sábado, 28 de septiembre de 2013

Capítulo 5: "El cambio está comenzando" ~Returning To Trust


Nessie Pov


Papi no vino junto mami a buscarme. Ella vino sola y me explicó que él tenía una re-reunión de tra-ba-jo y que pasaríamos el día con el abue Charlie. Se veía triste, aunque dijo que estaba bien, creo que es porque extraña a papá, como yo.
No me gusta verla así.
Fui a buscar el dibujo que hice para ella a mi habitación que tenía en casa de mis abuelos Carl, su nombre es difícil no me sale decirlo todo y mi abuela Esme. Ambos son tan adorables conmigo, me quieren mucho y yo a ellos. Los ojos de la abuela Esme son azules y bonitos.
Cuando le mostré mi dibujo a mamá, sonrió solo un poco, pude ver que sus ojos se llenaban de agüita y dijo que era muy hermoso. Como mami y la abuela estaban hablando, me puse a hacerle un dibujo a papi. Estaba haciéndolo cuando él llegó. Se veía raro, como mamá, triste. Me levanté, fui corriendo y lo abracé. A mí me gustaban los abrazos cuando estaba así.
Creí que había venido para que juguemos juntos como siempre, pero no. Me contó lo mismo que mami, tenía que irse. Me puse muy triste y me enojé.
Tomé mis cosas y le dije a mami que quería irme, me pidió que la esperara en el vestíbulo y obedecí. Me despedí de la abuela y luego le di otro abrazo a papá. No podía estar enojada. Lo amaba y él a mí. Siempre me lo decía.
Luego de un rato mamá y yo nos fuimos en su auto. Creí que iríamos a casita o a la del abuelo, pero no; fuimos a la casa de mi tío Jake. Su casa era muy alta, bonita y desde las ventanas se podía ver el parque. Cuando bajamos del auto, tía Allie y tío Jazz venían hacia nosotras. Mami rodó sus ojitos de color como el chocolate. Creo que era porque no le gustaba que me digan "mons-truo del lago Ness" a mí no me molestaba, me parecía gracioso.
Cuando llegamos, saludé a tío Jake y a su amigo Paul con un gran abrazo de oso, como tío Emm me había enseñado.
Todos estaban serios, se sentaron en la sala y Paul me pidió que dejara mis cosas en su cuarto; lo seguí y luego me puse a terminar el dibujo para mi papi.
Escuché algunos gritos y me asusté. Quería saber qué había pasado así que salí.
Allie y Jazz ya no estaban en cuanto llegué; tío Jake y Paul parecían preocupados y mi mami estaba llorando. No me gustaba verla así. Cuando le pregunte qué le pasaba me contestó que estaba bien, que nada le pasaba. Sequé las gotitas que había en sus mejillas y le dije que la amaba. Ella me abrazó y besó mi cabecita…
Pasé una muy linda tarde con el abuelo, jugamos y nos divertimos mucho. Cuando me besaba la mejilla me hacía cosquillas con su bigote, no se lo quería quitar pues decía que todos los policías tenían uno.
Cuando la luna ya estaba saliendo y el sol se iba a dormir, nos fuimos pero otra vez regresamos a lo de Jake cuando creí que íbamos a casa. Pasamos la noche allí. No pregunté por qué… sospecho que es una pijamada.
A la mañana siguiente, Allie y Rose me vinieron a buscar para ir de compras, me gustaba hacerlo. Las tías me mimaban mucho, me hacían probar miles de prendas haciéndome sentir como una princesa.
Pasamos todo el día allí, compraron algunos vestidos para mí y otros para ellas…
Estoy confundida, esta noche tampoco dormiremos en casa, sino en la del abuelo Charlie. Hoy no vi a papá, lo extraño y también a mi casita. Mami dice que pronto lo voy a ver y voy a estar en casa con él, pero que ella no se va a quedar con nosotros cuando vayamos allí. Creo que está enojada con papá. Cuando las tías me trajeron a la casa de Charlie, él la abrazaba a mamá y ella tenía sus ojos tristes, otra vez, y no quieren decirme que es lo que pasa. Yo creo que es una de esas cosas de grandes de las que no entiendo… Ahora me dicen que vamos a vivir aquí un tiempo hasta que encontremos otra casa, pero solo vamos a vivir mami y yo. Sin papá. Aunque mamá me asegura que va a visitarme todos los días y que yo también puedo visitarlo.
Quiero que las cosas vuelvan a ser como antes…


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Pov. Bella.


