Capítulo 1
Pov Bella.
...
Es increíble como de un momento a otro las cosas pueden llegar a cambiar. Como un insignificante pedazo de papel puede destrozarte el alma y desgarrarte el corazón. Sí, increíble, pero posible…
.
.
.
.
Bajé mi bolígrafo y revisé dos
veces lo escrito, bueno parecía que todo estaba perfecto.
Me dirigí hacia la mesa del profesor y dejé mi
examen, mi último examen para al fin conseguir graduarme y cumplir mi sueño de
tener mi título en administración de empresas.
Me sentía realmente orgullosa
de mí misma por haber logrado mi objetivo y mantener mí beca en los años que
duraba mi carrera en la Universidad de Seattle.
Salí del salón mucho más
relajada de lo que había entrado, para encontrarme con mi mejor amiga, que más
que una amiga, era la hermana que siempre quise tener.
Alice Cullen, 1,50 metros de
puro sentido por la moda y alegría.
Con el pelo negro cortado por
encima de los hombros y sus puntas en millones de direcciones distintas, una
diminuta nariz y unos ojos verdes que brillaban cada vez que pasaba por una
boutique.
Ella es hija de uno de los
mejores médicos del estado de Washington, Carlisle Cullen y Esme Platt, una
reconocida decoradora de interiores y organizadora de eventos.
Allie, como yo la llamo, estaba
también dando su último examen y habíamos quedado en encontrarnos en nuestro
habitual lugar, la biblioteca.
Hacia allí me dirigía cuando
una voz, la más hermosa que había escuchado en mi vida, llamó mi atención.
—Disculpe señorita, ¿podría
indicarme donde se encuentra ubicada la biblioteca?
Me giré para responderle y si
su voz me parecía la más hermosa de todo el planeta, él era el hombre más hermoso del jodido universo.
No debía pasar los 25 años. Era
alto, de aspecto desgarbado con unos perfectos ojos de color verde enmarcados
por unas gruesas y largas pestañas.
Y su cabello de un extraño
color cobrizo con sus mechones en diferentes direcciones, que le daba un
aspecto rebelde y desaliñado. Ni hablar de su boca, debía hacer maravillas con
ella... ¿De dónde había salido ese pensamiento? En fin, si esto es un sueño no
quiero despertar.
El extraño carraspeó para
llamar mi atención haciendo que dejara de comérmelo con los ojos y respondiera
a su pregunta la cual, por comportarme como una adolescente hormonada, olvidé.
— ¿Pe-Perdón?— ¿Por qué estas tartamudeando
como una idiota, Bella? ¡Céntrate Swan! Vas a quedar en ridículo. Me regañé.
—Si por favor podría indicarme
el camino hacia la biblioteca —contestó, tratando de reprimir una sonrisa.
Genial, se está burlando de mí.
—Cla-claro. De hecho me dirigía
hacia allí a esperar a alguien. — ¿Qué hago ahora? ¡Preséntate Swan!— Por
cierto, Soy Isabella. Puedes llamarme Bella.
—Un hermoso nombre para una
hermosa chica —dijo con una sonrisa torcida que te quitaba el aliento.
Tendiéndome su mano, añadió—: Soy Edward. Un placer conocerte Bella.
En el instante en que nuestras
manos se chocaron, sentí una corriente eléctrica recorrerme de la cabeza a los pies y traté de disumular un
estremecimiento, rompiendo nuestro contacto cuando nuestros ojos se cruzaron.
En el momento en el que eso
pasó, me sentí vacía y sola, como si una
parte de mí se hubiera ido junto con el contacto de su suave mano.
Comencé a caminar en dirección
a nuestro destino e hice un gesto con la mano para que me siguiera.
Hicimos nuestro camino en un
incómodo silencio y no pude evitar mirarlo de reojo durante todo el camino,
había algo en sus facciones que me resultaban conocidas, demasiado conocidas.
No podía mirarlo por mucho
tiempo, ya que la mayoría de las veces, él me pillaba observando y solo se
dedicaba a sonreírme y yo me ruborizaba a más no poder.
—Bueno aquí es... Yo... Iré a
sentarme mientras espero —dije señalando la gran escalera que llevaba hacia la
enorme biblioteca.
¿Por qué me ponía tan nerviosa
en su presencia? En fin, aquí terminaba todo. Dudaba volver al verlo alguna vez
más. Seguro venía a buscar a su novia, un hombre así no estaría solo.
—Bueno... Fue un gusto Edward.
— ¿Puedo hacerte compañía?
También espero a alguien... —Genial, lo sabía. De seguro esperaba a su novia.
Decepción, fue lo que
sentí al pensar eso. Decepción y un sentimiento casi desconocido para mí,
celos. Jamás me había sentido tan celosa y mucho menos de alguien que no me
pertenecía y acababa de conocer.
Ese sentimiento me descolocó
por completo. Ya lo analizaría más tarde, ahora Edward esperaba una respuesta.
Asentí, sentándome en uno de
los últimos escalones y palmeando el lugar vacío a mi lado para que se sentara.
—Aquí, no muerdo. — ¿¡Qué!?
