Capítulo 3 : “Angustia
y Culpa.”
Vi a mi “enemiga”, por llamarla
de alguna forma, salir de su casa llorando, secándose las lágrimas de los ojos
con brusquedad debido a su enfado; subir a su automóvil e irse. Al parecer, mi
plan al fin había funcionado. No tenía idea de cómo después de mandarle las
fotos, se los veía más felices que nunca. Mi primer pensamiento fue “Esta mujer
debe ser realmente estúpida para dejarle pasar algo así”, o “él es un
manipulador excelente”. Mi motivo de venir hasta aquí era recordarle los
hechos. Quería saber qué pensaría ella si me veía personalmente, pero él llego
unos segundos antes de que pudiera acercarme a la puerta, arruinando mi plan. De
ninguna forma iba a hacerlo con él presente. Así que ahora me encontraba
escondida entre unos arbustos ubicados en los alrededores de la casa. Edward casi me descubre, gracias a
que la combinación: correr, tacos, césped; no era muy buena y tropecé haciendo
bastante ruido.
Ahora, luego de escuchar algunos
gritos provenientes de la gran casa, entendía el porqué seguían juntos.
Ella no se había molestado en ver
las fotografías antes, probablemente se olvidó.
Aquel día en que llamé a su
puerta, luego de que Edward entrará; a los pocos minutos ellos habían salido.
En fin, eso no me importaba. Me encontraba eufórica, al fin podía decir “Misión
Cumplida”.
Lo único con lo que no contaba,
era con enamorarme nuevamente del hombre equivocado. Alguien que no me
pertenecía y que nuevamente, estaba enamorado de ella.
Click en más información...
Edward Pov.
Quería
golpearme, una y otra vez. Me sentía una basura, lo era.
Era imposible
dejar de pasar mis manos por mi cabello de manera desesperada y pellizcarme el
puente de la nariz incesantemente.
No lograba
sacarme de la mente el dolor, odio y resentimiento que vi en sus ojos. Eso me demostraba
que la había perdido, definitivamente, por irresponsable. Lo que más me había
dolido fue ver su determinación al irse y no dejarme explicar nada de lo
sucedido. Me lo merecía, yo solo me lo gané.
Hace meses que
me sigo cuestionando por qué fui tan idiota. ¿Por qué tuve que fijar mis ojos
en Tanya?
Después de
aquella primera noche, me había jurado no volver a verla. Mi Bella estaba
volviendo y no quería arruinar las cosas otra vez. Pero tan rápido como volvió,
se fue. O mejor dicho, yo ayudé a que se fuera. Alejándome por culpa, no
sintiéndome digno de ella. Habíamos vuelto al mismo punto de no retorno de
antes. Gracias a tu estupidez, Cullen. Maldito
subconsciente.
Por tres fines
de semana fui al mismo pub, solo para tomar algo y escaparme de casa con la
excusa "voy a salir con un nuevo amigo". Todavía no sé cómo cada vez
que lo hacía despertaba junto a la rubia.
Tal vez,
inconscientemente la buscaba no a ella en sí, puede que solo la buscaba como
una forma de liberar la frustración… ¿Pero
cómo era aquello posible si las cosas con Bella pintaban ir mejor? Era lo
que día a día me preguntaba. Sea lo que sea, jamás encontraría la respuesta, ya
que todas las veces bebía a más no poder.
¿Lo raro de la situación?
Además de no recordar absolutamente nada de aquellos
encuentros, Tanya era otra persona totalmente diferente el tiempo que remplazó
a Heidi en la oficina… Apenas me dirigía la palabra —cosa que agradecía
internamente—. Jamás planeé tenerla como amante. Solo… solo pasaba. De alguna
maldita forma que no lograba recordar, siempre volvía a ella.
La pequeña, fue de gran ayuda para que yo me percatara de
mis errores. Ese día en que vino a pedirme un hermanito. Su mejor amiga había
tenido uno y ella también lo quería, me dijo con emoción y anhelo en los ojos
que quería alguien a quien pudiera cuidar, y jugar…
En ese instante, algo en mi cabeza hizo clic.
Al fin pude reaccionar y darme cuenta de mis errores,
preparé aquella sorpresa en el prado e iba a contárselo aquel día. Ella merecía
saberlo. Pero fui cobarde, cobarde y egoísta, sabiendo que si se lo decía, la
perdería sin duda alguna… La madre de mi hija, la luz de mis ojos, se
destrozaría y ella sufriría.
Desde ese día, aunque la culpa seguía ahí, comencé a ser
completamente feliz, además de estar eufórico por la idea de tener otro hijo
junto a ella. Ahora, dudaba que eso sucediera alguna vez…
Permanecí petrificado durante minutos mirando la puerta
por donde se había ido una de mis razones para existir. Con lágrimas en mis
ojos y la esperanza de verla volver, aún siendo consciente de que eso no iba a
pasar.
Había arruinado todo. Había sido un estúpido al pensar
que nunca se enteraría. Debí habérselo contado. No esperaba que cambiara el
final, sabía que se iría de igual forma, pero creía que era mejor que lo
escuchara de mi boca antes que ver esas espantosas fotos.
