sábado, 6 de julio de 2013

Capítulo 2: "El final del cuento de hadas" (Parte 2) ~Returning to Trust.


Cuatro meses atrás…
Otro estúpido día, sentado detrás del escritorio en mi consultorio sin nada que hacer, debido a que llegué una hora y media antes.
¿El motivo? Escapar de casa y mi, últimamente demasiada exasperante, esposa.
La amaba, sí, más que a mi propia vida. Pero últimamente discutíamos por cualquier cosa, todo lo que yo hacía estaba mal, nuestras conversaciones eran breves y un continuo e incómodo silencio reinaba entre nosotros.  No sabía que ocurría con ella.
Nuestro contacto físico desde hace unas pocas semanas era nulo y si pasábamos un buen momento era junto a nuestra hermosa hija. Quería solucionar esto, sabía que íbamos a solucionarlo, la amo y me niego a perderla, así como también sabía que marcharme antes era estúpido y no ayudaría.  Pero, ¿qué más podía hacer? Si me quedaba en casa, seguramente terminaríamos peleando y el problema empeoraría. Pero si no lo hablábamos, también. Estoy totalmente jodido.
Llevábamos seis años de matrimonio, casi siete y a pesar de que teníamos discusiones, nunca habíamos llegado hasta este punto.
La extrañaba demasiado, extrañaba sentir su calor, despertarme abrazado a ella, sentir sus suaves labios sobre los míos o simplemente pasar tiempo el uno con el otro sin tener que discutir por cualquier cosa... Aunque debía admitir que esos no eran los únicos motivos, también estaba nuestra hija, ella necesitaba una familia unida para poder crecer feliz.
 Había pasado una hora pensando en cómo arreglar todo, cuando unos golpes en la puerta me sacaron de mis cavilaciones.

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— ¿Si?
—Edward, ¿puedo? —preguntó mi amigo Eleazar, asomando la cabeza por la puerta.
—Claro, Eleazar. Adelante.
Él, era uno de mis mejores amigos e increíblemente, hermano de mi antipático decrépito jefe. ¿Por qué increíble? Eleazar era todo lo contrario al viejo. Ambos compartían la dirección del hospital. Eleazar era el que siempre socializaba con sus empleados, pasábamos grandes ratos juntos y siempre tuvimos una buena relación. En cambio, Aro que parecía odiarme, jamás salía de su oficina y si lo hacía era para fastidiarme. No sé a qué venía ese odio, pero me daba igual. Aunque algunos afirmaban que era porque él tenía una enemistad con mi padre. Algo raro, ya que Eleazar y mi padre mantenían una buena relación.
— ¿Todo en orden? —Asentí—. Okay, si tú lo dices… — ¿Tanto se notaba? —En fin, esto va a sonar raro, pero mi hermano quiere verte en su oficina y no parece estar enojado.
— ¿Qué? —pregunté con incredulidad.
—Ya te dije, es raro, está de buen humor. O al menos eso parece… Si fuera tú, no tardaría en ir.
Me levanté de mi asiento, como alma que lleva el diablo y me encaminé por los pasillos, dirigiéndome al despacho de mi peor pesadilla y oyendo la risa del  que se hacía llamar mi amigo.
Me encontraba parado frente a la impotente y antigua puerta hecha de madera de roble, como un idiota. Dos pasos me separaban de esta,  dos pasos que no me animaba a dar por miedo a no saber lo que me esperaba ahí dentro.
“Tú puedes Cullen, no seas marica”.  
Respiración profunda.
Uno, dos, tres golpes decididos en la vieja madera.
Un “Adelante”.
Una puerta abrirse.
Mis ojos se toparon con una despampanante rubia de ojos dorados y largas pestañas, que llevaba una pollera tubo hasta la mitad de sus muslos, junto con una camisa ajustada que resaltaba sus curvas y unos zapatos de muerte que me robó el aliento… “¿Dónde están yendo tus pensamientos, Cullen? ¡Estás casado!  ¡Amas a tu esposa!
El carraspeo del viejo sentado tras su escritorio, desvió mi atención de la vista de las interminables piernas de la rubia.