—Supongo que trabajando. —Charlie me miró confuso. Tomé una gran bocanada de aire y empecé a contarle con voz temblorosa—. Nos vamos a divorciar. Él, él… él estuvo con otra. Me engañó, papá…

La cara de Charlie pasó por todas las gamas de rojo posibles, cerró sus ojos y su mandíbula se tensionó. Sus manos se crisparon en puños sobre la mesa e inhaló profundamente.

—¿QUÉ. ACABAS. DE. DECIR? —preguntó entre dientes, pellizcándose el puente de la nariz—. Dime por favor que oí mal.

—Me gustaría decirte que lo que acabas de oír es una broma pero, no lo es… —Mi voz se fue convirtiendo en apenas un susurro, mantuve mis ojos apretados conteniendo las lágrimas; me había prometido a mí misma no volver a llorar y eso es lo que haría.

—¿Qué demonios, Isabella? ¿Cómo…? —Estaba tan nervioso que comenzó a decir cosas sin sentido. Se levantó bruscamente haciendo caer la silla en donde se encontraba, logrando sobresaltarme. Comenzó a caminar de un lado a otro en la pequeña cocina sin dejar de maldecir. Nunca lo había visto tan furioso—. ¡Dios, Bella! Se lo advertí, soy un hombre de palabra, voy a romperle la cara.

Comenzó a caminar hacia la sala. Lo seguí y permanecí de pie junto a la entrada.

—¿Papá? ¿Dónde vas? ¿Qué es lo que vas a hacer? —Charlie seguía aturdido por la rabia, continuó caminando de aquí para allá sin sentido alguno buscando no sé qué—. Papá, por favor escúchame, cálmate.

—¿Cómo demonios quieres que me calme? ¡Ese idiota! ¿Cómo se atrevió a faltarte el respeto de esa manera?

—Te lo ruego Charlie, mantén la calma. No te hará bien ponerte así.

—Claro que voy a calmarme, luego de matarlo.

La simple mención de que alguien le hiciera daño me dolía a pesar de todo. Lo seguía amando aunque él no se lo mereciera ni me correspondiera.

Era el padre de mis hijos, el único hombre al que había amado en mi vida.
Charlie continuó hablando, pero no logré escuchar. Todo pasó en cámara lenta, mis oídos comenzaron a zumbar y mi corazón latía frenéticamente. De pronto, mi visión comenzó a tornarse nublosa. Inmediatamente busqué un lugar de donde agarrarme sin resultado alguno y sentí mis piernas flaquear. Cerré los ojos esperando el impacto contra el piso. Lo último que sentí fue la voz de mi padre llamándome desesperadamente y sus brazos evitando mi caída.
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Poco a poco fui regresando a la realidad. Los sonidos se fueron aclarando pero no lograba volver del todo. Distinguí la preocupada voz de Charlie en el teléfono.

—No despierta Carlisle, hace casi una hora que esta inconsciente y… está bien, le daré tiempo.
Pude abrir mis ojos y parpadeé un par de veces hasta que mi visión se acostumbró a la luz. Mis sienes latían y aún sentía un leve zumbido en mis oídos. Logré vislumbrar el lugar donde me encontraba. Estaba recostada sobre uno de los sofás de la sala y mis piernas descansaban sobre el regazo de mi padre que tenía una mirada llena de alivio.
—¿Bella? ¿Te encuentras bien?

—E-Eso c-creo.

—Carlisle, acaba de despertarse. Okey aquí te esperamos. —Cortó la llamada y se dirigió a mí—. Me tenías preocupado, creo que te debo una disculpa. Si no me hubiese alterado tanto…

—Está bien papá. No tienes que disculparte, entiendo tu reacción. Ese desmayo fue provocado por varias cosas. No dormí bien estos días, el estrés… ya sabes. —Indiqué moviendo mi mano restándole interés.