Seguía auto recriminándome en cuanto el bendito timbre
sonó, una, otra y otra vez. Tuve que obligar a mis terminaciones moverse hasta
la puerta a regañadientes.
Abrí sin siquiera molestarme en preguntar quién era,
arrepintiéndome en ese mismo instante.
¿Qué quería ella aquí?
— ¿Puedo pasar? —preguntó con una dulce y falsa voz. Y
sin siquiera esperar mi respuesta, ingresó. Yo la miraba atónito y furioso
desde el umbral—. Es una hermosa casa…
— ¿Qué es lo que quieres Tanya?
—Vaya, ¡parece que alguien no tuvo un buen día aquí!
Tranquilo, vine a que pasemos un buen rato. Como en los no tan viejos tiempos… —Lo
último lo dijo en lo que debía ser, una forma seductora, acercándose demasiado
a mí, que más que seducirme me causó asco, repulsión. ¡Cómo pude estar con
ella! Claro, con mi sistema sobrepasado en alcohol…
—Sé que tu “amada” esposa no se encuentra aquí, aunque
sería todo un espectáculo que me apareciera con ella aquí, ¿no es verdad? —No
quería pensar cuales hubiesen sido las consecuencias de eso—. Si quieres, solo
podemos hablar, conocernos más… no solo físicamente, ya me conoces bastante
bien de esa forma— agregó guiñándome un ojo.
—Si no tienes nada más importante que decir… un momento
—Recordé las fotos, estaba seguro de que fue ella—. ¿Qué tuviste que ver con
las fotos?
—No sé de qué fotos estás hablándome, Eddie.
—Tanya, no te hagas la desentendida. Sabes bien a qué me
refiero. Y no me llames Eddie.
— ¿Qué? Solo pasaba casualmente por aquí, vi a tu esposa
irse y decidí hacerte compañía; nada más, no tengo ni la más mínima idea de que
me estás hablando. — ¿En verdad pensaba que su falsedad no se notaba?
¿Podría acaso ser
más falsa? Olvidándome de mis modales, la arrastré del brazo hacia la cocina,
para hacerle ver de qué estaba hablando.
—Éstas… —Le pasé bruscamente el sobre. Ella lo abrió con una, ¿sonrisa? — ¿Querrías
acaso explicarme el porqué de tu estúpida sonrisa?
— ¿A dónde quedaron tus modales, Edward? ¿Acaso no ves lo
perfectas que son las fotos? Hacemos una
excelente pareja…
—Dejémonos de juegos, ¿fuiste tú quien las envió?
—Eres muy inteligente. Tu mujercita tuvo el placer de
verlas, ¿no es así?
Lo sabía, lo sabía. No podría haber sido otra persona.
Estaba furioso, con la rubia y
conmigo mismo.
— ¡Vamos Eddie! Te hice un favor… Nos hice un favor,
ahora podemos estar juntos. Edward, yo te amo…
— ¿Has perdido la cabeza? — ¿Alguna vez la tuvo? Me pregunté a mí mismo.
—Nunca estuve más segura de algo en mi vida.
—Tanya, no estás siendo coherente, por favor, vete. Te lo
dije hace un tiempo, no quiero saber más nada de ti.
—Tendremos que vernos en el hospital.
— ¿Y qué?
—Tendremos que vernos… bastante seguido. Te atraigo, si
no fuese así, nunca te me hubieras acercado y engañado a tu mujer. Así que será
difícil, para ambos.
— ¡Dios! No dices más que cosas sin sentido. Te acompaño
a la salida.
— ¡Edward! Ella ya
no está. Somos libres, podemos crear nuestra historia.
Esta mujer estaba dándome miedo. Me dirigí hacia la
salida, no escuchando absolutamente nada de lo que ella decía, ya que eran
cosas sin sentido. Tomándola nuevamente del brazo, le abrí la puerta,
“invitándola” a retirarse antes de que cometiera un asesinato.
—Sé que sientes algo por mí. Solo que no quieres
admitirlo, estás demasiado… no sé, obsesionado con ella… Vamos Eddi… Edward
—dijo acercándose demasiado a mí.
Esto era increíble. Esta mujer estaba totalmente
desquiciada, pensé que la última vez que la vi le había dejado las cosas
claras. Amaba a Bella, y sé que lo que hice estuvo más que mal, pero no podía
volver el tiempo atrás. Lo hecho, hecho está, y ahora estaba pagando la consecuencia
de mis imprudentes actos. Pero, ¿de qué estaba hablando? ¿Amor? ¡Por el amor de
Dios! Por lo poco que recordaba no fueron más que revolcones. Sexo, solo eso.
—Te pido que te retires antes de que me olvide de ser un
caballero. —No podía tolerar a esta mujer ni un microsegundo más.