—Buenos días, Edward — ¡Woah!, en verdad estaba de buen humor—. Debes estar preguntándote para qué te he llamado… ¿No es verdad?
—Buenos días.  Así  es señor Volturi.
—Toma asiento, por favor. Hija, ¿serías tan amable de dejarme unos minutos a solas con el Sr. Cullen?
—Claro. —La rubia se despidió, brindándome una sonrisa “¿Seductora?” a la cual me encontré devolviéndole. “¿Qué demonios me pasaba?”
—Ahora, volviendo a lo nuestro… Edward, no eres mi persona favorita en el mundo, pero mi hermano confía en ti y tengo muy buenas referencias tuyas… — ¿Qué? ¿A dónde quería llegar con esto?— Voy a ir al grano. Quiero retirarme y mi puesto no puede quedar vacío. Debe ser ocupado por alguien de confianza, y que sé que no va a fallar. Por eso pensé en ti. Sé que formarás un gran equipo con mi hermano.
— ¿Usted me está pidiendo que…?
—Sí, Sr. Cullen, quiero que tome mi puesto como director. —No-lo-creo Así que… ¿Qué dice?
— ¡Sí! —Uh, oh, demasiado entusiasmo Cullen, pareces un niño—. Quiero decir, sería un honor señor.
—En unos días tendré listos los papeles. Espero que no me falle Sr. Cullen.
—No lo haré señor.
Estrechamos nuestras manos y salí.
Conociéndome, debía tener una gran y estúpida sonrisa en mi rostro. Llegar a la dirección del hospital, nunca fue mi sueño, solo quería ayudar a las personas. No había mejor sensación que la de ayudar a quien lo necesita. Es tan gratificante, esa fue una de las razones por la cual había elegido esta profesión.
Regresé a mi oficina. Tenía que llamar a Bella y darle la buena noticia.
Me despatarré en el sofá con mi celular en la mano. Tecleé rápidamente su número y… nada.
“Hola, soy Bella. En este momento no puedo atenderte. Te devolveré la llamada en cuanto pueda. Deja tu mensaje después del tono.
—Hey Bells, soy Edward. Tengo una gran noticia que contarte. Nos vemos esta noche en casa. Te amo.
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Por supuesto que no hablamos.                                                                                                                                Ella llegó tarde a casa y se fue directamente a la cama. Algo andaba mal, lo sabía, y ella no quería decírmelo. Tenía una ligera sospecha de que se trataba de su empresa. Pero no iba a presionarla. Si quería contármelo, lo haría.
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A la mañana siguiente, al fin pudimos tener una conversación normal. No me escapé como el cobarde que era, me levanté antes que ella e hice el desayuno. Volvería a empezar este día una y otra vez con tal de volver a ver su sonrisa al verme esa mañana.  Le conté con alegría mi ascenso durante el desayuno y me respondió con una enorme sonrisa y un cariñoso y efusivo abrazo. Al parecer, su buen humor estaba de vuelta.
¡Cuánto había extrañado eso!
No habíamos vuelto a lo de antes, pero estaba seguro de que de a poco íbamos a lograrlo. Haría lo que fuera necesario.
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Hoy, dos días después de la gran noticia, me encontraba nuevamente en la oficina que pronto sería mía.
Aro convocó a todos a una junta, donde fue anunciada mi ascendencia a la presidencia del hospital.
Este día prometía ser espectacular. Lo supe en el momento en que fui levantado con un gran desayuno en la cama hecho por las dos mujeres que más amaba en este mundo y que, sin ellas, mi vida no tenía sentido.
Tenía planeado salir temprano y prepararle una gran sorpresa a Bella, me parecía la ocasión perfecta para solucionar las cosas del todo. Iba a llamar a mi madre para que se llevara a Nessie esta noche con ellos…
Pero al parecer, mi amigo no tenía esos planes…
— ¡Vamos, Edward! Tienes que celebrarlo. Solo serán unas copas y luego vas a casa a ser feliz con tu esposa.
—No sé, Eleazar...