—Mi pequeña. —Me abrazó torpemente y acarició mi cabello. Las demostraciones de cariño por su parte eran escasas, de ahí lo había heredado yo. Esto se sentía extraño, pero reconfortante. Le devolví el gesto apretándolo con fuerzas y rompiendo mi promesa, deje caer algunas lágrimas—. Carlisle vendrá a verte —murmuró en mi cabello.

—No creo que haga falta, estoy bien. Solo fue un desmayo.

—Igualmente vendrá, estuviste más de una hora inconsciente. Debes controlar tu presión.

—Okey… ¿Papá?

—¿Sí?

—Hay algo que debo decirte… —Probablemente en cuanto se lo dijera se pondría nuevamente como loco. Pero no quedaba otra opción, si Carlisle insistía en controlarme también debería saber mis sospechas por si acaso.
—Te escucho. —Me enderecé y tomé una gran bocanada de aire. Lo miré a los ojos y lo dije.

—Creoqueestoyembarazada —vociferé rápidamente.

—¿Qué? Isabella, no te he entendido ni una palabra.

—Creo que estoy embarazada. —Su rostro palideció, sus manos volvieron a hacerse puños. Creo que decírselo había sido mala idea, iba a matarlo de un infarto—. ¿Charlie?

—Dame. Un. Minuto. —Ese minuto se hizo bastante extenso. Demasiado, diría yo—. ¿Estás segura de que es así? ¿Has hecho una prueba o algo?
—Casi ciento por ciento. Soy demasiado cobarde para hacerlo. —Agaché mi cabeza avergonzada.

—Mi niña, no tienes de qué avergonzarte…

—Fui estúpida. Muy estúpida. Si tan solo hubiese abierto antes ese sobre —bufé.

—¿De qué sobre estás hablando? —¡Mierda!— Isabella… —advirtió.

Me vi obligada a contarle todo. Se supone que cuando uno saca eso que tenía guardado dentro, cuando lo comparte con alguien más, se siente aliviado. No fue mi caso. Dos veces había contado lo ocurrido a alguien más, millones para mí misma.

Fui testigo de cómo las facciones de mi padre se iban distorsionando. Cómo las aletas de su nariz se dilataban. Su furia se hizo palpable y minutos después de que terminara de narrar, mi padre se veía más que dispuesto a asesinar a Edward. Carlisle llegó en el momento en que ya ninguna de mis excusas por las que no debía hacerle daño servía.

En cuanto ingresó, me dirigió una mirada de compasión. Él lo sabía. Un ligero rubor cubrió mis mejillas.

—Buenas tardes, Bella. —Sonrió amablemente. No pude evitar no devolverle el gesto—. Bien, voy a ponerme en mi papel de médico.

Charlie se aclaró la garganta y habló.

—Carlisle... creo que deberías saberlo, Bella cree que está embarazada. —Se vio sorprendido por un momento y luego una pequeña sonrisa se formó en su rostro, hasta que pareció pensarlo y en sus ojos verdes se vio reflejada su pena.

—Eso es… ¿Bueno? Supongo.

—¿Lo sabes verdad? —Inquirí y él asintió.
—Lo siento, Bella…

—No eres tú al que debería perdonar… —Volvió a afirmar con su cabeza y comenzó con su cuestionario.

—Charlie, te molestaría dejarnos un momento a solas —mi padre se retiró—, Bella, yo realmente siento lo que pasó.

—Por favor, no te culpes por algo de lo que no tenías conocimiento. Ni tú ni Esme.

—¿Cómo lo estás llevando con la niña? —Suspiré.