—Mmm, varias veces dejaste de ser caballeroso conmigo, ¿o
no lo recuerdas? —Mi cara debió hacerle cambiar de opinión porque comenzó a
retirarse, y como era de esperarse de una persona de su clase, no se fue sin
antes tirar un poco más de veneno—. Por cierto, ahora veo porque estuviste
conmigo, ¿qué hacía alguien como tú, con algo como… eso?
Rojo. Todo lo veía rojo. Cerré la puerta con tal fuerza
que puedo jurar que las paredes temblaron. Y allí me quedé. Mirando a la nada.
Con la falsa esperanza de ver a mi Bella
traspasar el umbral con una enorme sonrisa, abrazándome, amándome como antes.
Era oficial, me odiaba a mí mismo.
¿Cuántas veces había leído y oído sobre “corazones
rotos”? Bastante, sí. Pero una cosa era leerlo y tratar de imaginártelo y otra
muy, pero muy distinta era sentirlo en carne propia. El dolor era
indescriptible. Esa horrible sensación de perder a quien amas es algo que no le
desearía a nadie.
Abatido, me dirigí hacia nuestro cuarto sin saber qué hacer.
Observé las puertas abiertas de nuestro armario, encontrando las cosas
revueltas. Otro golpe para mí corazón que poco a poco iba destruyéndose
completamente, cayendo cada vez más en la cuenta de lo que había pasado.
Caminé con la intención de tirarme en la cama, cuando un
crujido bajo mis pies llamó mi atención.
¿Vidrios? … Y entonces la vi, nuestra foto de bodas que
normalmente descansaba sobre mi mesa de noche, estaba hecha pedazos tirada
junto a su habitual lugar.
Caminé hacia allí, la tomé y me dejé caer en el piso
abrazándola, poco me importaba si me clavaba más que un pedazo de vidrio. Dejé
que las lágrimas contenidas se derramaran libremente y allí, acurrucado en una
esquina del que fue nuestro cuarto, no me contuve más y lloré, lloré y lloré.
Grité de impotencia, dolor y coraje con todas mis fuerzas.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Me cuestionaba una y otra
vez. Jamás tuve que haberme fijado en ella. Jamás tuve que seguir saliendo los
fines de semana. Nunca debí haberle mentido así a Bella.
Traté de reemplazar la última imagen desolada que tenía
de ella, por aquella que vi por primera vez en el celular de mi pequeña hermana
y me dejó sin habla. Con una hermosa y gran sonrisa, su castaño cabello bastante más debajo de los
hombros con suaves bucles brillando a la luz del sol, que provocaba que se
tornará algo rojizo. Y sus ojos…
aquellos ojos enormes, inocentes, llenos de amor, comprensión y
amabilidad que decían todo lo que su boca no se atrevía a decir.
Nuestra perfecta primera cita, la primera vez, nuestra
boda, su embarazo, el nacimiento de Vanessa y cada segundo vivido con ella, era
lo único en lo que quería pensar en este momento.
.
.
.
No recuerdo en qué momento de la noche me quedé dormido.
Si algo era seguro, es que lo había hecho llorando. Me levanté con los ojos y
la garganta seca.
Mi cuello estaba adolorido por la mala postura al dormir
en el piso y no me quería imaginar lo que iba a dolerme la espalda.
Me levanté como pude y me dirigí hacia el baño. No me
reconocí al mirarme al espejo. En una noche había envejecido, me veía
consumido, pálido. En mi cara había dolor. ¿Cómo iba a ser de otra manera si la persona que más
amaba me había dejado y estaba sufriendo por mi culpa?
En mis manos había algunos vidrios incrustados, los
cuales saqué para limpiar la herida.
Luego de mi habitual rutina y una ducha que esperaba que
fuera relajante, pero de nada sirvió, regresé a la habitación. Permanecí lo que
pudieron ser horas, sentado en la cama, mirando por la ventana que daba a
nuestro patio trasero a la nada. Mi cerebro parecía no funcionar. De vez en
cuando, una que otra lágrima resbalaba por mi mejilla. “Los hombres no lloran” solía decir el viejo Anthony, mi abuelo… A la
mierda con eso, si era lo que pensaba entonces nunca sufrió por amor.
Puedes pasar el
resto de tu vida lamentándote o pararte y luchar por ella. ¡Al fin mi
subconsciente decía algo coherente! Es lo que planeaba hacer. No me iba a
rendir tan fácilmente. Quería recuperarla,
lo haría. No me importaba el precio, lo pagaría feliz. No me importaba
lo que tuviera que hacer, si tendría que arrastrarme de rodillas, estaría
dispuesto. Nada me detendría. Iba a luchar por ella, por nuestra familia.
Por más que quisiera solucionar las cosas rápidamente, la
conocía y sabía que debía darle tiempo. Y para ser sinceros, si me aparecía en
este momento en la casa de Jacob, terminaría en un hospital. No pondría
oposición alguna a recibir esos golpes. Yo mismo quería matarme.
Aunque, podría encontrarla “casualmente” en otro lugar…
Ella iba a ir a buscar a nuestra hija a la casa de mis padres. Puede que no sea
la mejor idea, pero era lo que tenía hasta ahora. Terminé de cambiarme, rogando
que aún no hubiera ido. Miré el reloj sobre la mesa de noche y marcaba 8:15 am.