—Solo un trago con tu viejo amigo, lo prometo.
—Pero…
—Solo uno.
—No me gusta salir, hace años que no tomo.
—Cullen —Se estaba enojando. No me iba a quedar otra que acceder.
— ¡Está bien, está bien! —Dije con resignación, levantando las manos en signo de rendición—. Déjame arreglar unas cosas.
Levantó el puño en signo de victoria, como un estúpido adolescente. Ganándose una rodada de ojos de mi parte.
Llamé a mi madre, quien inmediatamente accedió a pasar una noche con su adorada nieta. Tenía todo pensado, iba a tomar solo un trago, volvería a casa e improvisaría algo para Bells.  Me había llamado luego de que terminase la llamada con la primera, avisándome que llegaría un poco más tarde. Perfecto.
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Ese trago se convirtió en tres más… No estaba ebrio, si veía algo nubloso, pero seguía en mis sentidos. Al menos, podría conducir a casa. Hacía siglos que no tomaba, no debí haber accedido. Sabía que no estaba en condiciones de beber más de uno, pero Eleazar hacía que rellenaran nuestras copas cada vez que quedaban vacías. No niego que necesitaba esto, un buen rato, riendo con un amigo sin ningún tipo de preocupación.
El teléfono de él sonando. Una rápida disculpa y él yéndose.
Una rubia que se me hacía familiar sentándose a mi lado. Un raro movimiento del barman, del que no estaba seguro si había visto bien.
—Hola —Asentí con la cabeza por cortesía, apenas mirándola— ¿Tu eres Edward Cullen? —La miré confundido, levantando una ceja en su dirección a modo de interrogación—. Soy Tanya…—Al ver que yo no parecía reaccionar, añadió tendiéndome la mano. —Nos vimos en la mañana, en la oficina de mi padre…
— ¡Oh!, sí. Hola. —Estreché su mano. Ahora la recordaba, la rubia de las piernas infernales. Aleja esos malditos pensamientos de tu cabeza, Cullen.
¿Quieres un trago? —inquirió tendiéndome una copa.
—No, gracias. Ya me iba.
—Vamos Edward. Me tomé el atrevimiento de pedirlo para ti. Compartamos un trago y conozcámonos un poco.
— ¿Perdón? Lo siento, soy casado.
—Es una lástima. —Parecía ¿decepcionada?— Pero ¡Vamos! Como amigos, ya que vamos  a trabajar por un tiempo juntos.
— ¿Disculpa? — ¿De qué demonios me hablaba? No entendía nada y el exceso de alcohol en mi sistema, no cooperaba mucho.
— ¿Mi padre no te lo ha dicho? —Negué con la cabeza— Su secretaria, bueno ahora tu secretaría, Heidi, va a tomarse unos días y voy a reemplazarla.
— ¡Oh!…—Fue la respuesta más inteligente que se escapó de mi boca. El viejo se había olvidado de informarme sobre ese pequeño detalle.
—Y… ¿Qué dices? ¿Aceptas un trago… como amigos?
Un trago más no va a matarme… solo este y vuelves a casa.
—Está bien. —Accedí tomando la copa de sus manos…
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Me desperté desorientado. En una cama y un cuarto que no me correspondían. Las paredes parecían de un rojo intenso y las sábanas eran negras. Supuse que me encontraba en un cuarto de hotel transitorio. Estaba oscuro y no tenía idea de la hora, pero sabía que aún era de noche debido a la luz del alumbrado público que se filtraba por las persianas de una ventana. Sentí algo removerse a mi lado. No me había percatado de esa presencia antes.
No tenía idea de cómo Bella y yo, habíamos llegado a este lugar. Seguramente ella había ido por mí al pub, pero cuando me percaté de que ambos estábamos desnudos, dejó de importarme. Me incorporé un poco para poder encender el velador que se encontraba a mi lado y poder observar con claridad a mi amada esposa.
Me giré con esa intención, pero cuando fijé mis ojos en aquella figura femenina de cabellos rubios... Un momento...
 ¡Mierda, mierda, mierda!