¿Por qué diablos dije eso? Me ruboricé de pies a cabeza y me disculpé, por
supuesto tartamudeando, ganándome el premio a la más idiota del año—. Lo-Lo siento.
No tengo ni la más mínima idea porqué dije eso. Yo...
—No te preocupes —Me cortó—, pero en lo de morder, habla por ti. Puede que
a mí me guste hacerlo—. Me guiñó el ojo y me dedicó una de sus sonrisas
torcidas que al parecer eran la especialidad de la casa.
No puede evitar reírme a
carcajadas y luego de unos segundos, él también se unió a mis risas.
Cuando por fin pudimos parar de
reír, fue Edward el que inició una conversación.
—Así que... ¿Estudias aquí? —enarqué
una ceja en su dirección, a modo de "¿Y tú qué crees?"— Okey, esa fue
una pregunta idiota —dijo riéndose— ¿Qué estudias?
—Acabo de dar mi último examen
para poder tener mi título en administración de empresas —contesté sin poder
evitar el orgullo en mi voz. Desde que era chica que me fascinaban los números
y la economía. — ¿Y tú?
—Estoy recién llegado de
Oxfordshire, en Inglaterra. Me gradué hace unos días como médico cirujano en la
universidad de Oxford y tuve la suerte de ser becado. Llegué a tiempo para la
graduación de mi hermana, ella estudia enfermería aquí. Se podría decir que
todos seguimos "El negocio familiar"—explicó con una risita— Es a
quién espero y a la que voy a matar si sigue retrasándose, no me malinterpretes,
no es que no me agradé tu compañía, a decir verdad realmente me gusta estar
contigo. Pero tengo asuntos que resolver.
¿Dijo que le agradaba mi
presencia? Estoy que exploto de felicidad. Un momento ¿Asuntos importantes?
— ¿Cómo ver a tu novia?, lo
entiendo —No puedo lograr entender el porqué dije eso en voz alta.
Edward se vio por un momento sorprendido,
pero luego me dedicó una de sus famosas sonrisas "marca registrada".
—No tengo novia. Al menos no aún.
Otra punzada de decepción me
atacó, así como un ataque de celos más fuerte que el anterior, dirigido a la
que sería la afortunada. Porque si de algo estaba segura, esa no sería yo.
Simplemente no estoy a su altura. Él es perfecto, por decirlo de una manera y
yo solo soy una chica "normal". Nada fuera de lo común, delgada,
pálida —demasiado para mi gusto—, ojos marrones y pelo castaño y rizado.
Éramos dos polos totalmente opuestos, al menos
en la parte física.
Sí, lo sé, tengo un pequeño problema de
autoestima.
Esto es debido a mi "mejor
amigo" de toda la vida, Jacob, con el que en nuestra adolescencia,
habíamos decidido emprender una relación que duró lo mismo que un suspiro.
Debido a que él conoció a alguien de quién quedó perdidamente enamorado y con
ese alguien lo encontré en su cama un día que fui a su casa sin avisar, luego
de una gran discusión que habíamos tenido.
Dolió y mucho, no porque amara
a Jacob, si le tenía mucho aprecio, prácticamente habíamos crecido juntos;
dolió que me mintiera y ocultara algo así, yo lo hubiese entendido.
Pero lo que más me afecto fue
el ser remplazada por un hombre, sí, mi mejor amigo es gay. Fue un gran golpe
para mi autoestima.
Después de eso no volví a salir
con nadie, nunca nadie había llamado demasiado mi atención, hasta ahora.
Edward interrumpió mis
cavilaciones iniciando una conversación.
—Bueno y... ¿Qué tal te va con
tu novio? —Esto sí que no me lo esperaba.
— ¿Pe-per-perdón?
— ¿Cómo van las cosas con tu
afortunado novio? Es a quién estás esperando ¿No?
—Emm...Yo, yo no... No tengo novio. No salgo
con nadie… — ¿Podría ser esto más vergonzoso?
—Estoy realmente sorprendido.
¿Puedo preguntar cómo diablos es posible que una chica tan preciosa como tú se
encuentre sola?
Por supuesto que esto podía ser
más vergonzoso. Si antes tenía dudas sobre eso ya habían desaparecido. Mi cara
pasó por todos los tonos de rojos habidos y por haber.
Traté de esconderme agachando
la cabeza para que mi cabello cubriera mi sonrojada cara. Pero Edward lo
impidió levantando mi barbilla con uno de sus dedos. Pero aun así, no lo miré a
los ojos.
—Oye Bella, mírame —Automáticamente
obedecí sin siquiera pensarlo, maldito subconsciente traidor que no pudo
resistirse a esa voz autoritaria, pero suave y tierna al mismo tiempo— ¡Hey! no
tienes de que avergonzarte. Eres una mujer muy hermosa. —Todavía enganchada de
su hipnótica mirada, me atreví a decirle.
—Tú… tú también eres muy
hermoso.
Edward sonrió y se inclinó más
hacia adelante, dejando escasos centímetros de distancia entre nuestros cuerpos.
¿En qué momento nos acercamos tanto?
Justo cuando él iba a acortar
la poca distancia que había entre nuestros labios, sentimos a alguien aclararse
la garganta a nuestras espaldas. Maldije a quién quiera que sea que interrumpió
ese momento.