Probablemente alcanzaría; quería aunque sea tratar de explicarle, ¿qué? No lo
sabía. Sin embargo, quería recordarle cuanto la amaba y decirle lo arrepentido
que estaba. Ansiaba verla, aunque decidiera pegarme o tirarme con lo primero
que tuviera a mano.
Y… nuevamente me encontraba llorando.
.
.
.
.
Me estacioné frente a la casa de mis padres, donde pasé
la infancia y adolescencia más feliz. Me encontraba con los nervios a flor de
piel. Era inevitable que mis padres se enterasen de lo ocurrido, así que
debía estar preparado a cualquier cosa.
Ingresé con la copia de la llave que tenía, luego de
pasar algunos segundos intentando calmarme frente a la puerta.
Parecía no haber nadie, caminé por el amplio vestíbulo hasta
encontrarme con el living decorado con las paredes en blanco y los muebles en
negro, elegancia pura, producto de mi
madre.
Las escuché antes de que entren en mi campo de visión, la
voz de mi Bella apenas se oía, la de mi madre sonaba preocupada y la de mi
hermosa hija, ajena a lo que pasaba, era feliz y enérgica. Una oleada de culpa
me invadió, no había pensado en lo que tendría que pasar ella debido a mis
actos. ¡Por Dios! Venir fue una mala idea. ¿Qué le diríamos cuando ella se
tuviera que ir con Bella, sin mí? “No
dejas de ser estúpido e impulsivo, Cullen”. Lo último que quería era que mi
hija fuera infeliz y estaba a punto de romper mi promesa…
En mi momento de auto desprecio, no me había percatado de
los tres pares de ojos que me miraban.
— ¡Papi! —Corrió hacia a mí, con los brazos abiertos y me
vi obligado a forzar una sonrisa.
Mi madre me miró con desaprobación, ¿ya lo sabía? Bella
bajó la cabeza y se negó a mirarme.
—Hola pequeña… —Le correspondí el abrazo sinceramente.
Con todo el amor que podía darle y besé su cabeza—. ¿Cómo has estado?
— ¡Bien! Mamá dijo que no podías venir porque tenías que
trabajar, y que pasaríamos el día con el tío Jake. — ¿Qué iba a decirle ahora?
Bella levantó la mirada hacia mí con súplica. Tendría que mentirle a mi hija.
La dulce Esme, miraba nuestra interacción en silencio con curiosidad, aún no lo
sabía. Pero era demasiado intuitiva, era
cuestión de tiempo para que se diera cuenta.
—Yo… Sí, tengo una reunión importante. Lo siento bebé.
—Su cara decayó. Bella volvió a bajar sus ojos y creí ver una lágrima rodar por
su mejilla—. También quería pasar mi día
contigo… en verdad, lo lamento— Se desprendió de mi abrazo y tomó su mochila, dirigiéndose a su madre.
Tenía bastante carácter para ser una nena de 4 años…
— ¿Mamá?
— ¿Si? —Estaba a punto de llorar, la conocía.
— ¿Nos vamos? —inquirió molesta.
—Claro, despídete de tu abuela y de tu padre… ¿Podrías
esperarme en el vestíbulo unos segundos?
—Sip, adiós abuela. —Abrazó a Esme y luego de dudar unos
segundos, también a mí—. Adiós papi.
—Adiós, te amo…
Salió hacia el vestíbulo dejando en la sala a tres
personas incómodas. Bella se aclaró la garganta y se levantó de su lugar.
—Creo que es hora de que me vaya. Gracias por cuidarla
Esme.
—No tienes nada que agradecer. Sabes que puedes contar
conmigo, ¿sí? —Ella asintió imperceptiblemente.
—Te acompaño a la puerta, querida. —Pasó por mi lado,
seguida por mi madre, sin dignarse a mirarme o saludarme. ¿Qué querías imbécil? ¿Qué te besará como si nada hubiese pasado?
Esme volvió unos minutos después, realmente enfadada.
— ¿Qué fue lo que pasó? —Agaché mi cabeza totalmente
avergonzado— Edward, no hagas que te lo vuelva a repetir, ¿qué fue lo que sucedió?
¿Qué hiciste? No es posible que todo estuviera bien y de repente...
—La engañe mamá, la traicioné con otra mujer. —Si dijo algo,
no la oí, solo sentí su mano estrellarse con fuerza contra mi cara, no me
importó, me lo merecía. Me merecía esa y miles más.
— ¿Cómo pudiste? ¿Por qué Edward, por qué?
—No lo sé, yo simplemente… ¡no tengo idea por qué hice
semejante estupidez!
— ¡Edward, por Dios! ¿Cómo que no tienes idea?