No era Bella, la mujer que dormía a mi lado no era mi esposa. ¿Quién demonios era ella? ¿Qué había hecho yo?
Tomar alcohol hasta perder la cabeza y engañar a tu mujer con una zorra. Me gritó mi subconsciente. No recordaba casi nada de la noche anterior.  Solo tenía vagos recuerdos… Mi visión seguía siendo nublosa.
¿Por qué no lograba recordar nada?, ¿Por qué lo había hecho? ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Qué hora era?
Según el precario reloj colocado sobre la mesita de luz, eran las 3:00 AM. Bella debía estar preocupada, iba a matarme y yo la dejaría. No dejaba de preguntarme por qué había sido tan idiota.
¿Frustración? No lo creo, las cosas con Bella estaban mejorando. No le veía sentido a eso. Sabía que tarde o temprano los problemas serían solucionados. Quería morirme, que un hoyo se abriera en el medio de la habitación y me tragara. Me odiaba. Me sentía sucio y decepcionado de mí mismo. Había roto mi promesa de serle fiel. Había jodido nuestra relación por un maldito revolcón con vaya a saber quién.
La rubia, se dio la vuelta dejándome ver su cara. Empeorando más la situación si eso era posible.
¡Alguien que me mate, por favor! Deseaba que alguien me dijera que todo esto fue una pesadilla y que yo no traicioné a la mujer que más amo, con la hija de mi jefe. ¿Cuál era su nombre? Ni siquiera lo recordaba… Solo sabía que era un estúpido y que había jodido nuestra relación.
Aunque Bella no tenía porque enterarse…


Actualidad
BellaPov.
Mis ojos no daban crédito a lo que veía.
 Varias fotografías de “MI esposo” junto con una maldita perfectamente rubia a su lado, ambos tan desnudos como Dios los trajo al mundo y besándose, aparentemente, apasionadamente. No tenía idea de quién era ella y aunque su cara se me hacía conocida, no logré saber de dónde. Aunque realmente me importaba poco y nada, saber quién diablos era ella.
 No quería pensar en ello, no quería pensar en nada.
Lo único que quería era que todo fuera una pesadilla y despertarme junto a Edward, abrazándome y diciéndome que solo había sido eso, un espantoso sueño, que él estaba allí y que me amaba.
 Pero obviamente eso no iba a pasar.
La historia se repetía para mí, pero esta vez era muy diferente. Esta vez realmente dolía...
Me desplomé en la mullida alfombra de la sala y lloré como hace años no lloraba para tratar de aliviar el espantoso dolor en el medio de mi pecho, tratando de que el nudo que tenía en la garganta y me impedía respirar con normalidad, se fuera.
Intenté calmarme tomando bocanadas de aire, pensando en los hermosos momentos vividos con mi hija para poder distraerme y así tranquilizarme, pero nada servía.
No sé cuánto tiempo pasó. ¿Segundos? ¿Minutos? ¿Horas? Realmente no lo sé. Mis músculos estaban abarrotados y mi garganta y mis ojos secos por el llanto.
Con un suspiro resignado, me levanté.
Tomé nuevamente el dichoso sobre para guardar las malditas fotos, sin molestarme  en ver el resto, una ya decía y lastimaba lo suficiente.
Las tomé y en cuanto lo hice, un papel meticulosamente doblado se deslizó de ellas.
Luego de una respiración profunda lo abrí.
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"¿Qué es lo que se siente cuando la persona a quien más amas te cambia por otra?
Ojo por ojo, Bello Cisne"
T.
Me desconcertó por completo la última oración, aunque sin dudas podía responder a su pregunta sin pensarlo siquiera, dolía.
Dolía como la mierda,  como si una parte de ti te fuese arrancada, como si miles de espinas fueran clavadas en tu corazón.
Me sentía decepcionada y engañada. Es imposible describir con exactitud la inmensidad de ese dolor, no podía compararlo con algo que hubiese sentido antes.