Juré que si se trataba del
acosador de Mike Newton, que no entendía que no iba a salir con él ni aunque
fuera el último hombre sobre la faz de la tierra, iba a patear su trasero hasta
que no pudiera sentarse por una larga temporada.
Al girarme, me encontré con una
eufórica Alice que parecía que en cualquier momento iba a explotar de felicidad,
conociéndola era cuestión de segundos para que se pusiera a aplaudir dando
saltitos.
—Veo que al fin se conocen —anunció
con una gran sonrisa.
Ambos nos miramos extrañados y
luego dirigimos nuestra atención directo hacia ella.
—Alice, ¿lo conoces? —inquirí.
—Claro. ¿Qué clase de persona
sería si no conociera a mi hermano? — ¡QUÉ!— Bueno, veo que no se han
presentado como corresponde. —Bien, ahora si estaba totalmente desorientada.
—Bella, este con el que estabas
a punto de besarte, es mi hermano Edward Cullen. Edward, ella es mi mejor amiga
y por lo que acabo de ver mi futura cuñada, Isabella Swan, mejor conocida como
Bella.
— ¿Tú eres su hermano? —me
dirigí hacia Edward.
—Sí, supongo que sí —respondió
con una de sus famosas sonrisas. Ahora entendía porque sus facciones se me
hacían conocidas. Edward era ese hermano del que Allie no dejaba de hablar
nunca.
No me había dado cuenta de que
había dejado de respirar hasta que la pequeña duende me lo dijo.
—Respira Bells, no voy a
montarte una escenita por casi besar a mi hermano. No me molestaría que fueras
parte de mi familia, ya te quiero como una hermana. —Iba a matar al molesto
duende por hacerme poner más roja de lo que ya lo estaba e interrumpir el que
podía haber sido el mejor beso de mi vida.
—A mí tampoco me molestaría que
fuera parte de la familia —murmuró casi imperceptiblemente Edward. Con esas
simples palabras, que dudo el haya querido que alguien escuchará, mi corazón
dio un vuelco.
—Oigan, debo irme. Pero antes…
Bella, ¿Qué te parecería salir esta noche? —Sin darme tiempo a responder,
continuó—: Paso por ti a las ocho. —Al parecer la efusividad era algo hereditario.
Antes de irse, se despidió de
su hermana con un rápido beso en la mejilla, luego se volvió hacia mí para besar la comisura de mis labios y se fue...
.
.
.
En cuanto pisé la entrada del departamento que compartíamos con Allie,
entré en pánico.
¡Por Dios! No sabía qué
demonios iba a ponerme ¿¡Cómo saber que vestir si no tenía ni la más mínima
idea de a dónde íbamos a ir!?
Tampoco sabía si realmente
quería ir. “Vamos Swan, ¿A quién quieres engañar? Por supuesto que quieres ir”.
En momentos así, odiaba a mi subconsciente.
Mi pequeño problema de no saber
que ponerme, desapareció cuando Alice apareció en la puerta de mi habitación
con dos cajas. La miré interrogante.
—Lo compré hace un tiempo para
tí. En caso de que decidieras aceptar a alguno de tus admiradores o que
surgiera un evento especial. En este caso, se trata de las dos.
Enarqué una ceja.
—Mi hermano es uno de tus
admiradores desde que le mostré una foto tuya la última vez que nos vimos y
bueno, esto definitivamente es considerado una ocación especial... ¿Por qué no
echas un vistazo?
¿Acaso Edward sabía de antemano
quién era yo?
— ¡Alice Cullen, no tan rápido!
Tienes medio segundo para explicarme como demonios tu hermano sabía de mi
existencia. —exigí.
—Vamos Bells, no hay tiempo
para explicaciones ahora. —Mi cara pareció cambiar su opinión porque en menos
de un microsegundo, comenzó a hablar:
—Okey, te lo diré. En las
últimas vacaciones en familia, Edward tomó mi celular para molestarme y como
fondo de pantalla había una foto nuestra, la vio y quiso saber, lo digo
textualmente, "Quién es la hermosa morena a tu lado". Le conté sobre
ti y quedó fascinado, quería conocerte e ideamos un plan... Supongo que sabes
cuál era. —No sabía si agradecerle o matarla por, de alguna forma, llevar a
cabo su amenaza de que si no empezaba a salir con alguien por mi cuenta, ella
se iba a encargar de mis citas.
— ¿Qué piensas, Bella? Me estoy
impacientando.
—No sé si agradecerte o
matarte.
—Si esto sale bien, deberías
agradecerme. Realmente creo que va a funcionar. —Si el duende lo decía… La
enana parecía ser psíquica, siempre que decía algo, de alguna extraña forma se cumplía.
A veces daba miedo—. ¡Vamos Bells! El tiempo vuela, tienes que arreglarte, ¿puedes
abrir las cajas de una vez?
—Okey, okey —contesté con
resignación abriendo las cajas.
Una de ellas contenía un
hermoso vestido azul ceñido hasta la cintura y que se ensanchaba solo un poco
desde las caderas hacia más debajo de las rodillas.