—Es… complicado de explicar…
— ¿No pensaste en Bella? ¿En tu hija? ¡Demonios Edward! —Era
la primera vez que la oía maldecir. Jamás la había visto así de enfadada… —
¿Quién es ella? —La miré a los ojos, esas dos perlas azules que siempre
reflejaban amor y compasión, se habían convertido en un color oscuro por el
enojo. Pero ese enojo, pasó a decepción y luego a pena.
—Tanya… —La confusión pasó por su rostro— Denali.
— ¿La hija de Aro, tu jefe? Edward, dime que tu ascenso no
tuvo nada que ver con esto, por favor.
— ¿Pero qué…? No, por supuesto que no.
— ¿Cómo fue que pasó? No quiero un “No lo sé” como
respuesta. Si mal no recuerdo, te enseñé más frases que esas… y más valores.
—Yo… está bien. Todo empezó el día de mi ascenso. Como ya
sabes, planeaba volver a casa y preparar una sorpresa para Bella. Pero Eleazar
me convenció para ir a tomar solo un trago, nos pusimos a hablar y fue más de
uno. Una de las últimas cosas que recuerdo, es que él había recibido una
llamada y se fue. También iba a retirarme pero llegó ella y me ofreció un tragó
más, intenté negarme, pero tomé la peor decisión que pude haber tomado, lo
acepté… Me desperté junto a ella pensando que era Bella pero cuando la vi, me
sentí morir, ni siquiera sabía dónde me encontraba, estaba totalmente
desorientado producto del alcohol. Pensé que iba a quedar como algo de una
noche, pero…
—Dime que no la seguiste viendo. —Apenas pudo decir, a causa
de su leve llanto. Verla así, provocó que varias lágrimas rodaran por mis
mejillas. Nunca había llorado tanto.
—Me gustaría poder decirlo. Debido a la culpa, comencé a
portarme como un cerdo con Bells, e inconscientemente me encontraba en el pub
todos los sábados y la historia se repetía. Volvía a despertarme junto a
ella. Hasta que pude abrir mis ojos y
hablé con Tanya. Le dejé las cosas claras y el resto lo conoces, intenté
arreglarlo todo y funcionó. Pero eso no hizo que mi culpa disminuyera. Todo lo
contrario, la aumentó. Lo siento mamá…
— No es a mí a quien tienes que pedirle el perdón, hijo.
—Lo sé. Pero ella no va a escucharme… y está bien, entiendo que debo darle tiempo.
Pero temo que jamás quiera volver a oírme. No quiero perderla. —Las que solo
eran lágrimas, fueron acompañadas por un sollozo involuntario que se convirtió
en un incesante llanto. Mi madre me abrazó, y me llevó hasta el sillón doble,
donde ambos nos sentamos sin romper el abrazo— ¿Y si ya no puedo hacer más
nada? Me dijo que esperara noticias de su abogado. Me va a pedir el divorcio…
—Si aún la amas, debes luchar por ella. No te digo que sea
fácil, una cosa así es complicada de perdonar. Tienes que volver a construir
nuevamente esa confianza que tú mismo destruiste. A ti te costará el doble con
lo cabezota que es Bella. Pero no debes bajar los brazos. Y sobre todo,
prometer que jamás volverás a hacer algo por el estilo. —Esta era una de las
cosas que más amaba de Esme, siempre compasiva, dándote ánimos para seguir.
—No voy a volver a fallarle. Tanya solo fue un error en mi
vida, un gran error... Quiero hacer las cosas bien esta vez. —Me erguí, y la
miré a los ojos, para que supiera que
estaba hablándole en serio.
—Sé que lo harás. —Afirmó de vuelta...
— ¿Por qué tienes tanta fe en mí? Yo le fallé a muchas
personas, incluso a mí mismo. —pregunté.
—Porque eres mi hijo, y sé la clase de educación que te di.
Todos cometemos errores. No importa si son pequeños o grandes, siguen siendo
eso. Y también soy consciente de lo
mucho que ella significa para ti. —Contestó— Lo lograrás porque Ellas significan mucho para ti. No tengo
dudas de que darás todo de ti para recuperarlas y hacerlas felices nuevamente.
Debes luchar.
—Pensábamos agrandar la familia ¿sabías? Y lo arruiné todo.
—Sí, ella me comentó algo… Edward, pegándote a ti mismo no
lograrás nada…
— ¿Te molesta si me quedo aquí por un tiempo? —Me miró
interrogante— No quiero estar en casa y no ver sus cosas, no verla a ella.
Simplemente no puedo.
—Sabes que siempre eres bienvenido hijo.
—Gracias mamá. Y sí tengo que pedirte disculpas, te
decepcioné tanto a ti como a papá, aunque no lo digan, lo sé. Les falté el
respeto de cierta forma. Ustedes me dieron una excelente educación y les fallé.
Genial, la había hecho llorar nuevamente.
—Lo que hiciste no fue correcto, pero tienes la intención de
arreglarlo y… sí, me duele bastante, no voy a negártelo, en cuanto a tu padre…
no sé cuál va a ser su reacción, sabes
que Bella es como una hija para nosotros y sería mejor que seas tú quien se lo
informe y no se entere por boca de alguien más, pero ya no hay nada por hacer.