Sí, había sido engañada con anterioridad, pero aquella vez fue más rabia que dolor. El amor que le tenía a Jacob era un amor de hermanos, me había molestado más que me haya ocultado algo así, que el engaño. Así que después del incidente, seguimos siendo los mejores amigos como si nada hubiese pasado y siempre podía contar con él para lo que sea. Nuestra relación nunca había sido real como la que tenía con Edward.
¿Dónde había quedado el Edward que conocí? ¿El hombre que desde la primera vez que lo vi me robo el aliento, que luego de dos meses de salir me había robado el corazón completamente y no mucho después me pedía que pasáramos el resto de nuestras vidas juntos?
¿Acaso ya no existía? ¿Alguna vez fue real, o solo fue una ilusión, producto de una mala jugada  de mi enamorado corazón?
 Mi cerebro trabajaba a mil por hora, cuestionándose millones de cosas. Intentando adivinar qué fue lo que pasó y qué llevo a esto. Una parte de mí tenía una ligera idea y la culpable era yo.
¿Cuántas veces me había jurado amor? Miles, tal vez millones, pero... ¿Cuántas de esas veces lo sentía en verdad?
Me invadió otro ataque de llanto en el momento en que la pregunta "¿Alguna vez sintió realmente algo por mí?"
La idea de que yo no era lo suficiente buena para él me había atormentado desde el mismo momento en que comenzamos a salir, pero había disminuido con el paso del tiempo. Y ahora amenazaba con volver  con más intensidad que antes.
Una parte de mí lo sabía, él era demasiado hombre para estar con alguien tan simple como yo. Ella sí lo era, tenía que admitirlo, la señorita 90-60-90 rubia era hermosa al igual que él...
Genial, la Bella insegura después de pasar años de vacaciones estaba de vuelta, pero debía impedir que se quedara. Debía levantar la cabeza y luchar, no podía permitir encerrarme en una habitación por meses, llorando por alguien que no me quería y tal vez nunca me quiso.
Me levanté y fui hacia la cocina llevando el sobre con las asquerosas fotografías conmigo. Miré el reloj que se encontraba en la pared, él no tardaría en llegar. No tenía idea de cómo iba a actuar en cuanto llegaba, obviamente iba a enfrentarlo pero la cuestión era: ¿Cómo?
Tal vez debía dejarlo que creyera que todo estaba bien, ver hasta qué punto llegaba su cinismo y de repente soltarle la bomba.
O más bien, podría enfrentarlo directamente, tirarle las fotos en la cara, tomar alguna de mis cosas y de mi hija e irme. Porque si de algo estaba segura, era que no podía seguir en esta casa, no podía seguir con él, me había lastimado demasiado y una traición no es algo que perdonaría.
La decisión estaba tomada, iba a optar por la segunda opción.  Lo enfrentaría y luego me iría.
Subí a mi habitación y tome un pequeño bolso para poner las cosas indispensables para pasar la noche y algunas cosas de mi hija.
Observé la preciosa foto de nuestra boda sobre la mesa de noche y sin siquiera pensarlo, en un acto impulsivo, la tomé y después de derramar unas lágrimas en ella, la arrojé contra la pared.
Planeaba pasar esta noche en el departamento de  Jake, él era el único con el que podría hablar sin tener que ocultarle información y llorar sin escuchar quejas.
Por la mañana temprano iría por Vanessa a la casa de Carlisle y Esme y nos marcharíamos con mi padre.
Pensaba quedarme con él hasta que consiguiera un lugar donde pudiera vivir con Nessie. De ninguna forma iba a quedarme en esta casa, ni siquiera quiero pensar quien estuvo aquí...
Bajé nuevamente a la cocina, me senté en uno de los bancos y con mi cabeza entre mis manos me permití volver a llorar y replantearme la situación.
El sonido de un auto aparcando me distrajo de mis cavilaciones.
Unos minutos después oí el sonido de la puerta principal abrirse.
En cuestión de segundos, el cuento de hadas donde creía que vivía se desplomaba delante mis ojos...
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Edward aparcó frente a la gran casa. Apagó el coche y se dirigió con una enorme sonrisa hacia la puerta. Estaba ansioso por verla y pasar lo que quedaba del día y el siguiente. La había echado tanto te menos estas últimas horas.