—Es… complicado. Ya sabes, es muy perceptiva y de vez en cuando pregunta. Odio tener que mentirle…

—Me lo imagino. Quiero golpear a mi hijo, en verdad. Bella… él realmente está arrepentido, lo conozco. No te voy a pedir que lo perdones pero sí que seas comprensiva…ya sabes, con respecto a la ni… perdón, a los niños… sé que no eres esa clase de persona…
—No le voy a prohibir nada. Él es un excelente padre, eso tengo que admitirlo y se merecen crecer con un padre…

—Okey, no quiero incomodarte, eres una magnífica mujer, Bella. —Mis ojos se volvieron a llenar de agua. Él sintió mi incomodidad y se puso en papel de médico rápidamente—. Comencemos… —Tomó de su bolso un anotador—. ¿Recuerdas cuándo fue tu último período?

—Hace unas seis semanas —respondí luego de hacer mis cuentas.
—¿Has sentido náuseas, mareos, cansancio?

Contesté cada una de sus preguntas. Me informó que por mis respuestas, era más un hecho que una sospecha. De todas formas, me proporcionó la derivación para mi ginecóloga-obstetra de confianza y me dio la orden para hacerme unas analíticas de sangre. Al ver mi cara de horror se ofreció a ser el mismo el que tomara las muestras tranquilizándome un poco. Tomó mi presión arterial y eso fue todo.

Antes de irse, me dio un abrazo confortante, que fue bien recibido y me dijo lo mismo que Esme, que podía contar con ellos para lo que sea. Charlie lo acompañó hasta la puerta.
Al volver se sentó a mi lado.

—Entonces… —Comenzó.

—Es muy probable, papá. De todas formas Carlisle quiere que me haga un análisis de sangre. Sobre el desmayo, cree que es muy probable que sea el estrés…




—Bells, me conoces mejor que nadie y sabes que no soy muy bueno en estos casos, ni dando palabras de aliento… solo puedo ofrecerte un hombro donde llorar si quieres hacerlo, un par de oídos para escucharte, un abrazo reconfortante y debes saber que tienes mi apoyo incondicional siempre para lo que sea. Te amo hija, realmente estoy orgulloso de ti, escuché lo que le dijiste a Carlisle sobre Nessie y el bebé. Eres admirable y no lo digo por ser tu padre. Ese idiota se lo perderá si no supo cuidarte. —Un sollozo involuntario salió de mi garganta. No podía creer que el hombre a mi lado era mi padre. No podía pedir otro. Él que desde que tengo uso de razón estuvo en cada etapa de mi vida, que me cuidó cuando Renée volvió a casarse y mudarse al otro lado del mundo en la etapa más difícil para una persona, la adolescencia.




—También te amo, papá. Demasiado. —Me arrojé a sus brazos y lloriqueé unos segundos.




—Vamos, pequeña. Fuera esas lágrimas. ¿Te apetece algo de comer? —Acarició suavemente mi cabeza.




—Sinceramente no tengo hambre —murmuré contra su pecho.




—Isabella, solo ingiere un poco de comida. Por lo que sabemos ya no eres solo tú… —Luego agregó más para sí mismo—. Abuelo nuevamente, ¿quién iba a pensar que esa idea se me haría tan agradable? —Solté unas risitas en respuesta a su retórica pregunta—. Estás riendo, eso es bueno.




—Gracias papá, por todo. Eres el mejor —dije mirándolo a los ojos. Charlie se ruborizó.




—Bien, voy a pedir pizza. —Levanté una ceja en su dirección—. ¿Qué? No creías que iba a cocinar, ¿o sí? —Rodé los ojos, el Charlie que todo el mundo conocía estaba de vuelta y sonreí amorosamente…




A los pocos minutos mi hija regresó con unas cuantas bolsas, que dejó esparcidas en la sala y corrió a saludar a su abuelo. Rose se había quedado en el auto y Alice se fue rápidamente, diciéndome que me llamaría más tarde para hablar.




Escuchar las risas de mi hija y Charlie venir desde la cocina, me hizo sonreír. Levantándome, tomé las bolsas que habían quedado tiradas y emprendí mi camino escaleras arriba. Hurgué sus contenidos negando con la cabeza. Habían comprado tres vestidos y tres combinaciones de faldas-jeans-remeras. No podía negar que eran hermosas. Las volví a meter en su lugar y las dejé en un rincón de la habitación.