Lo hecho, hecho está Edward. Solo, no la
presiones, dale su espacio, el tiempo que necesite. Es lo menos que puedes
hacer por ella.
—Gracias nuevamente.
—No tienes nada que agradecer.
—Creo que debería a hablar con Carlisle… ¿Dónde está?
—Salió a su caminata diaria unos minutos después de que
Bella llegara. No debe tardar. ¿Quieres algo de comer o tomar? Te ves pálido…
—Ayer no fui capaz de comer nada y para ser sincero, no
tengo hambre.
—Nada de eso, señor. Tienes que alimentarte.
Suspiré resignado, cuando mamá Esme decía algo, era mejor no
contradecirla. Podría ser la persona más amorosa del mundo, pero nadie deseaba
verla enojada. Jamás iba a olvidarme de las reprimendas que nos daba a mí y a
mi primo Emmett, cuando éramos chicos y alguna que otra vez hacíamos de la casa
un caos rompiendo cosas por jugar a “las luchas”.
Siempre el perdedor
era yo, ya que él, con menos de diez años, era enorme, más bien rechoncho. No
había cambiado mucho desde entonces, sigue siendo enorme solo que supo
aprovechar su contextura ejercitándose duramente y esos kilos de más se
transformaron en músculos. Hace tiempo que no hablaba con él.
Y cuando lo supiera… Otra paliza que me aseguraba, ya iba
una, la de mi madre y mi padre no lo haría dado a que repelía la violencia. En
esta familia las noticias corrían como agua, dudaba que no lo hiciese, además
de ser mi primo, era el esposo de una de las mejores amigas de Bella y la
adoraba, era la hermana menor que nunca tuvo. Pero aún faltaban hasta ahora,
tres seguras: Jacob, Emmett y sin duda alguna, Charlie.
“Si lástimas a mi hija, si alguna vez la veo
derramar o me enteró que lo hace, una mísera lágrima por ti, date por muerto
chico. Nadie se mete con mi bebé.”
Tragué sonoramente recordado sus palabras el día en que me
presenté en su casa en las afueras de la ciudad, como novio de su hija y cuando
pedí la mano de ésta. Ahora caía en la cuenta de otra promesa rota y otra
persona que había decepcionado.
“Nunca le haré daño señor Swan,
la amo con mi vida. Prometo que la haré feliz cada día y le seré fiel, jamás le
faltaré el respeto a ella ni a usted”
Esas fueron las palabras exactas que quedaron marcadas como
un tatuaje en mi mente y que jamás iba a olvidar tanto esa, como su respuesta:
“Sé que lo harás muchacho, confío
en ti. Sé que su felicidad está junto a ti… Pero te lo repito Cullen, una sola
lágrima y despídete de tus pelotas.”
—Toma… come algo —Mamá había regresado con una bandeja,
bastante llena, de comida para que desayunara. No sabía cómo hacer para negarme
a ingerir algo, sin herir sus sentimientos nuevamente, rechazando lo que había
hecho. —Vamos hijo, solo ingiere algo de azúcar. No quiero que te pase nada.
Se sentó junto a mí, observándome con un gesto triste. Tomé como pude la taza de
café y todavía tenía ese nudo en la garganta que me hacía difícil la tarea de
respirar. Angustia, algo que no
recordaba haber sentido antes. Desmigué un cup cake y comí solo unos pedazos.
No podía.
—Perdón, no puedo. —Fui capaz de decir con la voz quebrada,
antes de volver a llorar con los brazos apoyados en mis rodillas y mi rostro
escondido entre mis manos. Ella me envolvió en sus maternales y amorosos brazos,
solo se dedicó a acariciar dulcemente mi cabello y susurrarme algunas palabras
de aliento, que aunque ella no se enterara, no servían para calmarme.
Oímos los pasos de alguien acercarse a la sala y luego
carraspear llamando nuestra atención, levanté mi cabeza secando rápidamente los
restos de las lágrimas derramadas. Era mi padre. No sabía cómo iba a mirarlo a
los ojos sin sentir vergüenza y ponerlo al tanto de los hechos.
—Hijo, ¿estás bien? ¿Pasó algo malo? —Al ver que nadie
contestaba, siguió preguntando desesperadamente—. ¿Dónde está Bella? ¿Y la
niña? ¿No les ocurrió nada, verdad? ¡Demonios, hablen de una vez!
—Tranquilo papá, ellas están bien… acaban de irse.
—Pero…
Aquí vamos. Vaya Edward, ¡estás rompiendo todo un récord!
Decepcionaste a más personas en dos días que en tus veintiocho años.
—Pero, hay algo que debo contarte. Algo de lo que estoy
completamente arrepentido y avergonzado. —Me miró con confusión y sospecha.
Respiré profundamente, antes de comenzar nuevamente con el maldito relato,
cuando un fuerte portazo se oyó seguido de unos gritos.
— ¡Alice!
— ¡Cállate Jasper,
déjame!