Cuando estaba a punto de poner la llave en el cerrojo, un auto al que no conocía estaba aparcado al lado de su casa y un extraño movimiento en los árboles alrededor de esta, lo distrajeron de su tarea.
Debido a su emoción, le restó importancia.
En cuanto ingresó a su amado hogar, le extrañó no oír nada. Fue hasta la cocina y estaba seguro de que la encontraría allí porque ella amaba cocinar. Pero lo que vio cuando llegó, lo heló por completo.
Una Isabella mirándolo con los ojos hinchados de tanto llorar y que transmitían “¿Odio? ¿Rencor?” se preguntó.
¿Qué es lo que le había pasado?
Con el corazón en la boca pensando en qué era lo que la puso así, se acercó  con paso decidido a ella para abrazarla y consolarla pero algo que jamás se hubiese pensado que ocurriría, pasó. Ella lo detuvo.
—No. No quiero que te acerques, no quiero que me toques —dijo con una débil y quebrada  voz. Tratando de contener las lágrimas que amenazaban por salir nuevamente sin control.
—Bells, ¿Qué…? ¿Qué es lo que sucede? —Quería caminar hasta ella y abrazarla, pero su cuerpo no respondía, el rechazo de ella lo había shockeado.
— ¿Hace cuánto tiempo me mientes, Edward? —Bella sabía que no estaba siendo coherente, pero poco le importaba.
—No sé a qué te refieres…   —“Si lo sabes” le decía a gritos su subconsciente. Pero él no quería creerlo. No era posible de que ella se enterará.
Bella deslizó el sobre hacia él por encima de la mesada, jamás separando sus ojos llenos de odio de los de él. La Bella luchadora había ganado la lucha contra la pobre, inocente y crédula de baja autoestima. Se había prometido a sí misma no dejarse intimidar ni manipular por el cobrizo. Edward miró dicho objeto confundido.
—Ábrelo.
— ¿Qué…? ¿Qué es lo que hay aquí?
—Solo mira, Edward. —Estaba a punto de perder el control y empezar a gritar, pero logró contenerse. Ponerse a gritar no era lo que quería. Así no llegarían a ningún lado.
Presintiendo lo que se iba a encontrar  dentro, contuvo el aliento y miró su contenido.
Palideció al instante en que su cerebro proceso la primera imagen. “¿Cuándo demonios Tanya había tomado aquellas fotos?”  No recordarlo, no lo sorprendió ya que nunca recordaba con exactitud lo que pasaba en aquellos encuentros…
—Bella, yo no…—Estaba totalmente petrificado, su cerebro no respondía a sus órdenes. Una parte de él sabía que esto pasaría. “Las mentiras tarde o temprano son descubiertas. Más temprano que tarde.” como siempre le decía su padre. Ahora estaba corroborando en carne propia eso. 
—No trates de negar lo obvio. ¿Por qué, Edward? ¿Por qué?
—Ni siquiera sé… —Se pasaba las manos desesperadamente por su ya revuelto cabello—. Tú, estabas tan distante, te enojabas por  todo. No lo sé. Lo único que sé es que fui un estúpido…  Perdón Bells.
Nuevas lágrimas amenazaban por abandonar los ojos de Bella sin control alguno. Esta resopló frustrada. “¿Perdón?, eso no está en mis planes.”
— ¿Hace cuánto?
Suspiró resignado, pellizcándose el puente de la nariz con sus dedos. Estaba decidido iba a contarle todo lo que ella quisiese saber. ¿Qué sentido tenía seguirle ocultando cosas? Ya todo se había ido por el caño.
—Unos cuatro meses atrás…—Fue su respuesta con una voz quebrada, el resultado de saber lo que pasaría. Ella no iba  a perdonarlo, se iría y él no podría hacer nada. Aunque, no pensaba rendirse nunca.
— ¿La sigues viendo?
—No, ya no, hace meses que no. Fue un error, un gran y estúpido error. Perdón, Bella, perdón.
Bella negó suavemente con la cabeza. No importaría cuantas veces él le pidiera perdón.
