran por esto?
—Eran por todo…
Realmente lo siento, nunca debió haber pasado…
—Perdonarte no está en
mis planes —le cortó.
—Dicen que el
verdadero amor perdona... —Replicó en apenas un susurro.
—El verdadero amor no
traiciona, Edward —destacó con lágrimas en los ojos y la voz quebrada por el
llanto contenido— Sé que no estábamos pasando un buen momento, pero estoy
segura de que podíamos haberlo solucionado en ese entonces. Realmente intenté
arreglarlo cuando me di cuenta de mis errores, creí que íbamos por buen camino
y luego… nada. Esa noche de tu ascenso si no te dije nada por llegar tan tarde,
fue porque confiaba en ti y creí que las horas se te habían ido sin darte
cuenta al estar pasando un buen rato con un amigo… O como hace tres meses
atrás, pensé que esos miles de perdones que escuche salir de tu boca eran por
no haber hablado antes, no sé, por cualquier otra cosa.
—Tú también pudiste
haber hablado...
—Pero, ¿por haberte
enrollado por un tiempo con otra? Jamás —Bella negó suavemente con
incredulidad. Se sentía de alguna forma estúpida— ¿Sabes por qué? —Continuó
ella ignorándolo, no tenía sentido ahora explicarle el porqué de su mal humor.
Edward negó con la
cabeza débilmente.
— ¡Porque te amo
idiota! ¡Porque confiaba en ti ciegamente! Porque jamás me hubiese esperado
algo así de ti… No quiero ni pensar en que pasaba luego de nuestras discusiones
años atrás.
Aquello para el cobrizo fue como si un balde
de agua fría cayera sobre él. Había sido tan estúpido al haber traicionado esa enorme confianza que
ella tenía en él, hasta tal punto que ella pensaba que él la había engañado en
sus seis años de matrimonio.
—No, Bella. Yo jamás,
no...
— ¡No me interesa,
Edward! —gritó frustrada y cerró los ojos durante unos segundos para calmarse—.
Eso ya no importa.
— ¿Ya no importa? ¿Qué
va a pasar ahora? ¿Qué hay de nosotros? ¿Qué pasa con nuestra hija? —preguntó
abatido, con lágrimas en los ojos.
No quería perderla, le
dolía de solo pensarlo. “Lo hubieses
pensado antes de continuar con aquella
locura y mintiéndole, idiota” interfirió su subconsciente.
Vivía por ella, su día
comenzaba y terminaba con ella. Sus años juntos fueron perfectos, pero los
últimos tres meses, sin dudas, fueron los mejores de su vida. Incluso habían
planteado la idea de tener otro hijo. Lo que él no sabía, era que Isabella
antes de ver esas fotos iba a comprobar sus dudas sobre un embarazo.
—Ya no hay un nosotros
Edward. —Una solitaria lágrima rodó por la mejilla de él, pero la apartó
rápidamente con su puño y ella no se percató de aquello.
—Acabas de decirme que
me amas Bells, yo también…
No quería escucharlo, eso terminaría de acabar
con ella. Si dejaba que continuará le costaría horrores volver a levantarse de
esta caída.
—Ese incondicional
amor que te tengo, ya no sirve de nada si no confió en ti.
—Bells... —resopló
frustrado.
—Déjame terminar...
Edward, una relación sin confianza no funciona. No pienso pasar en vela las
noches en que hagas guardias en el hospital pensando si realmente estas ahí o
revolcándote con cualquier otra zorra. Y no solo heriste mi corazón, sino que
también destrozaste la confianza en mí misma que tanto me había costado
recuperar. Me hiciste sentir como si no valiera nada como mujer. Lo nuestro no
va más, fue... Bueno mientras duró, al menos para mí.
Edward ya no pudo contener las lágrimas y un
sollozo se escapó de su boca, deseaba decirle que para él también lo fueron
pero no podía hablar. Quería golpearse por haber sido tan idiota. Isabella al
verlo llorar estuvo a punto de retirar todo lo dicho y abrazarlo diciéndole que
todo estaba bien, pero no. Ella debía permanecer firme a su idea, requirió de
toda su fuerza interna para no bajar los brazos ahora y llorar.