En la otra caja, había unas
sandalias plateadas que se ataban con unas finas tiras en los tobillos y lo que
era aun mejor, no pasaban los 3 centímetros de alto.
Soy una persona que vive más en
el suelo que sobre sus pies. Me es imposible caminar por una superficie plana
sin encontrar algo con lo que tropezarme.
Me maquillé solo un poco y recogí mi pelo en
una coleta hacia un costado, dejándolo caer sobre mi hombro derecho en forma de
suaves ondas.
Me enfundé el vestido y estaba
lista para salir. Tomando mi cartera, giré el pomo de la puerta y salí. Como él
había dicho, a las ocho en punto estaba esperando en la sala, charlando con una
efusiva Alice.
—Estás hermosa. —Fue lo primero
que me dijo cuando puse un pie en su campo de visión, por supuesto, haciendo que
me ruborizará. Él llevaba puesto unos pantalones de traje con una chaqueta a
juego y una camisa blanca que se adhería a sus tallados músculos.
Cuando levanté mi mirada hacia
su cara, me miraba con una de sus sonrisas “Marca Cullen”. Arrogante.
— ¿Vamos? —Asentí y salimos.
Me abrió la puerta de su
flamante Volvo plateado como todo un caballero y rápidamente se dirigió al
asiento del conductor.
Todo el camino estuvimos
conociéndonos, haciéndonos preguntas básicas hasta que aparcó frente a un
magnífico restaurante Italiano llamado “IlBistro”.
Continuamos con nuestras
preguntas mientras cenábamos. Nos reímos a más no poder de mis anécdotas sobre
mis caídas y las suyas sobre los casos más idiotas que vivió durante sus
prácticas en el hospital.
Descubrimos que teníamos muchas
más cosas en común de lo que, al menos yo, había imaginado que tendríamos. Como
yo, adoraba la música clásica y los buenos libros.
Luego de cenar, me llevó de
vuelta a casa.
Estacionó frente al edificio y
se bajó para abrirme la puerta. Cuando bajé, me puse frente a él que luego de
cerrar la puerta se apoyó contra su auto. Nos miramos a los ojos en silencio
por un momento, no era un silencio incómodo, era simplemente perfecto. Edward
fue quién lo rompió primero.
—De verdad, esta fue una
estupenda noche. Gracias Bella, espero volver a verte. Eres maravillosa.
—Sí, también fue magnífica para
mí. Gracias a ti, Edward.
— ¿Te…? ¿Te llamo luego?
—Okey. —Me acerqué para besar su mejilla pero en un
rápido movimiento, él me tomó de mis mejillas apoyó sus labios en los míos
suavemente.
Me besó de una manera como
nadie me había besado jamás. Nos
separamos cuando ambos necesitamos tomar aire. Nos miramos y sonreímos.
—Nos vemos preciosa. Que tengas
dulces sueños —dijo besándome brevemente una vez más. Me giré camino hacia el
departamento y antes de entrar, lo vi marcharse…
.
.
.
.
.
.
6 Años despúes...
Era un día especial, al fin saldría de dudas. Aunque de
alguna forma sabía el resultado, necesitaba una confirmación de mis sospechas.
Hace tiempo no me sentía tan feliz...
Todo estaba cayendo de nuevo en su lugar habitual.
Edward había vuelto a ser el mismo que era antes. Nuestra
hija crecía saludablemente. Y hoy, confirmaría si mi sospecha de embarazo era
cierta.
Ya habían pasado casi tres
meses desde que mi esposo me había llamado desde el hospital donde
trabajaba, pidiéndome que me preparara, debido a que en unos minutos estaría de
vuelta en casa e íbamos a salir.
Mentiría si dijera que esa llamada no me sorprendió en
absoluto, teniendo en cuenta que desde hace casi dos meses apenas me dirigía la
palabra.
Tenía planeado hablar con él y preguntarle cuál era su
problema.
Una parte de mí sabía que yo tenía algo de culpa en todo esto.
Uno de los más grandes clientes de mi
empresa, me había dado serios problemas debido a un mal entendido que hubo con
uno de mis contadores… un verdadero dolor de cabeza. Llegaba a casa totalmente
cansada y de muy mal humor. ¿Las consecuencias de esto? Discusiones por,
literalmente, cualquier cosa con Edward. Llegábamos a decirnos cosas bastantes
hirientes pero por suerte pude solucionar esto.
Tácitamente, le pedí perdón por mi absurdo comportamiento.
La noticia de su ascenso ayudó a que mi cambio de
comportamiento comenzará. Creí que estábamos volviendo a ser el matrimonio
feliz que éramos… pero no. Ahora el del comportamiento extraño era él. Las
peleas durante la semana volvieron, aunque no tan fuertes como antes.
Todos los días me levantaba con ese propósito, pero nunca
era posible debido a que sus guardias en el hospital comenzaron a ser más
largas y el poco tiempo que pasaba en casa, lo compartía con nuestra hija
Vanessa, o como él la apodó, Nessie.
Ya no me despertaba con dulces besos, ni susurrándome cosas
lindas al oído para saber que se iba. Cuando me despertaba, él ya se había ido
o tenía demasiada prisa como para ponerse a hablar.