—Ahora lo entiendo… Él día en el prado, todos esos perdones. ¿Eran por esto?
—Eran por todo… Realmente lo siento, nunca debió haber pasado…
—Perdonarte no está en mis planes —le cortó.
—Dicen que el verdadero amor perdona... —Replicó en apenas un susurro.
—El verdadero amor no traiciona, Edward —destacó con lágrimas en los ojos y la voz quebrada por el llanto contenido— Sé que no estábamos pasando un buen momento, pero estoy segura de que podíamos haberlo solucionado en ese entonces. Realmente intenté arreglarlo cuando me di cuenta de mis errores, creí que íbamos por buen camino y luego… nada. Esa noche de tu ascenso si no te dije nada por llegar tan tarde, fue porque confiaba en ti y creí que las horas se te habían ido sin darte cuenta al estar pasando un buen rato con un amigo… O como hace tres meses atrás, pensé que esos miles de perdones que escuche salir de tu boca eran por no haber hablado antes, no sé, por cualquier otra cosa.
—Tú también pudiste haber hablado...
—Pero, ¿por haberte enrollado por un tiempo con otra? Jamás —Bella negó suavemente con incredulidad. Se sentía de alguna forma estúpida— ¿Sabes por qué? —Continuó ella ignorándolo, no tenía sentido ahora explicarle el porqué de su mal humor.
Edward negó con la cabeza débilmente.
— ¡Porque te amo idiota! ¡Porque confiaba en ti ciegamente! Porque jamás me hubiese esperado algo así de ti… No quiero ni pensar en que pasaba luego de nuestras discusiones años atrás.
 Aquello para el cobrizo fue como si un balde de agua fría cayera sobre él. Había sido tan estúpido al  haber traicionado esa enorme confianza que ella tenía en él, hasta tal punto que ella pensaba que él la había engañado en sus seis años de matrimonio.
—No, Bella. Yo jamás, no...
— ¡No me interesa, Edward! —gritó frustrada y cerró los ojos durante unos segundos para calmarse—.  Eso ya no importa.
— ¿Ya no importa? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué hay de nosotros? ¿Qué pasa con nuestra hija? —preguntó abatido, con lágrimas en los ojos.
No quería perderla, le dolía de solo pensarlo. “Lo hubieses pensado antes  de continuar con aquella locura y mintiéndole, idiota” interfirió su subconsciente.
Vivía por ella, su día comenzaba y terminaba con ella. Sus años juntos fueron perfectos, pero los últimos tres meses, sin dudas, fueron los mejores de su vida. Incluso habían planteado la idea de tener otro hijo. Lo que él no sabía, era que Isabella antes de ver esas fotos iba a comprobar sus dudas sobre un embarazo.
—Ya no hay un nosotros Edward. —Una solitaria lágrima rodó por la mejilla de él, pero la apartó rápidamente con su puño y ella no se percató de aquello.
—Acabas de decirme que me amas Bells, yo también…
 No quería escucharlo, eso terminaría de acabar con ella. Si dejaba que continuará le costaría horrores volver a levantarse de esta caída.
—Ese incondicional amor que te tengo, ya no sirve de nada si no confió en ti.
—Bells... —resopló frustrado.
—Déjame terminar... Edward, una relación sin confianza no funciona. No pienso pasar en vela las noches en que hagas guardias en el hospital pensando si realmente estas ahí o revolcándote con cualquier otra zorra. Y no solo heriste mi corazón, sino que también destrozaste la confianza en mí misma que tanto me había costado recuperar. Me hiciste sentir como si no valiera nada como mujer. Lo nuestro no va más, fue... Bueno mientras duró, al menos para mí.
 Edward ya no pudo contener las lágrimas y un sollozo se escapó de su boca, deseaba decirle que para él también lo fueron pero no podía hablar. Quería golpearse por haber sido tan idiota. Isabella al verlo llorar estuvo a punto de retirar todo lo dicho y abrazarlo diciéndole que todo estaba bien, pero no. Ella debía permanecer firme a su idea, requirió de toda su fuerza interna para no bajar los brazos ahora y llorar.