—Vamos All, no es
asunto tuyo. Deja de gritar. Estás actuando sin pensar por el enojo…
— ¿NO ES ASUNTO MÍO?
Estamos hablando de mi mejor amiga idiota ¡Suéltame Jasper! Voy a matarlo, no
me importa nada. ¡Es un maldito! ¡Bájame!
Y de repente los gritos no se escuchaban en el vestíbulo,
sino aquí. Una Alice furiosa se venía contra mí, apuntándome con el dedo,
gritando, con Jasper preocupado y desesperado por detenerla.
—Alice… —Volvió a
advertirle su esposo. Pero ella lo ignoró.
— ¡Tú imbécil! ¿Cómo demonios pudiste haber hecho algo así a
Bella? ¿Acaso has perdido la cabeza? Eres un jodido idiota, si no fuera por
nuestros padres estarías muerto y yo arrastrando tu cadáver hacia el jodido
patio trasero de tu casa. No sería la única autora del crimen, no sabes lo que
nos ha costado mantener a Jacob y Paul en su departamento para que no
arrancaran tu maldita cabeza. Ni hablar de Charlie… Todavía no lo sabe, pero es
cuestión de tiempo.
Era increíble la capacidad de sus pulmones, todo su pequeño
discurso lo había hecho sin parar para tomar un poco de aire. Escuché cada una
de sus palabras mirando hacia el suelo, dejando que me hirieran, repito, lo
tenía más que merecido. Carlisle miraba la escena sin entender mucho, no era
idiota, sabía que todo aquello que All soltó se relacionaba con lo que iba a
decirle.
— ¿Alguien puede explicarme qué está pasando? ¿Qué estupidez
has hecho hijo?
La enana no me dio tiempo siquiera de comenzar a responder.
Tomó una rápida bocanada de aire y volvió a iniciar un monólogo.
—Engañó a Bella, con una ¡zorra! Con la hija de Aro, por lo
que tengo entendido, varias veces. Y el muy cobarde jamás tuvo la decencia de
decírselo. La pobre tuvo que enterarse viendo una fotos excesivamente
repugnantes que le mando vaya a saber quién, del que se hace llamar mi hermano
con la tipa esa.
Dos pares de ojos asesinos se posaron en mí. Claro, había
omitido ese pequeño detalle a mi madre y mi padre era ajeno a todo.
— ¿Edward?
—Es verdad papá, todo es verdad…
—A mi despacho, ahora mismo.
Lo seguí todavía sin mover mis ojos del piso, cuando pasé
por al lado de Alice alcancé a escuchar en un susurro “date por muerto, idiota”
Ingresamos a su “guarida”, como él solía decirle, aún en
silencio, bastante incómodo debería agregar.
—Cierra la puerta y toma asiento.
Mi padre, jamás me hablaba así, nunca lo había visto tan
enfadado como estaba. Tomé asiento enfrente de él. Se sentó con los codos
apoyados sobre su antiguo y elegante escritorio, lleno de papeles y algunas
fotos de la familia, con la cabeza descansando en sus puños. No tenía idea de
que hacer, estaba esperando que él dijera algo, que empezara a gritar. Iba a
empezar a hablar, pero me calló con un
movimiento de su mano. Estaba intentando procesar lo sucedido hace unos minutos
y calmar su enfado.
—Tenía la sospecha de que algo no andaba bien contigo, estabas
raro… ¿Quién es ella?
—Tanya… Denali.
— ¿La hija de Aro? —Asentí imperceptiblemente— Edward,
quiero que me cuentes todo. ¿Cómo demonios terminaste con ella? Quiero toda la
verdad. Obviamente, ahorrándote los detalles escabrosos.
Respiré profundamente un par de veces y comencé mi relato.
Carlisle me miraba impasible, sin dejar que ni una expresión se le escapara. Yo
seguía avergonzado, angustiado y la culpa me carcomía. Terminé de contarle en
apenas un susurro, estaba al borde del llanto nuevamente.
—Hijo, dime que no sientes nada por esa mujer.
— ¿Qué? No, solo, solo fue un estúpido y gran error. Le dejé
muy claro que no quería verla… Ayer, cuando Bella se fue, ella vino a verme.
—Olvidaste contarme ese pequeño detalle. —Resopló— ¿Qué
quería?
—Me dijo que me amaba y que le había mandado las fotos a
Bella para que podamos estar juntos. Esa mujer está desquiciada. Cuando se me
acercó, sentí… repulsión.
—Tarde para darte cuenta.
—Lo sé y siento, realmente. Decepcioné a todo el jodido
mundo, lastimé a Bella. Y como si fuera poco, mi hija se va a ver implicada en
este asunto y no va a pasarla nada bien.
— ¿Sabes? No sé qué decirte, hace un rato sentía unas ganas
enormes de golpearte. No iba a hacerlo, me conoces, pero Edward, eres un
completo idiota. ¿Por qué continuaste mintiéndole? ¿Por qué la seguiste viendo?
—Es lo que me pregunto cada día. No logro encontrar la
respuesta… —Tuve la necesidad de tomar una bocanada de aire—. No puedo llegar a una respuesta coherente.