—En cuanto a tus
preguntas, ya te imaginas cual es mi respuesta a sobre nosotros. Esta noche me
quedare en la casa de Jake y mañana iré por Vanessa a la casa de tus padres. Luego me quedaré con ella en la casa de mi
padre hasta que consiga un lugar donde podamos vivir las dos...
La determinación y
seguridad con que ella lo dijo destruyó más a Edward, él sabía que cuando ella
se planteaba algo no había forma de hacer que cambiara de opinión, la conocía
como a la palma de su mano. La había perdido. En estos momentos él estaba
comprobando en carne propia el famoso dicho "Nadie
sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Con una pequeña corrección, él
si sabía lo que tenía, pero no supo cuidarlo. Resignado, se obligó a cesar su
llanto para poder hablar.
—Quédate con la casa,
yo me iré... —propuso con voz ronca.
—No. —“Absolutamente,
NO” se dijo a sí misma—. No podría, no logro dejar de pensar que tal vez también
estuviste con ella aquí.
Isabella sabía que debía
irse de inmediato. Si no se marchaba ahora,
iba a terminar llorando nuevamente y no era lo que ella quería, se había
prometido a sí misma ser fuerte y lo haría.
Era tiempo de
decirle adiós a la Isabella tonta, crédula, débil y con la autoestima por el
piso. Una nueva Isabella Cull...Swan estaba naciendo.
—Jamás estuvo aquí... —susurró.
—No me interesa. Me
voy, supongo que tendrás noticias de mi abogado. El único contacto que
tendremos será por Vanessa, ella no tiene por qué sufrir por...
—Porque fui un
estúpido. —Completó su frase.
Sin prestarle atención
comenzó a caminar con el pequeño bolso que había preparado hacia la salida.
—Por favor Bells,
intentémoslo. Sé que juntos lograremos salir de esta.
Él quería intentarlo
de cualquier modo. Si antes había decidido respetar sus decisiones y dejarla ir
ahora había mandado a volar esos pensamientos. Él quería recuperarla, e iba a
hacer cualquier cosa con lograrlo.
—Belli Bells, por favor.
Hagámoslo por Nessie.
—No metas a la niña en
esto, Edward... Mañana vendré a buscar el resto de las cosas con Jake.
—Bella...
—Les deseo lo mejor,
en verdad...
— ¿Qué? No, nosotros
no... Bells.
Se detuvo a un paso de
la puerta y se giró hacia él.
—Fue solo una estúpida
aventura, ni siquiera se... No estábamos en el mejor momento y ¡Diablos! No
logro saber porqué lo hice, tú estabas tan distante, te enojabas conmigo por
todo. Perdón, Bella, por favor.
— ¿Perdón? Já. Tal vez
con el tiempo te perdoné, pero, ¿Volver a confiar? Lo dudo realmente, te lo
repito, sin confianza una relación no es posible.
Era cuestión de segundos para que ambos
rompieran a llorar. Bella giró sobre sus pies e hizo girar la perilla de la
puerta, estaba lista para irse.
—Adiós Edward.
Y salió, sin mirar
atrás; no sin antes escuchar la voz angelical de Edward mientras la puerta se
cerraba diciendo...
—También fue perfecto
para mí. Te amo.
Y salió, sin mirar
atrás. Subió a su auto y entre lágrimas fue a buscar a su mejor amigo. Aquel
que siempre estuvo para ella cuando lo necesitaba. Aunque pensando, lo que
realmente necesitaba era un abrazo de su madre. Deseó con todas sus fuerzas que
ella estuviera allí con ella y no al otro lado del océano. Obviamente no podía
recurrir a su madre postiza, a pesar de la complicidad que ellas compartían,
Bella creía que no debía involucrarla en esta situación.
Llegó a la casa de
Jacob sin siquiera darse cuenta. Este se
asustó al verla en un estado tan deplorable y solo atinó a hacerla entran en su
casa y abrazarla.
—Pequeña, ¿Estás bien?
¿Qué fue lo que paso? ¿Dónde está Edward?
—Se terminó, Jake. Lo dejé… —Apenas pudo decir entre sollozos que
pronto se convirtieron en un incesante llanto.
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