—En cuanto a tus preguntas, ya te imaginas cual es mi respuesta a sobre nosotros. Esta noche me quedare en la casa de Jake y mañana iré por Vanessa a la casa de tus padres.  Luego me quedaré con ella en la casa de mi padre hasta que consiga un lugar donde podamos vivir las dos...
La determinación y seguridad con que ella lo dijo destruyó más a Edward, él sabía que cuando ella se planteaba algo no había forma de hacer que cambiara de opinión, la conocía como a la palma de su mano. La había perdido. En estos momentos él estaba comprobando en carne propia el famoso dicho "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Con una pequeña corrección, él si sabía lo que tenía, pero no supo cuidarlo. Resignado, se obligó a cesar su llanto para poder hablar.
—Quédate con la casa, yo me iré... —propuso con voz ronca.
—No.“Absolutamente, NO” se dijo a sí misma—. No podría, no logro dejar de pensar que tal vez también estuviste con ella aquí.
Isabella sabía que debía irse de inmediato. Si no se marchaba ahora,  iba a terminar llorando nuevamente y no era lo que ella quería, se había prometido a sí misma ser fuerte y lo haría.
Era tiempo de decirle adiós a la Isabella tonta, crédula, débil y con la autoestima por el piso. Una nueva Isabella Cull...Swan estaba naciendo.

—Jamás estuvo aquí... —susurró.
—No me interesa. Me voy, supongo que tendrás noticias de mi abogado. El único contacto que tendremos será por Vanessa, ella no tiene por qué sufrir por...
—Porque fui un estúpido. —Completó su frase.
Sin prestarle atención comenzó a caminar con el pequeño bolso que había preparado hacia la salida.
—Por favor Bells, intentémoslo. Sé que juntos lograremos salir de esta.
Él quería intentarlo de cualquier modo. Si antes había decidido respetar sus decisiones y dejarla ir ahora había mandado a volar esos pensamientos. Él quería recuperarla, e iba a hacer cualquier cosa con lograrlo.
—Belli Bells, por favor. Hagámoslo por Nessie.

—No metas a la niña en esto, Edward... Mañana vendré a buscar el resto de las cosas con Jake.
—Bella...
—Les deseo lo mejor, en verdad...
— ¿Qué? No, nosotros no... Bells.
Se detuvo a un paso de la puerta y se giró hacia él.
—Fue solo una estúpida aventura, ni siquiera se... No estábamos en el mejor momento y ¡Diablos! No logro saber porqué lo hice, tú estabas tan distante, te enojabas conmigo por todo.  Perdón, Bella, por favor.
— ¿Perdón? Já. Tal vez con el tiempo te perdoné, pero, ¿Volver a confiar? Lo dudo realmente, te lo repito, sin confianza una relación no es posible.
 Era cuestión de segundos para que ambos rompieran a llorar. Bella giró sobre sus pies e hizo girar la perilla de la puerta, estaba lista para irse.
—Adiós Edward.
Y salió, sin mirar atrás; no sin antes escuchar la voz angelical de Edward mientras la puerta se cerraba diciendo...
—También fue perfecto para mí. Te amo.
Y salió, sin mirar atrás. Subió a su auto y entre lágrimas fue a buscar a su mejor amigo. Aquel que siempre estuvo para ella cuando lo necesitaba. Aunque pensando, lo que realmente necesitaba era un abrazo de su madre. Deseó con todas sus fuerzas que ella estuviera allí con ella y no al otro lado del océano. Obviamente no podía recurrir a su madre postiza, a pesar de la complicidad que ellas compartían, Bella creía que no debía involucrarla en esta situación.
Llegó a la casa de Jacob sin  siquiera darse cuenta. Este se asustó al verla en un estado tan deplorable y solo atinó a hacerla entran en su casa y abrazarla.
—Pequeña, ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que paso? ¿Dónde está Edward?

—Se terminó, Jake.  Lo dejé… —Apenas pudo decir entre sollozos que pronto se convirtieron en un incesante llanto.

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