Comimos prácticamente en silencio, intercambiando algún que otro comentario. Charlie nos sorprendió con helado como postre. Comí más de lo que pudiera caber en mi cuerpo pero sin arrepentimiento. El chocolate era mi perdición y si era helado, aún más.




Edward llamó a la casa, si mi padre no le cortó fue porque él pidió hablar con su hija. Ella no hacía más que reír. Ella dijo que lo extrañaba, que quería jugar con él e ir al parque. Eso me destrozó completamente. ¿Qué si ella quería que salgamos los tres? Debería tragarme el dolor y poner una falsa sonrisa en mi cara y disfrutar por ella. Luego de varios minutos lo despidió con un "te amo, papi".




Cambié la ropa de mi hija por sus pijamas y la acosté en la cama de dos plazas. Estaba revestida con el adorable edredón que mi padre me había regalado en mi décimo séptimo cumpleaños y almohadones a juego. Era de mi color favorito, un azul francia intenso con millones de puntos blancos esparcidos. Luego de arroparla bien, le conté una historia. No tardó mucho en dormirse, estaba exhausta después de tremendo día de shopping con dos compradoras compulsivas, sí, aunque ellas lo negaran yo sabía que lo eran. Besé su frente y volví abajo.




Charlie se encontraba en su lugar habitual, mirando algún que otro partido de fútbol en la televisión despatarrado en el sofá. Al verme llegar, se enderezó y palmeó el sitio vacío a su lado para que me sentase junto a él.




Miramos, o mejor dicho, él miro un partido repetido de su equipo favorito "Los Mariners" y yo me dedique a disfrutar esta nueva conexión padre-hija que habíamos logrado forjar este día.




—Bells…




—¿Sí? —pregunté adormilada.




—¿Quieres hablar del tema?




—No aún.




—Está bien. Cuando quieras hacerlo, aquí estoy.




—Lo sé. Gracias…




Y caí en un profundo y reparador sueño.




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Hace tres días que no veía a Edward desde nuestro incómodo encuentro en casa de sus padres. El volver a verlo, dependía únicamente del resultado de las analíticas que llevaba en mis temblorosas manos.




Me senté en el primer asiento que vi. Cuando estuve a punto de abrirlo, una horrible sensación de déjà vume invadió al ver el sobre en mis manos. Nuevamente, el que mi vida cambie, dependía de un papel...




Lo abrí y leí rápidamente. Ya sabía dónde tenía que mirar...




POSITIVO.




No esperaba más. Lo sabía, lágrimas de total felicidad rodaron por mis mejillas. El confirmarlo me puso eufórica y me hizo sentir más fuerte. Me dio muchas más ganas de salir adelante. Una nueva vida crecía en mi interior, de mí dependía aquel diminuto ser y haría lo que fuera por protegerlo y hacerlo feliz. Tanto a él como a mi pequeña... Por un momento me olvidé de todo. Me olvidé de los problemas, de Edward, del engaño, solo pensaba en mi nuevo bebé. Sin darme cuenta, me vi con mi mano acariciando mi aún plano vientre.




Una señora mayor me sacó de mi trance.




—Niña, ¿estás bien?




—Sí, perfectamente, solo es felicidad. —La anciana sonrió amablemente.




—Pues, muchas felicidades entonces.




—Gracias. —Le brindé una amistosa y agradecida sonrisa y ella se fue. Lo único que no le agradecía era haberme devuelto a la realidad, haciendo que mi mente nuevamente divagara por los lugares menos deseados.




Uno de mis principales problemas era que no tenía idea de donde iba a sacar el valor para comunicárselo a él. Luego estaba el tema del divorcio.




Nota mental, llamar a Zafrina cuanto antes.




Tenía un café pendiente con Alice y para mi pesar, esta era mi última semana de vacaciones. Oh sí, lo olvidaba, debía continuar con la búsqueda de mi nuevo hogar.




El sonido de mi celular me sacó de mis pensamientos. Era Charlie, al parecer me había pasado más de lo que creía en mi irreal mundo. Solo quería saber si estaba bien y el resultado. Estuvo más que contento al saber que efectivamente era positivo.