Papá, no quiero perderla… pero dudo que quiera perdonarme. Debías verla, estaba
tan destrozada, y tan decidida a no dar marcha atrás con su decisión.
—Me lo imaginó, la vi cuando llegó por Nessie… Si quieres
intentar recuperarla y luchar por ella, adelante, tienes mi apoyo
incondicional. Sé que la amas… pero si ella te da una patada y no vuelve a
confiar en ti, no te ofendas si la aplaudo. Esa chica confiaba en ti
ciegamente, si le decías que la tierra
era cuadrada, iba a creerte sin siquiera dudarlo.
—Perdón.
—No soy yo quien debe disculparte.
—Sí, también tengo que pedirte disculpas a ti. Aunque no lo
digas, sé que estás decepcionado. Esos no fueron los valores que me
inculcaste*, me educaste para ser un caballero y terminé siendo una escoria…
—No empieces a auto castigarte, Edward. ¿Qué lograrás
haciendo eso?
—Sentirme mal, como realmente me merezco. Me lo gané. —Mi
padre negó como gesto de exasperación, me conocía, y podíamos pasar horas
discutiendo el tema, no había nada que pudiera decir.
— ¿Te quedarás a almorzar?
—No, me iré. Probablemente Alice se quede y no quiero tener
problemas con ella.
—Está bien, como quieras. —Me levanté, él me imitó y se
acercó a mí. Iba a darle la mano como saludo, pero cuando la tomó, me jaló y me
abrazó. No me lo esperaba, pero no me resistí. Me permití, nuevamente, dejar
caer alguna que otra lágrima. Mis padres eran así. A pesar de todo siempre
estarían para ti, dándote su apoyo incondicional.
Me despedí de mi madre con un abrazo, besando su frente.
Volvió a dedicarme palabras de aliento y advertirme que si no ingería nada, iba
a hacerme comer a la fuerza.
Les dediqué un asentimiento a Alice y Jasper, la enana por
supuesto, me ignoró. Él me brindó una mirada de compasión, que logró
reconfortarme brevemente. Con Jass siempre era así, lograba hacerte sentir bien
con una simple mirada. Llevaba una paz interior realmente contagiosa.
Salí de la casa y me dirigí a mi Volvo. Comencé el camino de
regreso a casa con sumo cuidado, debido a que la carretera estaba ligeramente
mojada, había llovido y no me había percatado. El cielo no tenía buena pinta,
parecía que una importante tormenta se desataría de un momento a otro. Él
tránsito estaba terrible… genial, el día no hacía más que mejorar. ¡Qué se note
el sarcasmo!
La residencia estaba ubicada en las afueras de la ciudad y la
zona no era muy frecuentada, solo los vecinos. Las casas del vecindario se
encontraban rodeadas por un verdoso bosque y para llegar a estas, debía pasarse
un extenso sendero serpenteante.
No solía ser de esas personas que creen en la mala suerte.
Hasta que empezaron los problemas. Quedé varado en la autopista por hora y
media debido a un accidente. Un maldito idiota inconsciente que casi hace que
me maté haciendo una mala maniobra. Y si creía que era imposible que la cosa
empeorara, mi amado auto se quedó sin combustible a mitad del sendero. No había
nadie, mi teléfono celular no tenía señal, nadie podía ayudarme. No me quedaría
otra opción que caminar, llegar a casa y llamar al servicio de grúas desde
allí.
Resignado, bajé y comencé el trecho que me quedaba.
Mi mujer, aquella castaña que tanto amaba, se había ido.
Junto con mi hija. Y en estos momentos, debía odiarme.
Mis padres, aunque compasivos y comprensivos, decepcionados
de mí. Y con toda razón.
Mi hermana menor, planeaba asesinarme junto con Jacob y
Paul.
Charlie, era una bala asegurada en las pelotas. Otra persona
a quien le había fallado.
Había caminado apenas unos metros cuando rompió a llover.
Genial.
Si no estuviera tan decidido a luchar por el amor de mi
vida, desearía que un oso saliera de
entre los árboles atacándome. Matándome. Más de una persona lo disfrutaría,
de eso estaba seguro…
Llegué a mi hogar totalmente mojado. Así como estaba, sin
molestarme en secarme y cambiarme de ropa, me senté en el sofá, tomando el
teléfono fijo y llamando para que vayan en socorro de mi auto. Contestaron
después de varios intentos dándome la buena noticia —nótese el sarcasmo— de que
no podrían hacer nada hasta el otro día. Me dejé caer de espaldas sobre el
mullido sillón y me entregué a los brazos de Morfeo. Deseando volver el tiempo
atrás. Deseando no haber cometido aquel error…
*(Inculcaste)
Inculcar: Infundir con firmeza el ánimo de alguien, una idea o sentimiento. Por
ejemplo: “le inculcaron el gusto por la música”
*Morfeo: Dios de los
sueños en la mitología Griega.
No hay comentarios:
Publicar un comentario