Ya no pasábamos las noches de los sábados juntos, mirando
películas a las que en realidad ninguno de los dos les prestaba atención, ya
que pasábamos el tiempo besuqueándonos como si fuéramos dos adolescentes hasta
que terminábamos tirados en la cama, solo envueltos por las sábanas como era
nuestra costumbre. En vez de eso, salía con un nuevo amigo del trabajo al que
yo ni siquiera conocía.
Eso me parecía muy raro, a él no le gustaba salir de
noche y mucho menos esas noches que eran solamente nuestras.
Un pensamiento desagradable se cruzó por mí mente pero lo
desterré enseguida. No, mi Edward no era así. Yo confiaba en él. Él me amaba.
Me senté en uno de los cómodos sillones de nuestra sala y
me puse a revivir los hermosos momentos que pasamos ese día...
#Flash Back#
Me levanté a las
ocho como era habitual en mí, por más que hoy no tuviera
que trabajar. Tenía la esperanza de encontrar a mi esposo a mi lado y
pedirle las explicaciones que hace tiempo intentaba pedirle, cosa que fue en
vano, porque ya se había marchado.
Había decidido
tomarme unas muy merecidas vacaciones, después de unos meses realmente
ajetreados en la empresa, para así poder disfrutar tiempo de calidad con mi
adorada hija de cuatro años.
Amaba a esa niña con todo mi ser. Desde que
llegó a nuestras vidas no hizo más que traer alegría a nuestro hogar, sus
enormes ojos marrones junto con su carácter, era lo único que había sacado de mí,
en lo demás era una mini Edward en versión femenina.
Me levanté con un
suspiro y me dirigí a la ducha. Luego de una hora de un relajante baño, fui
hacia la cocina y me puse a preparar el desayuno para mí y Nessie. En eso
estaba cuando sentí alguien abrazar mis piernas y un "Buenos días
mami" con aquella vocecita suave y encantadora que tanto adoraba.
—Buenos días bebé ¿Cómo dormiste? —le pregunté girándome y dejando un sonoro beso en
su regordeta mejilla.
— ¡Súper ben! Soñé que tenía un hermano pequeñito.
¿Puedo tener uno? Papi me dijo que tenía el nu-número de la cigüeña y que
cuando quisiera uno le dijera a él. — ¡¿Qué?! Me
ahogué con el café que estaba tomando y comencé a toser asustando a Vanessa—. ¿Estás bien mami? —Asentí,
sin todavía poder hablar.
Iba a matar a Edward. No es que no quisiera
tener otro bebé, me fascinaba la idea de un pequeño Edward, pero
definitivamente por cómo estaban las cosas, este no era el momento. Quizás más
adelante. O tal vez jamás podamos... ¡No Bella, deja de ser tan negativa! Todo
estará bien, es cuestión de tiempo, de hablar las cosas como los adultos que
son...
— ¿Quieres desayunar? —le
pregunté para disuadirla.
— ¡Sipidipi mami!
Desayunamos entre
bromas, dejando totalmente de lado el tan delicado tema hasta que mi teléfono
celular nos interrumpió.
Sabía quién era,
sin siquiera tener que fijarme en el identificador ya que sonaba esa canción
que tantas veces me había dedicado "I'll be your lover, too" de
Robert Pattinson.
Antes de retirarme
hacia la sala, le dije a mi hija que terminará con su desayuno y que enseguida
volvía con ella.
— ¿Hola?
—Hola Amor ¿cómo estás? — ¿Totalmente
en shock porque hace años no me llamabas así...? Mmm, esa no era una buena
forma de entablar una conversación.
—Este, bien... emm... ¿Y tú?
—Ahora que escucho tu voz, bien —Por favor, solo pido no estar soñando—. Bells ¿te apetecería que pasemos todo el día de
hoy juntos? Como antes, solo nosotros dos.
—Perdón ¿qué? —No
pude disimular la sorpresa en mi voz. Edward rió.
— ¿Querrías pasar el día de hoy conmigo? Solo tú y
yo.
¿Tendría al fin la
oportunidad de aclarar los tantos con él? Esta podría ser mi oportunidad y no
iba a perderla.
—Y… ¿y qué hay de Vanessa?
—Está todo arreglado. Mi madre va a pasar por ella
en media hora ¿podrías tenerla lista para entonces?
—Puedo saber ¿a qué se debe esto?
Edward bufó. ¿Qué
quería, que después de dos meses apenas saludarme, aceptará salir con él, así
como si nada?
— ¿Necesito una excusa para pasar un buen rato con
mi esposa? Hace tiempo que no hacemos algo juntos. —Luego
de unos segundos en silencio, se oyó un suspiro del otro lado de la línea— Bella, quiero que volvamos a ser lo que éramos
antes, sé que estuve comportándome como un idiota. Todo debido a... Debido al
trabajo... Sé que debemos hablar...
—No te preocupes —le
corté— Está bien, en media hora tengo a Nessie
lista. —Mi subconsciente me miró con mala cara por haber dado mi brazo a torcer
tan pronto. ¿Qué más podía hacer?
—Okey, en una hora paso por ti. Ponte ropa cómoda...