—Hija, realmente estoy muy feliz…




—Pero… —Escuché un suspiro del otro lado de la línea.




—Pero, ¿qué vas a hacer con el idiota?




—En lo que menos pensé fue en él. Pero creo que lo mejor sería hacerlo ahora mismo.




—Bien Bells, tienes mi apoyo, pequeña. Cuídate.




—Adiós, papá.




—Adiós.




Estaba decidida. Me levanté del asiento y comencé a caminar hacia su oficina.




Al llegar me sentí desfallecer, ella salía de su oficina, iba vestida elegantemente con una pollera tubo y camisa blanca junto con zapatos de diseñador. Ella sabía quién era yo. Me sonrió malévolamente y se fue caminando con gracia soltando una risita al pasar por mi lado. La ignoré, no lo valía. Sentí un nudo formándose en mi garganta. La puerta de la oficina se abrió y Edward salió de ella, parecía furioso. Su ceño estaba tan fruncido que sus cejas casi se tocaban entre sí. No se había percatado de mi presencia hasta que sintió mi mirada sobre él. Su gento se suavizó solo un poco para luego reflejar preocupación, no se acercó. Ambos nos quedamos petrificados mirándonos. Observé su aspecto, estaba vestido como siempre, camisa celeste, pantalones de vestir y su bata de médico. Llevaba el estetoscopio alrededor de su cuello, su pelo estaba revuelto, mucho más que habitualmente. Las ojeras que tenía hace tres días no eran nada comparado con las actuales, no se había afeitado y se veía pálido. Una leve mancha morada se esparcía alrededor de su ojo derecho. Me pregunté qué le había pasado y sentí culpa. Hasta que recordé a la zorra saliendo de su oficina, claro está.




Me di la vuelta, dándole la espalda y comencé a caminar hacia la salida.




—¡Bella! ¡Bella, espera! —Continué ignorándolo—. Bella, por favor escúchame.




Apresuré mi paso pero él fue más rápido y me tomó del brazo. Detuve mi camino y me giré bruscamente haciendo que me soltara.




—No lo puedo creer. Me pides perdón un millón de veces, me propones intentar arreglar lo irreparable y… sigues con ella, en tu trabajo. ¿Cuál es tu jodido problema, Cullen? —Indignación era lo que sentía en este momento. Indignación, furia, dolor y debía admitirlo, celos. La maldita era realmente perfecta—. No vayas a malinterpretar mis palabras… —continué cuando él abrió su boca para replicar, pero él me interrumpió.




—Bella, no estoy con ella. ¡Si tan solo escucharas! Ella estaba aquí porque es el remplazo de la Sra. Copé.




—¿Qué? Oh, ya entiendo, no pudiste evitar caer en el típico cliché jefe-secretaria. —Sus facciones se distorsionaron de dolor. Se fuerte, Swan. No dejes que te importe—. En fin Edward, no he venido aquí a arrojarme a tus brazos perdonándote ni mucho menos. Tenemos que hablar.




Suspiró resignado y con un gesto de su mano me pidió que fuese a su oficina.




—Si no te molesta, prefiero ir a otro lado.




—Como desees.




Fuimos hacia la cafetería que se encontraba en el hospital y nos sentamos enfrentados en una pequeña mesa junto a la ventana. Permanecimos unos minutos en un muy incómodo silencio evitando el contacto visual. Ninguno se animaba a hablar. Edward se aclaró la garganta.




—¿Quieres algo?




—No, estoy bien. Gracias… Edward, quiero hacer esto rápido.




—Está bien, sé que fui un imbécil, pero…




—No, no quiero hablar de eso ni escuchar tus disculpas. —Asintió. Agradecí internamente que respetara eso—. Primero, aún no he hablado con Zafrina para que inicie los trámites del divorcio… Debes saber que no voy a imponerte días de visitas con Nessie, por el bien de ella. Solo voy a pedirte que me avises cada vez.




—Entonces, ¿no vas a cambiar de opinión respecto a eso? —preguntó tristemente.




—No, ya he tomado una decisión. Edward, sé sincero, ¿qué pretendes? ¿Qué haga borrón y cuenta nueva? Porque eso es algo que no podría hacer. Te lo dije. Has quebrantado mi confianza…




—Puedo volver a construirla. —Sí, claro.