Y Bells, te amo. —Creo que mi marido se ha
vuelto bipolar. Bipolar o no, no podía dejar de recordarle cuanto lo quería.
—También te amo, Edward. Nos vemos en un rato
supongo.
Colgué con una
sonrisa de oreja a oreja, imposible de disimular. De alguna forma lo sabía, era
cuestión de tiempo para que mi esposo volviera a ser el que era.
Regresé a la cocina,
donde la luz de mis ojos me esperaba.
— ¿Lista? —inquirí.
—Sip —respondió con
una gran sonrisa marca Cullen.
— ¿Qué dices de pasar todo el día con los abuelos
Esme y Carlisle?
— ¡Siii! ¿Puedo elegir mi ropa? Así, si me ve tía
Allie me-me felicita por com-combinar ben mis atuendos.
—Sí, mi hija era adicta a la moda como la loca de su tía.
—Claro que sí. Vamos a prepararte. La abuela Esme
estará aquí pronto.
Luego de treinta
minutos el timbre sonó y Nessie estaba lista para irse con sus abuelos.
Se apresuró a abrir
la puerta y abrazar a su adorable abuela. Quién debido al entusiasmo de la
pequeña, apenas pudo saludarme e intercambiar unas palabras y un "Te dije
que todo iba a ir bien".
Esme lo sabía todo,
era como una segunda madre para mí. Desde que mi madre se había vuelto a casar
y se marchó a Londres con su nuevo esposo Phil, Esme había “ocupado” su lugar
como confidente y consejera.
No se metía en la
relación que llevaba con su hijo, solo se dedicaba a escucharme y aconsejarme
como mujer y no como suegra.
Las despedí y
enseguida comencé a prepararme. Quince minutos después estaba lista. Él me
había dicho "ropa cómoda" así que, creo que estaba bien con unos
leggins negros, una remera mangas largas ajustada hasta los muslos color gris y
mis adoradas Converse.
Até mi cabello en una improvisada coleta y ya
estaba lista para ir a donde quiera que fuésemos a ir.
Todo lo que
necesité para terminar de ponerme nerviosa fue escuchar el sonido de su auto
aparcar frente a nuestra casa. Corrí hacia la sala a recibirlo.
En cuanto traspasó
la puerta principal, corrió hacia mí y me besó como hace tiempo no lo hacía, sin darme tiempo a nada más que responderle
con el mismo entusiasmo y entrega que él.
Cuando el beso comenzó a subir de tono, nos separamos
tratando de regularizar nuestras irregulares respiraciones. Permanecimos con
nuestras frentes pegadas, mirándonos a los ojos transmitiendo cuánto nos amábamos,
en silencio, las palabras sobraban.
—Te extrañé tanto —susurró luego de unos minutos—. Perdón,
perdón, perdón por ser tan idiota, perdón por... —Corté lo que sea que iba a
decir, con un suave beso en sus labios. No sabía exactamente por qué se
disculpaba tanto, pero ya habría tiempo para explicaciones más adelante. "Carpe Diem" la frase
que mi madre no se cansa de repetirme, disfruta el momento, eso era lo que
quería hacer.
— ¿Me esperas dos minutos a que me cambie? —No me había
percatado de que aún llevaba su uniforme, tampoco es que él me hubiera dado
tiempo de hacerlo.
—Claro —Me besó cariñosamente la mejilla y se dirijió a
nuestra habitación.
Estaba a punto de sentarme en uno de nuestros cómodos
sillones, en cuanto escuché el sonido del timbre. Fui hacia la puerta y me
sorprendí al no encontrar a nadie, solo un sobre que descubrí cuando mi mirada
fue hacia abajo. Estaba dirijido a mi nombre. No tenía remitente, lo cual me
pareció muy raro.
Lo tomé y me encaminé a la sala, con la intención de
abrirlo pero el sonido de los pasos de Edward bajando las escaleras me lo
impidió. No sabía por qué, pero no quería que él supiera de la existencia del
sobre.
Tal vez estaba siendo estúpida, pero en fin, mi
subconsciente prácticamente me gritaba que se lo ocultará y que lo abriera en
cuanto estuviese sola.
Lo escondí rápidamente debajo de uno de los almohadones del
sillón principal y me senté sobre este. Segundos después, pude sentir la presencia
de Edward en la sala.
— ¿Nos vamos ya?
Por suerte, no se
había percatado del sonido del timbre, no hubiera sabido que contestarle en
caso de que preguntará.
Me giré para encararlo y lo que vi me dejó sin aliento.
Llevaba puesto unos viejos jeans con sus Converse azules y para el agrado de mi
vista, la camiseta que yo tanto amaba, aquella que tenía la estampa con el nombre de la ciudad donde
viajamos por nuestra luna de miel hace cinco años atrás, mi amada Londres junto
con el Big Ben y el London Eye de fondo.
—Tierra, llamando a Bella.
— ¿Qué? Yo, yo... —Edward comenzó a reírse como solía hacer
cada vez que me quedaba mirando como una idiota y me olvidaba del mundo. Le
golpeé suavemente las costillas con el codo—. Okey, ya pasó el momento de
"Burlémonos de Bella". ¿Podemos irnos?