—Lo dudo. Edward, debiste pensarlo antes… por favor, no nos desviemos del tema principal…




—Alguna vez tendremos que hablarlo.




—Lo sé, pero no hoy. Dejemos de un lado el divorcio. Hay algo que debes saber. Algo bueno que increíblemente complica las cosas… —Me miró confundido.




—Me preocupas, ¿todo está bien?




—Edward… —Rebusqué los resultados que había puesto en mi bolso y se los tendí.




—¿Qué es esto?




—Estoy embarazada.




Leyó los papeles, la sorpresa que había aparecido en su rostro anteriormente fue sustituida por una sonrisa radiante. Me miró con ojos llorosos, los míos los imitaron. Levantó su mano con la intención de acariciar mi mejilla. Me aparté y negué con la cabeza.




—Esto no va a cambiar nada…




—Pero…




—No.




—Necesita una familia.




—Y la tendrá. ¿Qué clase de persona piensas que soy? No voy a apartarte de su vida ni de la de Vanessa. Ellos no tienen porqué pagar las consecuencias de tus actos.




—Me odio, Bella. Realmente me aborrezco a mí mismo por haber sido tan estúpido. Lo perdí todo.




—No lograrás volver el tiempo atrás y cambiar tu forma de actuar con tirarte mugre a ti mismo. Ya no hay nada que hacer. Odio verte así, siento pena por ti aunque no lo merezcas, porque aún eres importante. Y si te hace sentir mejor, te digo que te perdono. Pero no cuentes con que volvamos a estar juntos… y también soy culpable de esto.




—Tú no tienes la culpa. Fui egoísta y no supe comprenderte.




—Dejemos esto atrás, por el bien de los dos y nuestros hijos.




—Para hacer eso deberíamos hablar, sacarlo todo.




—Por favor. Solo pasaron unos días… te prometo que hablaremos.




—¿Cómo está Nessie?




—Aunque no lo demuestre sé que está triste. Te extraña demasiado. No sé qué decirle…




—También la extraño. ¿Crees que sería posible verla hoy?




—Está bien… no creo que sea lo mejor que vayas a la casa de Charlie. Pon un punto de encuentro y yo la llevaré. Por cierto… ¿Puedo preguntar que le paso a tu ojo?




—Un golpe bien merecido.




—¿Quién…? —No me dejó continuar.




—No importa. ¿Cuándo lo supiste? —preguntó cambiando de tema. Una involuntaria sonrisa apareció en mi rostro.




—Esta mañana. Ya que has sacado el tema nuevamente… quiero que estés presente en todo, por más difícil que sea para mí. No puedo hacerlo sola.




—Por supuesto, Bella. No quiero perderme un minuto.




—Gracias… —Mi teléfono comenzó a sonar. Era un mensaje de Alice.




"En 20 minutos paso voy a buscarte.




Me debes una muy larga charla.




No te preocupes por Nessie, mamá está con ella.




Te quiere, Allie XOXO"




Tecleé una rápida respuesta y miré a Edward quien a su vez me miraba con curiosidad.




—Debo irme. Era Alice. Nessie está con Esme… —Me levanté y me quedé allí parada sin saber cómo actuar—. Adiós, Edward.




—Nos vemos… —Comencé a caminar…— ¿Bella? —Me giré hacia su voz—. No voy a rendirme tan fácilmente. —¿Había escuchado bien?




—Perdón ¿qué?




—Que me avisarás cuando tengas turno con Angela. —Idiota, pensé. Sonrió y cuando se iba a dar la vuelta, repliqué.




—Buena suerte con lo anterior. —Dos pueden jugar este juego Cullen. Quedó mirándome con la boca abierta. Sorprendido por mi forma de actuar. Y así lo deje. Petrificado a medio camino…




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..




Outtake




Charlie Pov.