—Eso era lo que te hab… —La mirada envenenada que le dirigí
hizo que cambiará de opinión— Claro que sí. Vamos, tenemos un largo camino por
recorrer. Hicimos el camino hacia el auto tomados de la mano.
— ¿Dónde iremos? —pregunté en cuanto arrancó.
—Es una sorpresa mi pequeña Bella Bell —respondió con una
de sus famosas sonrisas. Odio las sorpresas y él lo sabe perfectamente.
—Pero...
—Odias las sorpresas, lo sé. Pero estoy seguro de que esta
va a encantarte.
.
.
No tenía ni la más pálida idea hacia donde nos dirijiamos,
hasta que empecé a reconocer el camino. Ese camino que tantas veces habíamos
recorrido, el que siempre tomábamos para ir a nuestro lugar preferido.
Aparcó a un lado del camino dónde comenzaba el sendero que
llevaba hacia el prado, que se encontraba medio escondido y solo nosotros sabíamos
cómo llegar. Como era típico de él, se apresuró a abrir la puerta y ayudarme a
salir. Recogió dos bolsos del baúl ¿en qué momento hizo esto?
—Mamá me ayudó con todo —respondió a mi pregunta no formulada, con una
gran sonrisa, mi sonrisa, esa que
tanto amaba.
Emprendimos nuestro camino tomados de las manos y en un
cómodo silencio.
Hacía tiempo que no veníamos aquí. Debido a que mi relación
con Edward no estaba pasando por un gran momento, hace ya un año que mis
temores de caer en la rutina y que él se cansara de mí, iban en aumento. Y mi
mal comportamiento en este último tiempo tampoco ayudaba. Esperaba que a partir
de hoy aminorara y todo vuelva a ser como al principio.
Mis recuerdos no le hacían justicia a la hermosura del
lugar.
El hermoso prado, un perfecto círculo en medio del bosque
adornado por miles de florecitas lilas y amarillas, que guardaba nuestros más
íntimos y preciados recuerdos como nuestra primera vez, el día que Edward me
pidió casamiento y donde se enteró que iba a ser padre por primera vez.
Edward sacó de uno de los bolsos una manta y la tendió para
que nos sentáramos.
Permanecimos acostados
y abrazados sobre el césped durante lo que pudieron ser horas, hasta que decidí
romper el silencio.
—Creo que tenemos una conversación pendiente.
—Sí, lo sé —Se
quedó pensativo y parecía estar debatiéndose a sí mismo lo que debía, o no,
decirme. Luego de unos segundos continuó, mirándome a los ojos—. Bella… Yo
sé que… me estuve comportando como un idiota contigo. Sé que te hice daño así
que te pido que me disculpes, no sé en qué estaba pensando cuando… cuando acepté trabajar más de lo debido. No
estábamos pasando un buen momento como pareja, no sé Bells. Realmente lo
siento, no sabía qué hacer. Y como el cobarde que soy huí…
—Pudiste haber hablado conmigo. Tratar de solucionar
las cosas como adultos. ¿Tienes una idea de lo mal que me sentía? —Estaba empezando a elevar la voz, iba a perder el
control y no quería eso, quería arreglar las cosas. Debía calmarme.
Tomé una respiración profunda y continué.
—Ni siquiera me dabas la oportunidad de enfrentarte.
Los pocos momentos que estabas en casa lo pasabas con Nessie y yo, yo…— No pude más, una lágrima rodó por mi mejilla y
otras miles le siguieron junto con un sollozo.
Lloré todo lo que no
había llorado en esos tres meses, los peores meses de mi vida. Me escondí en su
cuello llorando desconsoladamente, él solo se dedicó a abrazarme y susurrarme
dulces palabras.
—Lo siento princesa, lo siento. Te amo, te amo, te
amo. — No dejaba de repetir con voz temblorosa
mientras me acariciaba la espalda intentando calmarme.
—Bella, quiero solucionar esto. Quiero que estemos
bien. ¿Podrías perdonarme por... por todo? No deseo nada más que estar a tu
lado. Te amo. —Su voz sonaba quebrada ¿acaso
estaba llorando también él?
El llanto cesó y al
fin pude hablar. No sabía qué hacer, deseaba decirle
que sí, que lo perdonaba y que nos olvidaramos de todo. Pero no podía. Él debía
ganarse mi perdón.
—Edward... —Me
separé para poder mirarlo a los ojos comprobando que sí, él también estaba
llorando— Edward, te amo. No hay nada que
perdonar, necesitabas tiempo. Lo entiendo. Yo también fui estúpida. Tuve… unos
problemas en la empresa, unos grandes problemas, no quise molestarte y eso me
tenía alterada… —Al parecer, mi traicionero subconsciente
no estaba de acuerdo conmigo.
—Hubieses hablado conmigo, pude haberte ayudado… de
cualquier forma.
—Quería hacerlo sola. Quería comprobar que soy capaz
de valerme por mí misma… también debo
pedirte perdón.
—No hay nada que perdonar princesa.
Luego de nuestros tácitos
perdones, me besó con ternura, adoración, entrega y sobre todo, amor. Le
devolví el beso de igual forma. Mi esposo estaba volviendo.