Aquel día en que mi hija vino de visita sorpresa junto con mi nieta sin mi yerno, supe que algo andaba mal. Esos dos eran inseparables. Si uno se movía el otro también. Por eso me sorprendió tanto que Bella me hubiese pedido hospedaje por un tiempo y el periódico para buscar departamentos. No hice preguntas al respecto, ella me lo diría cuando estuviera lista.




La única teoría que tenía era que habían tenido una pelea grande. El motivo ¿quién sabe? Cosas de parejas, llevaban seis años casados, todos los matrimonios tienen crisis grandes. Mi hija era bastante testaruda y cabeza dura, seguramente se le pasaría y regresaría a su casa. Me preocupaba que estuviera buscando un nuevo hogar, podría quedarse conmigo todo el tiempo que quisiese, esta era su casa, siempre lo sería. Nunca escucharía quejas de mi parte. Amaba pasar tiempo con ella aunque no se lo dijese y más aún con mi nieta, me hacía volver en el tiempo, a cuando Bella era pequeña. Si bien mi hija decía que se parecía a su padre yo veía a una mini Bella, sus ojos marrones eran idénticos y su carácter exactamente el mismo…




Nunca, pero jamás, me hubiese imaginado cual era realmente el problema que habían tenido. Edward era un tipo de palabra, o eso creía, el que se había ganado mi respeto. Había demostrado ser un gran esposo y padre. Un tipo con educación, el que amaba ciegamente a mi hija. Todas esas buenas impresiones se disiparon cuando Bella, después de mudar la mayoría de sus pertenencias a su antigua habitación, me contó lo ocurrido.




No podía creer que ese cobarde mentiroso le hubiese hecho algo así a mi pequeña, no lo digo por ser su padre pero, mi hija era un ser excepcional. Siempre pensaba en los demás, en hacerlos felices sin importar el precio que tuviera que pagar, una de las personas más amables del mundo. Era capaz de pisar un insecto y llorar su muerte. Era una madre de aquellas que realmente daría la vida por su hija. Quería destrozarlo, iba a hacerlo. Ese maldito… se lo había advertido, soy un hombre de palabras, si bien no lo mataría iba a hacer honor a mi hija. Aquella a la que el muy imbécil prometió cuidar y serle fiel.




Por supuesto, Bella me lo prohibió. Estaba realmente furioso, hasta que vi la mirada de Bella perderse y sus piernas temblar haciéndola balancearse hacia adelante. Por suerte fui lo bastante rápido para atraparla antes de que se chocara contra el suelo. La tomé en brazos y la lleve hasta el sofá doble. Morí mil veces al ver que después de bastante tiempo no despertaba. Llamé alarmado a Carlisle, me dijo que le diera tiempo. Me pidió disculpas en nombre de su hijo y sacó la conclusión de que ese desmayo fue debido al estrés de los últimos días…




Su nuevo posible embarazo fue otra de las cosas que me tomó realmente con la guardia baja. Me preocupé por ella y a la vez estaba eufórico de volver a ser abuelo. Algo que no me esperaba.




Traté de consentirla y hacerla sentir querida, tragándome mi enfado.




Verla llorar sobre mi pecho me hizo sentir tan impotente. No había nada que pudiera hacer por ella más que escucharla y apoyar cada una de sus decisiones. Se durmió en mis brazos y tuve que llevarla a su habitación. La arropé junto a su hija como si fuera una niña pequeña, para mí lo era. Era mi niñita, nunca dejaría de serlo…




Esta noche alguien recibiría una no muy amable visita de mi parte.




Manejé lo más calmado que pude hasta la ahora antigua casa de Bella. No me preocupé en aparcar perfectamente. Había estado controlándome demasiado. Golpeé la puerta frenéticamente. Y sin dejarle procesar mi presencia atiné mi puño en su cara haciéndolo retroceder unos pasos y sisear por el dolor. Esperaba que una marca se extendiera alrededor de sus ojos. Realmente deseaba tener una cámara en mis manos y capturar el momento para luego verlo junto a Bella y reírnos del muy idiota.




—Eso es por mi hija imbécil. Te lo advertí. —Volví a mi vehículo.




—Charlie…




No lo dejé terminar, me subí rápidamente y arranqué totalmente satisfecho.

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