—Que te haya perdonado, no significa que no quiera
matarte por el hecho de que le dijeras a nuestra hija que tenías el número de
la cigüeña —le informé, cuando nos separamos
debido a la falta de aire y cuando pude recuperar el aliento.
Edward abrió
dramáticamente los ojos con fingido miedo, seguido por una muy contagiosa
risotada. Comenzamos a reír hasta que nos saltaron lágrimas, pero esta vez de
felicidad.
—Un minuto ¿cómo te enteraste de eso? —inquirió una vez que pudimos controlar el ataque de
risa.
—Esta mañana me lo dijo mientras desayunamos, justo
antes de tu llamada. Me contó que había soñado con que tenía un hermano
pequeño, que quería uno, que tú le dijiste eso y que cuando quisiera uno te dijera
a ti.
—Pequeña traidora, era nuestro secreto —dijo con un adorable puchero. Arqueé una ceja en su
dirección.
—Soy su madre, no hay secretos entre nosotras.
—Y entonces... ¿Qué dices?
— ¿Que digo de qué?
—De tener otro hijo...
—No lo sé. Me encantaría, pero...
— ¿Pero?
—Bueno, esta mañana me lo planteé. Descarté la idea
debido a que no era nuestro mejor momento. Pero luego llamaste y aquí estamos,
intentando arreglar las cosas. Estoy un poco confundida, esto fue muy rápido.
Creo que deberimos esperar un tiempo y ver como avanzamos. No tomemos
decisiones apresuradas.
—Como digas. De todas formas, podríamos empezar a
practicar. —Lo miré incrédula— ¿Qué? Va a llevar trabajo. No va a suceder en el
primer intento.
Negué exasperada, mi hombre
no tenía remedio.
— ¿Quieres almorzar?
—Por supuesto.
Después de almolzar,
hablamos durante horas lo que no habíamos hablado durante nuestro mal tiempo.
Nos levantamos, cuando
vimos que no faltaba mucho para que comenzara a anochecer.
.
.
.
En cuanto llegamos a
casa, me sorprendió haciendo o mejor dicho, intentando hacer la cena.
Terminamos cocinando juntos, debido a su falta de habilidades culinarias.
Cenamos entre risas,
recordando nuestros mejores momentos juntos y con nuestra hija. No podía dejar
de sonreír, era imposible explicar lo feliz que me sentía. ¡Cuánto había
extrañado estar así con él!
— ¿Bailamos? —preguntó
en cuanto terminamos.
—Sabes que no sé bailar, además no tenemos música.
—Shhh. Puedo hacerte bailar e intentar cantar algo. —Me ayudó a levantarme de la mesa y me tomó en
brazos pegándome a él. Comenzó a tararear la hermosa canción que había
compuesto para mí, mientras girábamos en un intento de baile, en nuestra sala—. Te amo, jamás me cansaré de repetirte lo mucho
que significas para mí. Perdón…
—También te amo. —Le
corté— Pensé que ya habíamos dado por sentado
que no había nada que perdonar.
—Eres increíble.
Me tomó de las mejillas
y junto sus labios con los míos. El beso fue subiendo de intensidad, sus manos
viajaron a mis caderas pegándome más a él, haciéndome sentir su necesidad hacia
mí, y mis manos se fueron directamente a su cuello, enredando mis dedos en su
cabello. Sabía como íbamos a terminar, no podía negarme. No quería negarme, lo
necesitaba. Necesitaba sentirlo mío de nuevo...
#Fin del FlashBack#
Sí que se ganó su perdón completamente. Estos meses han sido
más allá que maravillosos.
Estaba cien por ciento segura de
que me encontraba sonriendo como una idiota, no me importaba, estaba sola y
nadie podía verme. A pesar de ser sábado —uno de sus días libres— hoy lo habían
llamado por una emergencia en el hospital y en menos de dos segundos ya estaba
fuera de la casa.
Nessie, como cada sábado estaba en
casa de sus abuelos, esta vez era el turno de mis adorables suegros. Ellos y mi
padre se turnaban los fines de semana para cuidarla y dejarnos tiempo de pareja
a Edward y a mí. Los domingos, cuando no teníamos los almuerzos familiares,
Nessie regresaba temprano a casa y luego de almorzar íbamos los tres al parque.
Permanecí unos largos minutos
reviviendo cada hermoso momento que pasamos los tres juntos.
Me levanté con la intención de empezar a preparar el
almuerzo, pero cuando lo hice, el almohadón donde me encontraba cayó, dejando a
la vista ese misterioso sobre que recibí tiempo atrás, del cual me había
olvidado completamente.
Suena idiota, pero le temía al sobre o más bien a su contenido.
No lograba saber porqué me asustaba tanto un pedazo de papel.
Lo tomé con manos temblorosas y luego de una profunda
respiración, lo abrí, sacando su contenido con los ojos cerrados. Conté hasta
tres y los abrí.
Lo que vi me dejó helada. Lágrimas brotaron de mis ojos sin
control alguno.
Sentía como todo se derrumbaba a mis pies.
La historia se repetía para mí, pero esta vez era muy diferente. Esta
vez, realmente dolía...
¡¿Cómo pude haber sido tan estúpida?!
No hay comentarios:
Publicar un comentario